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Tintín o la inmortalidad de los mitos

Tintín vuelve a estar de moda, estos días es fácil encontrarse con su nombre, en los periódicos, revistas dominicales, paginas web, marquesinas de los autobuses. Habría que retroceder mucho en el tiempo para encontrar semejante repercusión mediática protagonizada por el famoso periodista belga de papel.

Tintín o la inmortalidad de los mitos

La causa de semejante revuelo tiene explicación. Tintín ha encontrado un nuevo cronista que relate sus aventuras y éste no es un cronista cualquiera. Steven Spielberg es quien se ha atrevido a llevar a la pantalla grande, haciendo uso de todas las nuevas tecnologías que nos propociona este incipiente siglo XXI, las peripecias de este héroe del siglo XX, en Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio.

Aún no he visto la película, pero me temo que no voy a ser un público fácil, soy seguidor del personaje desde hace mas de treinta años y los álbumes de sus aventuras siempre han formado parte de mi biblioteca, leídos y releídos, no han dejado de hacerme soñar una y otra vez. Sin embargo, no es la primera vez que Tintín ha sido llevado al cine. Si examino mi colección con más detenimiento, junto con los episodios dibujados por Hergé aparecen dos álbumes curiosamente más nuevos que los demás, no han sido tan leídos y devorados como los otros: son “Tintín y el Toisón de Oro” y “Tintín y las naranjas azules”, con fotos de actores de carne y hueso que hicieron películas dignas, pero que no pudieron captar la magia del cómic, la “bande dessinée”.

Quizá precisamente éste sea el reto de la película de Spielberg. ¿Habrán permitido las nuevas tecnologías, el uso de los ordenadores, el 3D, dar con la fórmula que permita captar esa magia que poseían las viñetas de Hergé?

Adaptar un comic al Séptimo Arte en principio no debería ser complicado, ¿acaso un cómic no es una historia contada a través de imágenes ¿No hay un lenguaje común en ambos medios? Los storyboards de que se sirven los directores para su planificación de secuencias, ¿no vienen a ser a fin de cuentas una especie de cómic?

Todo ello es cierto. Sin embargo, si atendemos a la experiencia sabemos que en la mayoría de los casos las adaptaciones suelen ser desafortunadas, y que defraudan a los fans, tanto más, cuanto más personal sea el trabajo del autor del cómic y más consagrado esté su heroe. Viendo las adaptaciones de Astérix, el visir Iznogud, o por citar un ejemplo nacional, las aventuras de Mortadelo y Filemón, no puedo dejar de ver pastiches, que si bien alcanzan buenos resultados en taquilla por una publicidad que les viene dada, sabemos que no fomarán parte de la historia del cine y que el tiempo se encargará de hacerlas trizas, y que quizá nos sonrojemos al verlas de nuevo con perspectiva.

Excepción a lo antes mencionado son las adaptaciones de los comics norteamericanos de superhéroes, Batman, Spiderman, etcétera, no obstante podemos señalar como motivos que explican su más fácil adaptabilidad, tanto el carácter realista de los personajes, a pesar de sus poderes y artilugios, como el hecho de que se trata de obras menos personales, dibujadas por cientos de autores.

Spielberg se enfrenta a uno de los héroes de historieta mas consagrados y sin duda a una de las obras más personales. El propio Hergé prohibiría la continuación de su obra por ningún otro autor, e incluso su ultima obra “Tintín y El Arte Alfa” se publicó inconclusa, apenas abocetada. Como diría Hergé, “Sin duda otros que no fueran yo podrían dibujar Tintín, quizás lo hicieran mejor, quizá peor, pero una cosa es segura, ya no sería Tintín”

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