Mientras se amansan las olas rompedoras del escándalo Lars von Trier, un acontecimiento acapara la atención en Cannes: el proscrito director iraní Jafar Panahi ha presentado de tapadillo una película... que no es una película.
Siguiendo el ejemplo de otros Festivales, el de Cannes ha querido esta tarde expresar su solidaridad con uno de los nombres más prestigiosos del cine en Irán, Jafar Panahi. Recordemos su situación jurídica. Los Tribunales de Irán le han condenado a seis años de cárcel, junto a la prohibición vigente veinte años de rodar cine y salir del país. El recurso ante esta decisión le evita de momento la cárcel, hasta que la sentencia sea confirmada o modificada. Ello no le impide una cierta actividad cinematográfica de un genero muy particular, que ha llegado a Cannes por vías clandestinas en forma de una obra cuyo titulo es ya toda una declaración: Esto no es una película.
La sala del 60 aniversario estaba repleta esta tarde para la proyección de esta obra, que Thierry Fremaux, Delegado General del Festival, presentaba como un gesto de solidaridad con el director, perseguido simplemente por su intención de hacer una película acerca de las manifestaciones de protesta que siguieron a la última elección presidencial.
Durante una hora y cuarto, con ayuda de una cámara ligera, Jafar Panahi nos cuenta en qué consiste una jornada de un artista que sueña siempre con rodar una película. La suya es una lección de cine que nos indica un tema, un principio de puesta en escena, el esbozo de unos personajes, etc. A todo este material, que conforma un proyecto, se suman llamadas telefónicas, visitas imprevistas, una vecina que desea confiarle su perro, el guardia del inmueble que evoca el día de la detención de Panahi. Lo que conforma una especie de documental que transcurre la víspera de la fiesta del nuevo año en Irán, en la llamada fiesta del fuego. Las últimas imágenes de la película dejan abierta la puerta a una doble interpretación, aquello pueden ser los petardos de la fiesta o los disparos que reprimen una manifestación. Las llamas que vemos ante la casa de Jafar Panahi más bien apuntan a la segunda hipótesis.
