Decine21

SIN ESPECIFICAR

4º Festival de Cine Italiano de Madrid, día 27

Tercera jornada del Festival de Cine Italiano de Madrid. Los dos largometraje presentado hacen pensar en las relaciones humanas y en las dificultades de integración de los inmigrantes.

He de confesar que mientras veía Sette opere di misericordia, film de los hermanos gemelos Gianluca De Serio y Massimiliano De Serio, cuya trama argumental sigue las siete obras de misericordia corporales que son tradicionales en el catolicismo, yo pensé estar practicando una octava, la de verla pacientemente hasta el final, sin mirar demasiado el reloj.

Porque se hace ardua esta propuesta, inspirada formalmente en el cuadro homónimo de Caravaggio, que sigue a una inmigrante rumana desesperada, que retiene a un anciano y a un bebé para salir del pozo sin fondo en el que está hundida. La narración avanza representando, a veces de modo irónico, las distintas obras de misericordia, recurso que a veces funciona –sobre todo a la hora de dar de beber al sediento, o dar posada al peregrion–, pero que en otros momentos resulta demasiado artificioso. La dura historia resulta árida y reiterativa, seguramente podía haberse despachado en veinte minutos de no ser por la necesidad de ajustar al esquema de las siete obras de misericordia. En cualquier caso se agradece que en esta dura narración se deje abierta la puerta a la esperanza y la redención.

Es curioso como el elemento religioso está teniendo importante presencia en las películas del Festival. Es simbólico en el film que acabo de comentar, pero resulta claro que las raíces cristianas dominan en Italia, y por ende, en Europa, se quiera o no admitir. En Isole, uno de los personajes es un sacerdote, don Enzo, y no faltan ceremonias religiosas como una misa o una procesión mariana típica en una isla de pescadores.

Isole habla de la soledad que es necesario romper, cuestión acentuada porque uno de los personajes es Ivan, un inmigrante ilegal ruso, que sufre rechazo por ser extranjero. A través de Ivan, Martina, una joven muda y fronteriza, don Enzo, un cura dependiente, y Wilma, la amargada y dominante hermana de don Enzo, se traza una historia de relaciones humanas sencilla y efectiva. La clave para superar el aislamiento es siempre el amor, pero el problema de lo que plantea Stefano Chiantini es su excesiva levedad, y la composición de unos personajes demasiado poco propicios al cambio. Problema que también podría verse como virtud –ya se sabe, el vaso está medio lleno o medio vacío–, pues aunque apenas haya evolución, algo se enciende en cada uno, la obligada estancia de Ivan en la isla al quedarse sin dinero propicia una convivencia que no deja de afectar a Martina, don Enzo y Wilma.

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