El Festival de Cine Italiano se va acercando a su final, y ahora acaba de ofrecer una curiosa mezcolanza de géneros en L'ultimo terrestre y un agotador film en el que nunca pasa nada, L'estate di Giacomo.
Gian Alfonso Pacinotti compitió por el León de Oro en la última edición de Venecia, pero se volvió de vacío para casa. Es comprensible, porque el film es una imposible mezcla de géneros, donde parece que va a dominar la comedia satírica, hasta que las pretensiones de parábola social y drama a cuento de la ciencia ficción conducen a la pérdida del norte. Tiene gracia la premisa de L'ultimo terrestre, la llegada próxima de los extraterrestres, de la que habla todo el mundo, y de cómo el protagonista, el tímido camarero Luca, parece el único con los pies pegados a la Tierra y capaz de conectar con uno de ellos. Pero meter con calzador temas como la homofobia y la violencia doméstica resulta excesivo, al final la película de Pacinotti resulta tremendamente descompensada.
También acusa desequilibrios L'estate di Giacomo, primer largometraje de Alessandro Comodin. Tiene mérito que 78 minutos de película puedan hacerse eternos, pero el cineasta lo consigue sobradamente. Porque su propuesta no es otra que la de contar las excursiones veraniegas del sordo Giacomo con su amiguita Steffi, y finalmente con otra chica, en lo que no son otra cosa que amores estivales de corto alcance. Seguramente la intención de Comodin es crear un "mood", atrapar esa atmósfera de languidez veraniega tan reconocible. Pero claro, hacer una película a base de caminatas en el bosque, chapoteos en una poza, y bromitas de pareja, agota a cualquiera, se requiere una sensibilidad única para hacer con ese material una película que llegue al espectador. Igual podía haber alargado la marcha por el bosque un cuarto de hora que recortarla diez minutos, o incluir cinco escenas de poza en vez de tres. Da igual, y ése es el problema de Comodin.
