La realidad siempre supera a la ficción. A veces leemos en prensa sucesos que parecen surrealistas, como el caso de David Fearn, un tipo tan
La realidad siempre supera a la ficción. A veces leemos en prensa sucesos que parecen surrealistas, como el caso de David Fearn, un tipo tan apasionado de las películas de 007 que decidió cambiarse el nombre por el del agente con licencia para matar, y ponerse como apellido algunos títulos de sus películas. Ahora se llama James Dr. No From Russia With Love Goldfinger Thunderball You Only Live Twice On Her Majesty's Secret Service Diamonds Are Forever Live And Let Die The Man With The Golden Gun The Spy Who Loved Me Moonraker For Your Eyes Only Octopussy A View To A Kill The Living Daylights Licence To Kill Golden Eye Tomorrow Never Dies The World Is Not Enough Die Another Day Casino Royale.
También recuerdo que en su día leí que Burger King había sacado a la venta un perfume masculino con olor a Whopper. Espero que al menos fuera sin cebolla...
Pero la noticia más insólita se ha producido esta semana. Un tipo ha hecho caso a los avisos que ponen en los cines antes de la película en los que se pide a los espectadores que permanezcan atentos por si alguien intenta grabar imágenes y que avisen a las autoridades pertinentes. Obviamente, entiendo el problema de que pirateen el film pronto, se filtre en internet, y esto afecte a la recaudación, pero así en confianza, ¿alguien está más pendiente de si el tipo de al lado intenta filmar que de la proyección? ¡Ya tendría que ser mala la película! Como cinéfilo, soy el primero en defender, aunque esto pueda parecer polémico para algunos, que debe tomarse en serio el problema de la piratería, pero es que con todo mi cariño hacia las distribuidoras, este tipo de advertencias suenan a cuchufleta. Y además, dudo que los piratas se mezclen con el público normal.
Esta semana, durante el Festival de Toronto, Alex Billington, bloguero que tiene una web que se llama FirstShowing.net, asistió al pase de prensa del film de terror The Sacrament, apadrinado por el 'pesao' de Eli Roth, en la línea sangrienta-aburrida de su Hostel. Ya tenía que ser mala para que el tal Billington prestara menos atención a la pantalla que al tipo de al lado, que al parecer apuntaba directamente a la pantalla con su móvil.
Siempre había tenido curiosidad por saber qué ocurriría si alguien efectivamente decide alertar a las autoridades pertinentes sobre esta cuestión, como nos piden. Pues bien, ya tengo la respuesta: que te toman a pitorreo. Billington fue a hablar con el encargado del cine y éste se desentendió, alegando que no podía hacer nada.
Así las cosas, este moderno Quijote decidió, ¡llamar a la policía! Pero según afirma, a los agentes les dio un ataque de risa. Por otro lado, el acusado alegó que sólo estaba mandando mensajes de texto, y que al parecer en los festivales, o al menos en ése está permitido (muy mal, pero eso es otro asunto).
Lo que está claro es que nadie hace caso de los avisos en cuestión, o que resulta menos habitual que un hombre mordiendo al perro. Por eso Billington ha salido en las noticias.
