Zona friki
“Luke, yo soy tu padre”, “Tócala otra vez, Sam” y otras citas de cine falsas que… ¡no salen en la película!
Muchos recuerdan entusiasmados cuando en El imperio contraataca, el temible Darth Vader pronunciaba aquello de “Luke, yo soy tu padre”. Esas mismas palabras resuenan en sus cabezas como si ayer mismo las hubieran escuchado en la sala de cine.
Sería una de las frases más famosas pronunciadas en la gran pantalla de no ser porque… ¡No se dice exactamente así en la peli! Si repasamos la continuación de La guerra de las galaxias, cuando el joven aspirante a jedi se enfrenta al lord Sith, le grita “tú mataste a mi padre”, y éste responde “No… ¡yo soy tu padre!”.
La imaginación humana más poderosa que la Fuerza es, pues se ve que modifica la memoria a su antojo. Se puede ganar dinero por ejemplo apostando con algún apasionado a que no salió jamás de los labios de Humphrey Bogart ni de los de Ingrid Bergman la sentencia “Tócala otra vez, Sam”. En realidad, en Casablanca el primero le pedía al pianista “la tocaste para ella, tócala para mí. Si ella la resistió, yo también. ¡tócala!", y la segunda suplicaba “Toca, Sam. Toca “El tiempo pasará”.
Así que “Abróchense los cinturones, ésta va a ser un viaje lleno de baches”, que no dijo exactamente así Bette Davis, en Eva al desnudo, sino “ésta va a ser una noche movidita”. A Johnny Weissmuller no le escucharéis nunca aquello de “Yo Tarzán, tú Jane”, ni tampoco existe lo de “Hola, Clarice”, que se recita impostando una voz que dé mucho miedo, supuestamente de El silencio de los corderos. Pero no sale por ninguna parte, en todo caso se oye un “Buenas noches, Clarice”.
A veces el cerebro humano tiende a ordenar lo que ha escuchado como le da la gana. Aunque parezca mentira, Dustin Hoffman no se dirige en El graduado a Anne Bancroft con el celebérrimo “¿Está usted intentando seducirme, señora Robinson?”, sino con “Señora Robinson, está usted intentando seducirme, ¿verdad?”. Y Gordon Gekko no asegura en Wall Street que “la codicia es buena”, sino “señores y señoras, la codicia, a falta de una palabra mejor, es buena”.
Llevo toda mi vida buscando el insigne western donde se diga aquello de “Uno de los dos sobra en esta ciudad, forastero”. Pero jamás lo he encontrado, y eso que me he tragado hasta las producciones hispano-italianas más cutres que se hayan rodado en Almería.
Para colmo de males, a veces el doblaje en español nos ha arrebatado frases míticas que sí estaban en el film, al menos en la versión original. Ocurre con el “imprime la leyenda”, de El hombre que mató a Liberty Balance, que tanto se cita en libros y artículos. En España queda como “cuando los hechos se convierten en leyenda no es bueno imprimirlos”, y se quedan tan descansados. También se nos escamoteó en Lo que el viento se llevó, el “me importa un bledo”, que debe ser demasiado malsonante y grosero, por lo que se cambió por el descafeinado “francamente, querida, eso ya no me importa”.
Las confusiones no sólo se extienden al ámbito cinéfilo, y sino que se lo pregunten al espíritu de Bertolt Brecht, que debe estar harto de ser famoso por el “primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada”, un poema que… ¡no es suyo!
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