Con ocasión de su cincuenta aniversario, he vuelto a ver en Filmin "Dersu Uzala (El cazador)", dirigida por Akira Kurosawa. Sí, ese director japonés que decidió hacer una película en Siberia. Porque, claro, cuando piensas en rodar una película, lo primero que se te ocurre es: "Vamos a Siberia, que allí hace un clima estupendo".
El film sigue al capitán Vladimir Arsenyev, un explorador ruso que se adentra en los bosques siberianos para hacer mapas. Porque, al parecer, en aquella época no existía Google Maps y alguien tenía que hacerlo a mano. Si te perdías, tenías que preguntar a los osos. En su travesía, conoce a Dersu Uzala, cazador nómada que vive en plena armonía con la naturaleza.
Dersu es un personaje entrañable. Imaginaos a vuestro abuelo, pero en lugar de contar batallitas en el sofá, las vive en directo en medio de la taiga siberiana. Este hombre puede encender un fuego bajo la lluvia, encontrar agua en el desierto y probablemente hacer una paella con cuatro ramas y un pez que pescó con las manos. Mientras tanto, Arsenyev y sus soldados apenas saben montar una tienda de campaña sin enredarse con las cuerdas.
Un tío que con dos palos, una cuerda y un silbido te monta una cabaña, te caza una liebre y te da consejos vitales mientras tú, urbanita perdido, estás intentando abrir una lata con una cuchara. Él, mientras tanto, ya ha hecho fuego, sopa y ha leído las señales del viento. Que no sé cómo se hace eso, pero suena útil.
La relación entre Dersu y Arsenyev es el corazón de la película. Es como una "buddy movie" a la antigua usanza: el hombre de ciudad y el hombre de campo. Uno preocupado por los mosquitos y el otro preguntándose por qué su compañero lleva tanta ropa si solo están a -10 grados. A lo largo de la película, Dersu salva al capitán de más apuros que un GPS en manos de un turista perdido.
Además, Dersu Uzala también nos muestra cómo la civilización va arrinconando a personajes como Dersu, que se ven desplazados en un mundo que ya no entiende su forma de vida. Es un recordatorio de que, aunque avancemos, no debemos olvidar las raíces y las personas que nos conectan con la naturaleza.
No paro de pensar en que hace 50 años ya que se estrenó Dersu Uzala. Cincuenta. Medio siglo. Eso es más tiempo del que tarda el WiFi en llegar al baño en casa de mis padres. Y lo peor es que yo la vi por primera vez siendo joven… ahora la veo y me siento como uno de los exploradores del capitán Arseniev, pero sin taiga, sin mapa y sin Dersu que me salve del drama de la espalda.
