Me da pena lo que le ha ocurrido a un pobre hombre, el brasileño Paulo Henrique dos Santos, al que se le ocurrió la desafortunada idea
Me da pena lo que le ha ocurrido a un pobre hombre, el brasileño Paulo Henrique dos Santos, al que se le ocurrió la desafortunada idea de maquillarse como el increíble Hulk para acudir a un evento público, una carrera de atletismo, y llamar un poco la atención. Leí hace unos días en La Razón que se fue a una fábrica de pinturas, en busca de una de color verde, y preguntó al fabricante si se podía usar sobre la piel y si se quitaría fácilmente después. No sé cómo va la cosa económica en Brasil, aquí estamos todos sufriendo la crisis hasta tal punto que cualquiera diría casi lo que fuera con tal de vender una escoba. En cualquier caso no me sorprende la respuesta del fabricante: "Sí, sí, tú tranquilo, chaval. ¡Si esto se va sólo con un poco de agua!".
Así, Dos Santos se fue a su carrera tan contento de hacer el friqui cumpliendo su sueño infantil de convertirse en La Masa. Pero cuando regresó a su casa y se dio una ducha cuál sería su sorpresa al darse cuenta de que no se le iba el verde con agua, ni echándose todo el frasco de gel de baño, ni con el detergente de la lavadora. Recurrió a la ayuda de disolventes que le aplicó su novia... Pero nada de nada.
El brasileño está peor que Bruce Banner, cuya vida se había convertido en una auténtica tragedia, pero que al menos de cuándo en cuándo recuperaba su forma humana. Éste no sólo se ha quedado así 'full time', sino que además debe estar aún más furioso que el personaje, sobre todo porque dice que tiene miedo de perder su trabajo como socorrista si se presenta de esta guisa. Se plantea Dos Santos denunciar al vendedor porque no parece que hayan respetado mucho sus derechos como consumidor.
Me siento identificado con este señor, ya que el primer preestreno que se hizo de Marvel Los Vengadores, antes incluso que el pase de prensa, fue una proyección para fans que tenían que acudir disfrazados. Mis ansias por verla eran por entonces tan enormes que me planteé ponerme un poco de pintura verde en la cara. Al final deseché la idea porque no me daba tiempo de pasar por casa y tendría que haber venido a la redacción del color de las lechugas, aunque lo mismo no se habrían dado ni cuenta porque desde siempre todo el mundo me pone verde.
