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Zona friki

Vacaciones de Bohemia, absenta y checas guapas (que vuelan)

Kafkiana. Ésa es la palabra que define la ciudad a la que he venido a pasar las vacaciones. Me habéis pillado en Praga, donde Kafka

Vacaciones de Bohemia, absenta y checas guapas (que vuelan)

Kafkiana. Ésa es la palabra que define la ciudad a la que he venido a pasar las vacaciones. Me habéis pillado en Praga, donde Kafka escribió “El proceso”, una de las ciudades más bonitas de Europa, pero también una de las más mágicas, residencia de alquimistas y brujos. Yo que me paso la vida admirando a las chicas, llevo unos días que sólo tengo ojos para las checas.

Cierto que mi vecino bloguero también estuvo aquí este año y que mi originalidad es nula. “¿Qué pasa que os hacen precio especial si viajáis todos al mismo sitio?”, estaréis pensando, o “si nos vais a contar los dos lo mismo, jubilaos uno de los dos, mejor el segundo que se ha ido allí”. Antes de que me proceséis, diría en mi defensa que siempre quise venir, y que también es verdad que nos puso un poco a todos los dientes largos, ¿no? La verdad es que estuve mirando otros destinos por aquello del “qué dirán”, pero cuando estaba a punto de comprar billetes de avión para San Marino, pensé:

-¡Pero si yo donde quiero ir realmente es a Praga!

Así que aquí estoy.

Por lo demás corroboro las palabras de admiración hasta este lugar de Hildy, que me ofreció unas cuantas recomendaciones utilísimas de sitios que ver. El castillo y la Catedral de San Vito merecen la pena, así como muchos otros lugares. Me ha sorprendido que abunden las tiendas que ofrecen al público absenta, el Hada Verde, licor que inspiraba a los escritores decadentistas, y bohemios cuya degustación han pintado Edgar Degas, Viktor Oliva y Pablo Picasso, y que fue el verdadero causante de que Van Gogh se cortara una oreja en un momento en el que iba hasta arriba de este licor en particular. O sea, que pega bastante.

Oscar Wilde, que gracias a ella llegaba a ver flores creciendo en las mesas de la taberna, se preguntaba cuál sería la diferencia entre un vaso de absenta y el ocaso. “Después del primer vaso, uno ve las cosas como le gustaría que fuesen. Después del segundo, uno ve las cosas que no existen. Finalmente, ves las cosas como realmente son, y eso es lo más horrible que puede ocurrir”, comentó el autor de “El retrato de Dorian Gray”.

No me extraña que prohibieran su fabricación en sitios como Francia. Yo tenía cierta curiosidad por probarla, por si resulta lejanamente cierto que induce a la inspiración artística. Ya era hora de que la tuviera por una vez... Así que si a partir de ahora éstas entradas de blog tienen un aire decadente e imitan torpemente la poesía de Charles Baudelaire, podéis imaginaros por qué. En lugar de friqui será un blog parnasiano.

Pero no he tenido tiempo de beberla hasta ahora, porque aquí sirven una cerveza estupenda, extremadamente barata (los checos son listos y no han entrado en el euro) y con el agravante de que si no dices lo contrario, te ponen una jarra de medio litro. Y claro, sé que suena a excusa barata, pero a ver quién es el guapo que consigue explicar en checo que quiere una cerveza más pequeña. Yo hasta ahora sólo llego a decir “pivo”, que viene a ser cerveza, mientras levanto el dedo índice. Y digo esto porque una vez he levantado únicamente el dedo meñique a la vez que pronunciaba la palabra “pivo” y me han puesto cinco, o sea, dos litros y medio. ¡Luego hay que bebérselo todo!

En resumen, estoy pasando en Bohemia, unos días de ídem, con buenos vasos de cristal en las manos.

Una noche en el Teatro Negro

Finalmente no me ha hecho falta ‘ajenjo’ para ver checas que vuelan. Como buen ‘guiri’ que si visita Londres acude a un musical del West End, o si va a Madrid se mete en un ‘tablao’ flamenco, aquí cumplo con el equivalente, que viene a ser el Teatro Negro de Praga. Ya vi en España de gira una versión de “Los viajes de Gulliver” pero recuerdo que me lo pasé genial, así que busco por aquí a ver qué hay. Lo bueno es que este tipo de representaciones siempre son mudas, así que el idioma no es un problema.

Encuentro un local de inspirador nombre, “Ta Fantastika”, donde representan “Visiones de Alicia“, que en principio temo que sea una ‘turistada’ pues está en una de las calles más abarrotadas de extranjeros, Karlova, que va del Puente de Carlos casi hasta la Plaza Mayor. Pero lo cierto es que las fotos tienen buena pinta, y se inspira libremente en los textos de Lewis Carroll, así que me meto. La acomodadora me señala la fila pero no la butaca en cuestión, que consigo encontrar gracias a la ayuda de una pelirroja sentada entre el público de las que quita el hipo. La verdad es que por aquí hay muchas. Me aclara que bajo el asiento está indicado el número, y resulta que estoy justo a su lado. Qué suerte la mía. Me mira sonriente, se ve que las checas son guerreras. Estoy a punto de preguntarle por qué son todas las mujeres tan deslumbrantes por aquí, pero justo en ese momento, vaya, se apaga la luz y se queda todo completamente a oscuras, como resulta conveniente para el teatro de sombras.

Aparece en el escenario un tipo que con un pequeño espejo refleja una brizna de luz que proviene de un foco, para redireccionarla al patio de butacas. Apunta a varios espectadores y finalmente, el rayo señala a la chica que tengo al lado, y le pide que suba. Ella se hace la tímida, niega con la cabeza, pero ante la insistencia del hombre, acaba levantándose ante el aplauso general. Una vez arriba, su anfitrión le da a probar una manzana. Cuando ella le hinca el diente, de repente, empieza a levitar. A gran velocidad, vuela de un lado a otro rodeada de proyecciones cinematográficas curiosas, mientras suena una lírica partitura. Después aparecen alrededor unas manos con guantes blancos que tocan instrumentos imaginarios...

Ni que decir tiene que yo me he quedado patidifuso y boquiabierto. La verdad es que si lo piensas, el trucaje no es muy complicado si lo comparas con los modernos FX digitales del cine, pero por la cercanía impresionan bastante. Que la muchacha salga del patio de butacas, como si fuera una espectadora ya desconcierta un poco. Como el fondo está oscuro, no se ve cómo unos tipos vestidos de negro le han puesto unos cables también imperceptibles para que se eleve mientras proyectan detrás imágenes de cine. El efecto es bastante resultón. La representación acaba siendo muy variada, así que merece la pena. Pura magia, como la propia ciudad.

Por cierto, a la próxima pelirroja que me sonría prometo que la agarraré fuerte antes de que salga volando. Los chicos con las checas, tienen que estar. Las checas con los chicos, han de vivir...

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