Cuando los friquis de mi generación éramos adolescentes nos sentíamos identificados con los personajes de los comics. Estaban muy
Cuando los friquis de mi generación éramos adolescentes nos sentíamos identificados con los personajes de los comics. Estaban muy estudiados para que nos gustaran. Recuerdo que el cómic americano más vendido era siempre "La Patrulla X", lo que no me extraña, pues sus protagonistas eran jóvenes especiales, mutantes dotados de poderes, que no encajaban con la gente normal, y hasta tenían un profesor que les echaba la charla cuando se pasaban con sus tonterías. ¡Como los friquis que comprábamos los cómics! Recuerdo que el psicótico Lobezno, el personaje favorito de todos, siempre decía aquello de “soy el mejor en mi trabajo”. Lo que pasa es que su trabajo era vender comics.
Pero ha pasado el tiempo. Cambian muchas cosas, uno tiene hipoteca, responsabilidades, pero en el fondo sigue siendo el mismo friqui, así que de vez en cuándo se pasa por la tienda de comics. Yo tengo la 'excusa' de actualizar este blog, aunque entre otras cosas, me supone un ejercicio de nostalgia, y me retrotrae a la adolescencia. Recientemente, me llevé algunos títulos que parecían interesantes, como las miniseries de "Antes de Watchmen", sobre lo que ya escribí en este blog.
En la colección Marvel que lleva pocos meses “Lobezno y la Patrulla X”, resulta que el héroe de las garras funda su propia escuela para jóvenes mutantes. Ahora el profe es él, por lo que Charles Xavier, ya retirado, le da sabios consejos. “Ten siempre a mano el número de la empresa local de retirada de escombros (recuerdo que en mis viejos comics los malos les destrozaban cada dos por tres la mansión)”, le dice. “Ahora tú eres el director, profesor Logan. Más te vale aceptar que jamás volverás a ser ni remotamente molón para ninguno de tus alumnos. Y aún no has empezado a perder pelo”. No os cuento la que monta alguien tan particular como Lobezno al frente de una escuela, pero adelanto que el guionista, Jason Aaron, ha hecho un buen trabajo (impagable la visita de los inspectores municipales). Como dice uno de los alumnos, como ya no se llama Instituto Xavier, sino Instituto Grey, no deberían ser los Hombres-X, sino los Hombres-G.
También me llevé “Puntos de experiencia”, de Josep Busquet y Pere Mejan, que diría que son muy creativos de no ser porque han copiado todo el volumen (íntegramente) de mi vida (y la de mis amigos). ¿Cómo han conseguido datos tan fidedignos? Verse retratado tan fielmente con tu entorno en un cómic da un poco de miedo, la verdad. Resulta que un tipo, padre de dos niñas, se separa de su mujer, y sus amigos le dan de lado. No tiene más remedio que llamar a sus antiguos compañeros de los juegos de rol, que siguen más o menos igual que como él los recordaba, montando partidas de Dungeons & Dragons todos los viernes por la noche. Como es un juego de interpretación, se convierten momentáneamente en grandes héroes, aunque me dieron muchísima pena, porque en la vida real son unos pobres ‘desgraciaos’.
El caso es que después de leer estos títulos me asalta una terrible duda. ¿A quién demonios van dirigidos los comics hoy en día? Se ve que el medio se ha quedado desfasado, pues los chavales básicamente deben pasar de ellos, y sólo se pirran por los videojuegos. El primero es un cómic Marvel, la editorial más comercial que hay (de los timos Marvel y de las ediciones en España de sus títulos, que son más timo aún, prefiero no hablar), y si bien tiene un tono juvenil, creo sinceramente que se disfruta mucho más si peinas canas y eras seguidor de los ‘muties’ años atrás. El segundo volumen del que os he hablado es más ‘indie’, de la arriesgada editorial Dibbuks, claramente para adultos, pero creo que incluso es ininteligible si no eras un friqui que jugaba al rol veinte años atrás.
Conclusión: ambos van dirigidos a los mismos de siempre, los que comprábamos tebeos durante nuestra infancia y adolescencia, aunque seamos más mayores.
¿Seguirán evolucionando los comics con nosotros? Ya sé que Lobezno con su poder regenerativo no envejece, pero si esto sigue así, le veremos entrar en el asilo de ancianos al mismo tiempo que nosotros. Y después morirá, moriremos nosotros, y morirá el cómic para siempre.
