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Análisis de guión

37) "Pretty Woman", de J.F. Lawton

J.F. Lawton no es un guionista que se haya prodigado mucho, y las dos "Alerta máxima" que hizo para Steven Seagal puede que no sean su mejor tarjeta de presentación, son sin duda los mejores libretos con que ha trabajado ese actor. Pero está claro que ha logrado pasar a la historia del cine por escribir en solitario el guión de una comedia romántica imprescincible, ese cuento de hadas moderno que es "Pretty Woman", con unos inolvidables Julia Roberts y Richard Gere.

El libreto de Pretty Woman logró una nominación al mejor guión en los BAFTA, nadie puede dudar a estas alturas que, con hechuras bastante clásicas J.F. Lawton, supo imprimir la magia propia del cuento a una trama que a priori suena a sórdida, la historia de amor entre una prostituta que hace la calle en Hollywood, y un millonario hombre de negocios que ha perdido el norte vital.

La narración bebe de un paradigma que con frecuencia ha servido a múltiples narraciones, el cuento de Cenicienta. En efecto, tenemos a una protagonista de humilde condición, a la que la vida ha maltratado y que podrían echar en cualquier momento del apartamento que comparte con una “compañera de profesión”, pero que a pesar de los pesares mantiene la sonrisa y el optimismo. Tras un encuentro inesperado con un hombre rico, va a verse subida a su “carroza” durante una semana, llevando una vida de lujo y en que asoma algo parecido al amor. Pero transcurrido ese tiempo todo pinta a que la “carroza” se convertirá de nuevo en “calabaza”, y que todo volverá a ser como antes, aquello habrá sido como un sueño.

Encuentro inesperado

El guión arranca con la presentación de los dos protagonistas en el entorno de Hollywood en Los Ángeles. El millonario hombre de negocios Edward Lewis se mueve en un mundo social de relaciones postizas, que sirven para lograr acuerdos financieros; se encuentra de paso en la ciudad, y se aloja en un hotel de lujo. Vivian Ward es una prostituta que vive en un barrio popular, sin dinero para pagar al casero, y que ejerce un oficio que también le obliga a fingir, para agradar a los que contratan sus servicios. Coinciden de un modo improbable gracias a un coche con marchas manuales que Edward conduce con torpeza, escapando literalmente de un mundo de fingimiento en el que no se siente a gusto; perdido, acaba en Hollywood Boulevard donde Vivian está haciendo la calle con su amiga, y compañera de profesión y piso Kit De Luca.

pretty woman hollwood boulevard

El encuentro fortuito es el detonante de la historia, ambos empiezan a conocerse, ella ofreciéndose a este potencial cliente, él buscando ayuda para encontrar su hotel, pues está perdido, realmente, pero también metafóricamente. Queda claro pues que Edward no es un cliente al uso, simplemente necesita una guía hasta su hotel, y ella, a la que desde el primer momento reconocemos como una chica sencilla y de buen corazón, acaba llevándole a su destino, incluso conduciendo, con un acuerdo económico que va creciendo, hasta que sube a su habitación y pasa la noche con él. El viejo show televisivo en blanco y negro de Lucille Ball ante el que Vivian ríe genuinamente, con la escena en que está aplastando uvas, anticipa cómo para que la relación de la pareja prospere también deberán pisar y pisar prejuicios y hábitos fuertemente arraigados.

Congenian, aunque la relación es estrictamente “profesional”, lo que se simboliza con lo único que no está dispuesta a hacer Vivian, besar al otro en los labios, lo que supondría reconocer que ha comenzado a enamorarse. Hablan, y él explica que su trabajo es localizar empresas en pérdidas, comprarlas y trozearlas, para venderlas luego en partes y ganar dinero. No construye, destruye. Ahora está en una importante negociación con una naviera, y necesita compañía femenina para una cena con el dueño y su hijo. De modo que durante una semana, Vivian será la acompañante de Edward, aunque nadie debe saber que la suya es la profesión más antigua del mundo.

Una semana en la carroza de Edward

Todo el segundo acto consiste en construir y hacer creíble una relación romántica improbable, lo que pasa porque Vivian no sea vista como un pedazo de carne, sino como una persona, una mujer valiosa en sí misma. Un modo de lograrlo consiste en igualar por abajo a la pareja protagonista, y señalar que las profesiones de ambos no son tan diferentes –“ambos jodemos por dinero”, dice Edward a Vivian–, pero tienen la posibilidad de cambiar, siempre que hagan suya la frase de Vivian, “me quedo con el cuento de hadas”. Y en convertir a la moderna cenicienta puta Vivian en la mujer que necesita el príncipe de las finanzas Edward, quien necesita urgentemente recuperar unos principios que tal vez nunca tuvo de verdad. Un baño espumeante de burbujas puede ser una metáfora del necesario cambio interior que necesitan los protagonistas.

La narración se salpica con momentos que permiten conocer a una y otro, y que crezcan. Detrás de la “cualquiera” que es Vivian hay una gran mujer, como sabrá reconocer el manager del hotel Barney, y con él todo el personal, desde el ascensorista hasta las chicas de recepción. Sobre Edward pesa la herencia familiar, dos relaciones rotas, una matrimonial, y una frustración por ganar dinero a base de liquidar las compañías de otros. Su abogado Philip Stuckey alimenta sus peores instintos, y no está nada contento con Vivian, a la que considera una “mala influencia”, pues le está alejando de la prostitución del mundo empresarial.

pretty woman manager

A este respecto es importante la escena de la cena de negocios que tiene Edward con los Morse, James y David, padre e hijo, propietarios de la naviera, y en que Vivian es su acompañante. Porque ella tiene que saber comportarse, no decir ninguna inconveniencia, manejar bien los cubiertos, no llamar demasiado la atención. Lo que se convierte en subtexto del comportamiento que se exige Edward, a quien, a pesar de sus buenos modales, el saber estar en sociedad, no agrada la percepción que tiene en su interior, de que se está aprovechando de la mala situación financiera de los Morse para devorar su negocio, y que advierte que es la misma que tienen sus interlocutores. Por supuesto, todo podría acabar saltando literalmente por los aires, como ocurre con los caracoles que tienen Vivian en su plato –no sabe cómo acometerlos para comerlos–, uno de los cuales salta del plato y es atrapado por un ágil camarero.

pretty woman.tienda

Estamos ante un comedia romántica de esas que se suelen llamar de “amor y lujo”, y en que se operan cambios como por arte de magia. Resulta llamativo el distinto modo en que es recibida Vivian en las tiendas de moda, cuando Edward le da dinero para que tenga un traje de noche para acudir a la cena de los Morse. Como va vestida como una mujer vulgar, es mal recibida, no importa que tenga dinero, las empleadas de una tienda la humillan. Solo otro buen corazón, el de Barney, consigue que una amiga reciba a “la sobrina” de un cliente, para vestirla y salvar el compromiso. El mismo gerente la instruirá para que sepa desenvolverse en la mesa. Más tarde, cuando Vivien necesita un ajuar más completo para distintos encuentros sociales, el propio Edward la acompaña, y a golpe de tarjeta de crédito vence las voluntades que se resisten. Es una forma de ilustrar que la prostitución puede presentar rostros diversos, y que a veces los empleados de las tiendas pueden perder de vista su función de servir al cliente, sea quien sea, para acabar fingiendo en sus tareas, el dinero manda.

Pretty Woman nuevo look

Conocimiento mutuo

Para amar a alguien hay que conocerle, no basta la atracción física, la simpatía, o el descubrimiento superficial de ciertas cualidades. Edward se sincera y habla de sus orígenes, de la mala relación con su padre, de una relaciones de pareja que nunca han funcionado, y de un trabajo y una fortuna heredados, en los que no ha sabido encontrar un sentido, algo que merezca la pena. Por su parte Vivian se abre para explicar cómo ha terminado ejerciendo la prostitución, la penosa experiencia de la primera vez, y cómo se puede acabar en el acostumbramiento a la hora de vender sexo sin amor. Sólo la guía de su amiga Kit le ha ayudado a no seguir la senda de “colegas” como la de aquella cuyo cadáver está dando cuenta la policía en los primeros compases de la trama.

pretty woman carrera caballosUno de los eventos sociales a los que Vivian acude con Edward es el de una carrera de caballos, donde ella se muestra mucho más auténtica y natural que muchas de las mujeres que están ahí. Uno de los símbolos que se utilizan es el de los terrones de tierra levantados por los caballos, y que los asistentes pisan para devolverlos a su posición natural anterior, Vivian sería uno de esos trozos de césped que deben volver a su lugar. Esto se apunta con la mirada suspicaz de Philip, el abogado y socio de Edward, que ve a Vivian como una mala influencia y que piensa que podría ser una espía de los Morse. Edward tendrá que desmentir semejante sospecha, pero el modo de hacerlo, decir que es ella es una chica de la calle a la es imposible que los otros conozcan tiene efectos no deseados: la mirada de Philip se vuelve sucia y despreciativa, como si Vivian fuera alguien de quien puede disponer a su antojo, el dinero todo lo puede, mueva al mundo, es su punto de vista. Desvelar este secreto va a producir un conflicto, porque Vivia va a ser humillada por Philip, y sentirá que aquel a quien estaba empezando a amar ha traicionado su confianza. A punto estará de abandonarle y cancelar el trato, incluso rechazando su dinero, pero la petición de perdón, y la constatación de que ahí hay algo más que una transacción comercial cambia las cosas.

Una prueba de amor la supone el hecho de que Edward se tome un día libre, no atenderá el trabajo. Y llega la emoción de una noche mágica, un viaje a San Francisco en avión privado, y la experiencia de la ópera, donde por supuesto, resuena una trágica historia de amor. Todo se va deslizando hacia el momento en que Vivian besa a Edward en los labios, señal de amor verdadero, el estar juntos empieza a ser algo hondo, lo que conduce al tercer acto del film y al desenlace.

Un cambio radical

Edward no quiere perder a Vivian y está dispuesto a dar lo que supone un gran paso para él, ponerle un piso y sacarla de la calle. Pero lo que a él le parece un gran gesto, resulta insuficiente para ella, a la que se le han abierto horizontes insospechados que la obligan a cambiar radicalmente de vida. Porque si acepta el trato en el fondo, como dice Vivian, será sólo “un cambio de geografía”. La está tratando como una prostituta, de lujo o especial si se quiere, pero no será su amor verdadero, la persona con la que va a pasar el resto de su vida. Vivian ha descubierto que otro tipo de existencia es posible, en la que existen la belleza y las emociones genuinas, y no piensa volver a la calle.

A Edward le pasa lo mismo en lo relativo a su modo de abordar los negocios, el corazón de Vivian a removido el suyo. Y a pesar de el acuerdo con la naviera de los Morse que ha negociado Philip, acaba cambiando los términos, porque ahora quiere construir, hacer barcos.

Vivian y Edward han aprendido valiosas lecciones para rectificar los rumbos de sus vidas y abandonar la vida de prostitución que cada uno llevaba a su modo. Quien no ha entendido nada es Philip, escandalizado de que Edward haya alterado el gran acuerdo que él había logrado con los Morse, destruyendo su hermoso negocio para convertirlo en un simple modo de ganar dólares. Y está tan hecho polvo que cuando acude a la suite del hotel de Edward y se encuentra allí a Vivian quiere acostarse con ella, y cuando la otra se niega, él llega a violentarla, lo que propiciará que el recién llegado a la habitación Edward le propine un fuerte puñetazo y termine definitivamente con él.

Edward y Vivian parece que van a seguir, cada uno por su lado, ella quiere iniciar una nueva vida en San Francisco, él será un empresario nuevo. Pero el valioso collar que llevó prestado Vivian en una noche mágica, y que hay que devolver, cobra un doble significado en boca del gerente Barney, “cuesta desprenderse de algo tan valioso, ¿verdad?”.

De modo que en el clímax operístico, resonancia de la noche mágica que pasaron juntos, tras una lírica velada, se convierte en realidad el cuento de hadas que demandaba su amada. Y con un bardo anunciando que estas cosas pasan en Hollywood, se acaba echando el telón.

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