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Análisis de guión

38) "Solo en casa", de John Hugues

Convertido en película en 1990, el guión de "Solo en casa" merece un análisis exhaustivo, pues se ha convertido en un clásico de Navidad de referencia, y además se ciñe muy bien a la estructura habitual de los 3 actos, donde la aparente sencillez no debería impedirnos ver la habilidad con que su autor, John Hughes, ha sabido atar todos los cabos y hacer que los elementos del arranque, resuenen en los pasajes que llegan más tarde con increíble armonía, como un maravilloso villancico. Donde claro, en la pantalla se tuvo la suerte de contar con Macaulay Culkin, que se convirtió en estrella infantil instantánea.

38) "Solo en casa", de John Hugues

El arranque del libreto de John Hughes para Solo en casa está concebido con el propósito de proporcionar todos los elementos para poner en situación al que va a seguir la historia. Es Navidad. Una urbanización de las afueras de Chicago por la noche tiene todas sus bonitas casas adornadas con luces navideñas. La casa de los McCallister, una familia numerosa y bulliciosa, no es la excepción.

Disponiendo las piezas para comenzar la “partida de ajedrez”

Y en el interior reina mucha actividad, algo cercano al caos, pues los McCallister van a pasar la noche con las familia de Frank y Rob, hermanos del padre. De modo que allí están, además del pequeño de los McCallister, Kevin, sus padres, Pete y Kate, y sus hermanos, Buzz, Linnie, Megan y Jeff, los primos Heather, Sondra, Rod, Fuller, Tracy, Brook y Stephan. Una multitud que al día siguiente temprano viaja a París, donde van a pasar la Nochebuena en casa de tío Frank, que vive en Francia.

Hay carreras en la casa, un repartidor de pizzas a quien alguien debería pagar el pedido, y un policía que aguarda en la escalera, Harry, en teoría para advertir a la familia de que tengan cuidado porque hay ladrones en la zona que quieren aprovechar las ausencias, pero en realidad para enterarse de si van a estar fuera esos días, pues con su socio Marv, tienen planes para desvalijar las casas que queden vacías.

solo en casa buzz pizza

Kevin, en medio del lío, se siente desplazado, con el síndrome del hermano pequeño a quien nadie toma en serio. El chaval se queja de que tío Frank no le deja ver la película que están viendo en vídeo, sería para mayores. Su hermano Buzz le asusta señalando en la calle al viejo Marley, un vecino con aspecto siniestro que está quitando nieve con la pala, y del que circulan siniestras leyendas urbanas que él magnifica para asustar al pequeñajo. Para colmo de males, no han pedido la pizza de queso que tanto le apetecía, y además tira sin querer la botella de Pepsi Cola, provocando un desaguisado y la reprobación unánime de toda la familia. Su madre le castiga obligándole a acostarse, y como se queja de que su primo en la litera le va “a mojar”, le instalan en una cama en el desván.

No suena el despertador

Un inoportuno corte de luz desconecta el despertador eléctrico, con lo que estalla el zafarrancho de combate cuando llegan a casa los taxis que les deben llevar al aeropuerto. Van todos a la carrera con sus maletas, todos están sobre aviso sobre la prisa para estar listos... todos menos Kevin, que duerme en el desván. En medio del caos, justificado de sobras por lo que hemos visto antes, hay un error por parte de Megan, la mayor, en el recuento, el hijo de unos vecinos ha aparecido por ahí, y ha completado el número que no cuadra por la ausencia de Kevin. De modo que la expedición parte rumbo al aeropuerto, con Kevin quedándose solo en casa. Se ha construido pieza a pieza, el detonante de la historia: Kevin es olvidado, los demás viajan a París, pues alcanzan el vuelo atropelladamente por los pelos; y dos ladrones, Harry y Marv, rondan por la zona, habiendo echado el ojo como joya preciada al hogar de los McCallister.

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Kevin se despierta finalmente, con el descubrimiento de que se ha quedado atrás solo. Se ha cumplido su deseo de desembarazarse de una familia que no le hacía ningún caso. Aunque se despiertan ciertos temores infantiles, la sugestión de una presencia siniestra en el sótano, en realidad está encantado. Puede hacer lo que le da la gana, usar el dormitorio que le apetezca, afeitarse como los mayores, comer lo que caiga, y husmear en los “tesoros” de su hermano Buzz, aunque despreciando algunas de las cosas que esconde, como un ejemplar de “Playboy”, “puaj, qué asco, todo desnudos”. También es la oportunidad de ver la película que le vedó el tío Frank, con pasajes divertidos por las expresiones que usa un personaje, “aparte de aquí, asquerosa sabandija”, y por la ensalada de tiros con que despide disparando su arma a quien no le agrada.

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Mientras, en el avión, Kate tiene la sensación de que se ha olvidado de algo, y repasa con Peter posibles descuidos, aunque él cree que todo está en orden. De pronto cae, “¡¡¡Kevin!!!”, la angustia se desata, pero no hay nada que hacer hasta que el avión aterrice en París. Allí de nuevo irán todos a la carrera hacia la salida para dar con un teléfono (estamos en 1990, no hay teléfonos móviles que valgan), y llamar a la policía. Aunque la reacción no es buena, tratan a Kate de histérica. E imposible dar con un vecino que siga en su casa, todos está fuera, quizá también de viaje, o de compras navideñas. Para colmo de males, lograr billetes de vuelta no es sencillo en plena temporada alta. Al final acuerdan que Peter y el resto de la familia se van a casa de tío Frank, y Kate se queda en el aeropuerto esperando la cancelación de algún pasaje, o buscando conmover a algún viajero para que le cambie el billete.

Kevin se las apaña solo

Entramos de lleno en el segundo acto de la película. Siguiendo con la metáfora ajedrecística, podemos decir que se ha desplegado una apertura, y estamos en el meollo de la partida, que básicamente sería Kevin contra los ladrones, aunque no faltan otras piezas que se mueven en el tablero, básicamente otros adultos que asoman en el paisaje por donde se mueve el pequeño, incluido el anciano enigmático Marley y, al otro lado del charco, Kate haciendo lo imposible para volver a Chicago.

Aunque Kevin se las apaña solo, eso no quiere decir que esté disfrutando tanto de su soledad. Sí, hay algo de diversión, pero añora a su familia, y se arrepiente del deseo expresado de que desaparezcan. Cara a los ladrones, que hacen una primera aproximación, logra hacerles creer que la casa no está desocupada, y por la noche, con un ingenioso juego de maniquíes que acciona con diversos artilugios, crea sombras que en los ventanales dan la impresión de que ahí se desarrolla una fiesta con mucha gente. Imposible allanar esa morada, piensan Harry y Marv, tienen que robar en otras casas de los alrededores.

A la hora de afrontar las diversas dificultades, el libreto de Hughes juega con dos variables: las respuestas de Kevin a los adultos, como si él también lo fuera, o al menos un chico más maduro de lo que sugiere su edad, el caso de sus compras en el supermercado y su interacción con la cajera; pero también la persecución y los trompazos al más puro estilo “cartoon”, el caso del policía que ve a un niño solo y trata de darle caza en la pista de patinaje sobre hielo. Por supuesto esta doble metodología se pone en marcha a la hora de interactuar con los ladrones, desde el momento en que empiezan a seguirle por la calle con una furgoneta con la que merodean y cargan de objetos robados; el recurso a las frases de la película del tío Frank es despiporrante. Aunque el paroxismo del “cartoon” se reserva para el tercer acto, pero ya tenemos un anticipo cuando acometen una puerta de día, y Marv asoma por el agujero de la puerta de entrada para mascotas.

solo en casa hielo policia

Junto a estos pasajes de comedia, la narración, a modo de contrapunto, inserta los pasajes que podríamos denominar “serios” o “dramáticos”, básicamente la entrada de Kevin a una iglesia, tras pasar por el Nacimiento que hay en la entrada, y donde se ensayan villancicos. El pequeño necesita el sosiego de ese lugar, y también rezar para reencontrase con los suyos. Es además la ocasión de conocer un poco más a fondo a Marley, el vecino siniestro, sentado en un banco, y con quien termina hablando. Él le explica que su nieta canta en el coro. Ambos intercambian confidencias, los dos deben resolver los problemas con sus respectivas familias. Aunque Kevin, en su faceta madura, no deja de reconvenir al otro, que es mayor, para que intente la reconciliación, son su hijo, sobre todo porque da por hecho que aquello no puede resolverse, aunque ni siquiera lo ha intentado. Además, está el encuentro con un Santa Claus de pega, al que Kevin le pide que transmita a su jefe que le traiga de vuelta a su familia por Navidad, escena que concilia la comedia con el punto tierno y dramático.

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Entretanto Kate ha logrado convencer a una pareja de ancianos para que le den un billete a podido viajar hasta Dallas, pero las dificultades persisten, no hay vuelo doméstico para viajar hasta Chicago. Al final Gus Polinski, líder un grupo de música polka, se conmueve por la angustia de la madre y le ofrecer compartir la furgoneta que ha logrado alquilar para transportar a toda la banda.

La gran noche del robo en casa de los McCallister

El tercer acto de Solo en casa es puro “cartoon”, una sucesión de gags y trompazos que nada tienen que envidiar a dibujos como los de Coyote y Correcaminos. Se nos describen los concienzudos preparativos por parte de Kevin de un montón de trampas, que aguardan a los torpes y en el fondo ingenuos ladrones, por muy malvados que sean. Casi despertará la compasión del espectador ser testigo de los golpes, quemaduras, caídas, pinchazos, etcétera, que se suceden uno detrás de otro, para disgusto de Harry y Marv, el primero incluso perderá su emblemático diente de oro en uno de sus porrazos. El ritmo con que los sirve el guión es perfecto, hasta la llamada telefónica a la policía y la huida en tirolina de Kevin.

solo en casa gancho ladrones

Sin embargo, por una vez, los ladrones se anticipan a los movimientos de Kevin, y le aguardan al final de la escapada. Al fin, le van a dar su merecido al mocoso, piensan mientras lo cuelgan de un gancho clavado a la pared. Pero en este momento aparece el salvador inesperado, Marley, que les atiza el golpe definitivo con su pala de quitar la nieve. La policía finalmente se llevan detenidos a Harry y Marv, y Kevin tendrá tiempo incluso de ordenar la casa, y dejarlo todo listo incluso con regalos de Santa Claus para su familia, en calcetines que cuelgan de una cuerda.

Así las cosas, existía el peligro del anticlímax, en realidad ya ha ocurrido todo, Kevin ha vencido con la ayuda del vecino a sus ladrones, y ahora sólo queda reunirse con la madre que está viajando con los cantantes de Polka. Y en efecto, se produce el reencuentro, con el gag de Kevin poniendo cara de reproche, pero luego abrazándola amorosamente. Pero la cosa sube más enteros terminando cerrando el círculo con el caos de toda la familia, que ha tomado un vuelo directo mientras Kate vivía su peripecia de regreso, de modo que todos irrumpen en casa, expresando su alegría por encontrarse con el pequeño Kevin. Éste también puede ver desde la ventana, último cabo atado, a Marley reconciliado con su familia. Un gag final, sólo apuntado, permite escuchar el grito de Buzz quejándose por el desastre que ha cometido su hermano con sus cosas.

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