Hoy viernes se estrenan en cines españoles dos películas muy recomendables. No tienen nombres de artistas superconocidos en sus títulos de crédito y seguramente no romperán las taquillas. Aunque uno, que no puede evitar ser un romántico que confía en la capacidad del espectador para detectar el buen cine, siempre alberga la esperanza de que se corra la voz de que son formidables y merecen ser vistas.
De El hijo del otro el seguidor habitual de nuestra web ha recibido numerosos inputs en los últimos días, no en balde hemos organizado dentro de Educacine una sesión de Coloquios de Película con Miguel Ángel Moratinos, donde se habló largo y tendido de los motivos de esperanza que debemos tener ante el conflicto y proceso de paz de Oriente Medio, telón de fondo de lo que nos cuenta el film. Motivos de esperanza, que no significa ser ingenuos, por el encuentro en el Vaticano de Simon Peres y Mahmud Abbas con el Papa Francisco, pero también por lo que nos cuenta la película de un modo muy inteligente, que la gente de a pie de uno y otro lado, israelíes y palestinos, pueden (y deben) llegar a entenderse.
La otra novedad de la cartelera que merece nuesta atención responde al nombre de Días de vinilo, y es una comedia romántica argentina encantadora, con un sólido guión que sabe atar todas las subtramas, que implican a cuatros grandes amigos y sus avatares sentimentales y profesionales. Sus guiños de amor a la buena música, y la mención expresa al vinilo en el título parecen hablarnos de añoranza por algo valioso que se podía tocar tenía vocación de permanencia, y que en el actual hiperacelerado mundo digital se ha perdido, muchas expresiones supuestamente culturales parecen humo, enseguida se esfuman para dar paso al siguiente producto manufacturado siguiendo no se sabe qué interesantísimas reglas del mercado, que tal vez provoquen ventas, pero no, en muchos casos, arte.
Hace un rato he visto una película que me ha encantado, Begin again. Es del director de Once, y en estas líneas sólo diré que está a la altura, que emociona y... ¡que dice algo! No se estrena hasta el 8 de agosto, así que paciencia, amigos. Pero me parece que está en la línea de las otras películas a que aludo en este post, y son la prueba de que se puede hacer cine inteligente.
Parafraseando a cierto partido político que ha sorprendido en las últimas elecciones europeas, al lema de cierto presidente en su primera campaña presidencia, y, remontándonos aún más en el tiempo, a dos apóstoles de Jesús... ¡podemos! Se pueden cambiar las cosas, aunque para eso, por supuesto, uno tiene que tener algo que ofrecer.
Uso la primera persona del plural, podemos, aunque yo no hago cine, mi única experiencia en ese terreno se ancla en el ya lejano 1996. Pero los comunicadores de cine podemos poner el foco en determinadas películas que educan el gusto del espectador, ofrecerles platos sabrosos para que luego no se conformen cualquier alimento insano, recocinado de mala manera.
Los CDs son para Keira Knightley en Begin again algo deliciosamente retro. Vinilo, singles, elepés, cintas de cassette. Disquetes de tres pulgadas y media y cinco pulgadas y cuarto. Betamax, VHS, 2000. DVD, HD-DVD, Blu-ray. Ultraviolet, la Nube. Pen Drive. Discman, MP3, MP4, iPod, smartphone. Papel, lápiz, goma de borrar. Pluma, bolígrafo. Máquina de escribir, típex. Procesador de textos, ordenador. Lo que sea, no importa. El soporte donde se almacenan las obras de arte puede variar, así como el modo en que llegan al público. Lo que no debería agotarse nunca es el talento para hacer esas obras. Ni la sensibilidad del público para apreciarlas, independientemente de cómo llegan hasta ellos, sin dejarse llevar sólo por sofisticadas (y a veces, bastante estúpidas) técnicas de marketing.
