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El ministerio del tiempo, o la ficción audiovisual española se quita definitivamente los complejos

El ministerio del tiempo, o la ficción audiovisual española se quita definitivamente los complejos

Ayer se estrenó en TVE El ministerio del tiempo, y todo han sido alabanzas para la serie creada por Javier Olivares y Pablo Olivares, artífices antes de la dignísima Isabel, que conoció tres temporadas que pintaban con gran habilidad la época de los Reyes Católicos. Ahora, tras llamar la atención también con Víctor Ros, dan en el clavo con una línea argumental que ofrece un feliz maridaje de géneros, las aventuras, el fantástico, la comedia, el histórico...

Mientras la veía me venían a la cabeza las aventuras de Zipi y Zape que leía en mi infancia, había una aventuras de estas criaturas de tebeo, hijos de don Pantuflo Zapatilla y doña Jaimita que se titulaba “El tonel del tiempo”, donde los traviesos chavales gemelos viajaban a otras épocas no por un túnel, sino por un tonel. La verdad es que los viajes en el tiempo ejercen en lectores y espectadores una curiosa fascinación, la idea de retroceder y tal vez cambiar las cosas, las posibles paradojas temporales, y los anacronismos, dan mucho juego, y aquí en el primer capítulo de la serie, da la impresión de que la cosa va a funcionar. Desde luego tiene mucha gracias ver a unos funcionarios napoleónicos ir a la Casa del Libro de la Gran Vía madrileña para averiguar quién ganó la guerra de la independencia, o a un soldado del tercio de Flandes mosqueado porque sus compañeros del ministerio del tiempo bromeen con él llamándole Alatriste.

El cine y las series televisivas vienen probando en los últimos tiempos que no hay géneros ni historias que les estén vedados. A veces uno querría que contaran con mayor presupuesto, pero lo cierto es que, con lo que tienen, logran resultados estupendos, el aspecto alucinante de la persecución de helicóptero de El Niño, o los planos cenitales de las marismas de La isla mínima dan fe de ello. Y el público responde, ya el "pasar" de una producción hispana tachándola de españolada ha pasado a la historia. La caspa se va abandonando poco a poco, y la guerra civil, cuando se trata, empieza a mirarse con un poquillo de objetividad. Quizá la asignatura pendiente sería algo parecido a Borgen, una ficción de calidad que pudiera retratar la política española con valentía y cierta complejidad argumental. Claro, que para eso, los políticos deberían elevarse un poco por encima de su actual imagen lastrada por la corrupción, y la escasa colaboración con los otros partidos. Tarea difícil, a la que quizá la ficción podría ayudar, presentando modelos que dignifiquen una profesión, hoy por hoy bastanta mal vista por la ciudadanía.

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