Netflix ya ha desembarcado en España. Hay comentarios para todos los gustos, aunque domina la idea de que su catálogo es todavía escaso. Eso, se le ocurre a cualquiera, lo acaba arreglando el tiempo. Había oído que técnicamente daba algún problema, pero no ha sido ésa mi experiencia, todo lo contrario.
Lo que parece claro es que las otras compañías que ofrecen y cine y series a la carta andan inquietas, se anuncia una dura guerra –de “Streaming Wars”, hemos hablando en esta web evocando la a punto de renacer saga galáctica de Lucas–, donde a Movistar, Wuaki y Filmin, bastante asentadas en España, les toca ponerse las pilas, mientras que Apple y Google Play parecen más tranquilos, o esa es la impresión.
Pero quizá lo que más me ha llamado la atención del reciente desembarco de Netflix es el estreno de su primer largometraje de ficción, Beasts of No Nation, que formó parte de la sección oficial a concurso de la última edición del Festival de Venecia. En otros tiempos habría sido impensable que la película de Cary Joji Fukunaga se estrenara directamente en internet. Es una película cara, que merece la pena ser vista en una gran pantalla, por el marco africano donde transcurre la trama, y sus dinámicas escenas de acción, muy bien editadas y fotografiadas.
En España, la película, simplemente, no ha pasado por cines, se ha estrenado directamente en la plataforma de Netflix. En Estados Unidos ha tenido un estreno simultáneo con algunas copias en salas, aunque muchos exhibidores, viendo cómo las cosas cambian, y temiendo el futuro por venir, decidieron boicotearla, como forma de presión para que la pujante compañía respete la ventana de exploración de 3 meses.
No es la primera vez que un film de calidad y festivalero –pienso en Behind the Candelabra de Steven Soderbergh, que compitió por la Palma de Oro en Cannes en 2013, y lo emitió directamente por cable HBO– se aparta del estereno convencional, pero servidor, de pronto, ha tomado una conciencia viva de que las salas de cine siguen sufriendo su progresivo desgaste –vacías entre semana, y luchando por llenarse con mil y una fórmulas– y que nuevas fórmulas puede que hagan innecesaria la piratería. En fin, son tiempos de cambio, en este y otros tantos terrenos del apasionante mundo en que nos ha tocado vivir. A pesar de la crisis, en su sentido más amplio, y la angustia que nos atenaza.
