Parece razonable que si uno se apresta a ver una película, se pregunte por su duración, cara a organizarse el tiempo. En teoría el dato debería ser objetivo, y en muchos casos se nos dan cifras como 97 minutos, o 101 minutos. Pero las cosas suelen ser mucho más complejas.
Y es que el espectador debe contar con un margen de seguridad para no pillarse los dedos, pues la duración de una película acaba dependiendo de muchas cosas.
1) Es habitual que una película en cine dure un poco más que en televisión, vídeo o streaming. Esto tiene que ver con que la velocidad de 24 fotogramas por segundo típica en la gran pantalla, pasa a 25 en otros formatos, con lo que se gana un fotograma por segundo, un segundo cada veinticinco segundos, con lo que el resultado final puede arañar algunos minutos. De ahí que cuando veas la duración de una película en streaming advertirás que es algo menos que la que indica la típica ficha de cuando se estrenó en cine.
2) Pero lo anterior es casi lo de menos. Casi en cualquier película actual hay que contar con el factor determinante de unos títulos de crédito finales que duran más de cinco minutos, y con frecuencia diez, y hasta quince o veinte, ahora hay que incluir el nombre de cualquier persona que haya hecho algo, desde el chófer que te conduce al plató al mozo que mantiene el botijo con agua fresca, por no hablar de los agradecimientos a tal persona o institución, de los créditos de todas las canciones usadas o fragmentos de peliculas, o los que se han retratado en una campaña de crowfunding.
3) Otro elemento que puede influir es que el distribuidor de una película en un país piense que logrará mejores resultados en taquilla recortando alguna escena del original. No es tan raro como podrías creer, puede tener contractualmente derecho a hacerlo. También puede ocurrir que el film esté editado y se quiten escenas de contenido sexual o violento, ya sea en lugares públicos como aviones y trenes, o porque hay un control parental con plugins que eliminan estas escenas consideradas inconvenientes para ver en familia o personalmente.
3) Por supuesto, si vas a una sala de cine, seguramente te aguardan diez minutos de anuncios y trailers de otras películas. Mientras que si estás en tu casa es fácil que interrumpas la proyección para atender una llamada, prepararte un bocata o ir al cuarto de baño; también puede ocurrir que te veas interrumpido por anuncios, si ves la película en un canal, y te pueden recortar los créditos finales para no darte tiempo a cambiar a otro canal.
4) Dicho todo lo anterior, nos encontramos encima con la loca tendencia a hacer películas larguísimas, que obligan al programador de cine de una sala a reducir sesiones. Y antaño un programador en una parrilla televisiva hacía auténticos sudokus para encajar un título de determinada duración sin alterar demasiado los horarios habituales; pero con el streaming y el rodaje en digital, la tendencia es entregar películas larguísimas, por no hablar de series, a las que sobra mucho metraje, pero que nadie se preocupa en abreviar, pues internet lo soporta todo.
Por ello, para los que vemos mucho cine y muchas series, es un auténtico regalo encontrarnos con títulos de 80 minutos, o con series de 6 capítulos de 40 minutos en que no sobra nada. Pero no hay muchas, ésa es la triste realidad.
