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Blog de Hildy

Se propaga el virus Moore

Se podrá discutir si es un demagogo o no, pero de lo que no cabe duda es de que Michael Moore sabe vender sus películas. Aunque si ayuda un poquito,

Se propaga el virus Moore

Se podrá discutir si es un demagogo o no, pero de lo que no cabe duda es de que Michael Moore sabe vender sus películas. Aunque si ayuda un poquito, involuntariamente claro está, la administración Bush, “miel sobre hojuelas”. El director de Fahrenheit 9/11 tiene a punto de caramelo el estreno de Sicko, documental en que pone “a caer de un burro” al sistema sanitario estadounidense. Cara a ridiculizar la sanidad de su país con agravios comparativos, Moore se llevó a varios afectados del 11-S a Cuba para ser tratados médicamente, lo que le ha valido una investigación de la Secretaría del Tesoro por romper el embargo a ese país; lo más probable es que tal movimiento no lleve a ninguna parte, pero le ha supuesto a Moore el pistoletazo de salida publicitario de su film, que se estrena en EE.UU. el 29 de junio.

Luego vinieron los amigos de Cannes. Siempre sensibles al antiamericanismo –el Festival premió con la Palma de Oro a Fahrenheit–, seleccionaron el film fuera de concurso, y fue acogido con las risas que suelen despertar sus irónicos documentales. Y ahora tiene de su lado a los sindicatos de enfermeras de California. Moore se apunta a un “bombardeo”, y aprovechó una manifestación que exige un cambio del sistema sanitario a “Gobernator” Schwarzenegger para ir por allí, repartir camisetas de su peli a las enfermeras, y ficharlas para que en los cines se ofrezcan a contar a los espectadores sus reivindicaciones y experiencias en la sanidad.

El sistema sanitario estadounidense necesita reformas y mejoras, eso no lo discute casi nadie, ni republicanos ni demócratas. Y si algo como el film de Moore sirve para generar un sano –nunca mejor dicho­– debate, pues bienvenido sea. Las dudas surgen acerca de si la mejor manera de abordar un problema es exagerarlo y agigantarlo, o, digámoslo más claro, manipularlo. Así, en Cannes Moore se encontró con la desagradable sorpresa de que varios periodistas canadienses le enmendaron la plana, al asegurar que la sanidad en su país no es tan bonita como la pinta él en su film. Y es que el cineasta, para vender su tesis de que en Estados Unidos la sanidad es un desastre, no se corta un pelo en decir lo maravilloso que es todo en cualquier otro lugar. Le falta el hermoso y difícil arte de manejar el matiz –por desgracia muchos creen que el matiz no vende– y expone problemas complejos con trazos gruesos y simplones. El periodista canadiense Peter Howell, además de alucinar ante la afirmación de Moore en el film de que sus compatriotas viven tres años más que los estadounidenses, afirma con ironía que no le extrañaría que el primer ministro Stephen Harper regale copias del DVD del film en su próxima campaña electoral.

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