Esta semana arranca el rodaje en Alemania de Valkyrie , una película que centra su atención en la figura histórica del coronel Claus Schenk Graf von
Esta semana arranca el rodaje en Alemania de Valkyrie, una película que centra su atención en la figura histórica del coronel Claus Schenk Graf von Stauffenberg, que durante la Segunda Guerra Mundial conspiró para asesinar a Adolf Hitler. Que Hollywood preste atención a un alemán antinazi en una gran superproducción, que se supone busca el rigor histórico, con guión de Christopher McQuarrie y dirección de Bryan Singer –tándem que ha colaborado en títulos como el oscarizado Sospechosos habituales y la también aproximación al nazismo por medio de un antiguo criminal de guerra Verano de corrupción–, debería teóricamente llenar de alborozo a los germanos. No es así, o no, al menos, en todos los casos. Y la culpa de ello la tiene el actor que dará vida a von Stauffenberg, que no es otro que la megaestrella Tom Cruise.
La iglesia de la cienciología a la que está adscrito Cruise no goza de demasiada buena prensa. Esto es particularmente cierto en Alemania, donde ha sido objeto de sospecha por parte de más de un tribunal, que veía en la institución algo muy próximo a una secta en el sentido más peyorativo del término. Se entiende que un país que ha sido presa de iluminados en el siglo XX, hasta caer en el delirio del nazismo, mire con prevención cualquier cosa con aires de totalitarismo manipulador. Y si encima uno de los rostros emblemáticos de la cienciología es quien se propone dar vida a alguien que se opuso a Hitler, aquello suena a loca paradoja, cuando no a herejía pura y dura.
Así que arrecian las protestas. Y la paradoja cobre tintes diversos. Mientras se niega el permiso para rodar en el Edificio Blender donde von Stauffenberg fue ejecutado –el lugar es una especie de memorial emblemático de la resistencia antinazi–, el gobierno alemán, a través de su fondo de ayudas al cine, ha concedido a Valkyrie la nada despreciable subvención de 4,8 millones de euros, gracias a Babelsberg, el socio alemán en la producción del film. La cosa tiene su lógica, pues dos tercios del presupuesto de la película se gastarán en suelo alemán, una inversión la mar de interesante.
En cuanto a la familia de von Stauffenberg, tres de sus hijos manifiestan diferentes posturas ante el proyecto fílmico sobre las hazañas bélicas del progenitor. Berthold Graf es el más radical al oponerse: “Que un cienciólogo confeso como Cruise encarne a una víctima del totalitarismo es sencillamente enfermizo”, afirma; Franz Ludwig Graf, ex parlamentario europeo, expresa su estupor porque “ante el caso más importante de resistencia contra el nazismo, se hable sólo de la adecuación de un actor americano para el papel”; mientras que Caspar Graf dice no tener ningún problema en que Cruise interprete a su padre.
