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Nubarrones en el cielo

Una de las novelas más conmovedoras que he leído en los últimos años se titula Cometas en el cielo , de Khaled Hosseini, y el estreno de su versión

Nubarrones en el cielo

Una de las novelas más conmovedoras que he leído en los últimos años se titula Cometas en el cielo, de Khaled Hosseini, y el estreno de su versión cinematográfica en Estados Unidos está previsto para el 14 de diciembre. La trama transcurre en Afganistán a lo largo de 30 años, desde poco antes de la invasión soviética hasta la actualidad. Y tiene como personajes esenciales a dos niños de etnias diferentes, luego adultos: Amir, un pastún de buena familia, y Hassan, hijo del criado azara. Las tribulaciones sin cuento que deben pasar uno y otro configuran un cuadro realmente conmovedor.

Marc Forster, el director de Monster's Ball y Descubriendo Nunca Jamás, quiso honrar al libro de Hosseini rodando en Afganistán en darí, la lengua local, y con actores pertenecientes a las etnias correspondientes. Pero lo que para muchos debería ser sólo motivo de parabienes, parece que está causando quebraderos de cabeza a Foster y al estudio que le respalda, Paramount.

La novela original, que a pesar de su dureza no pretende ser escabrosa u ofensiva, contiene dos momentos de violación. Uno envuelve a dos niños, uno pastún, el otro azara. Y justo ya finalizado el rodaje, y con el estreno a la vuelta de la esquina, se ha convertido en motivo de controversia, por lo que podría leerse como humillación de una etnia con respecto a la otra. El libro no demoniza ni a unos ni a otros, pero en un país tan conflictivo, cualquier chispa puede provocar un incendio. Hasta el punto de que se ha retrasado el estreno de la película 6 semanas para que el niño Ahmad Khan Mahmoodzada, de 12 años, pueda terminar el colegio y ausentarse un tiempo prudencial. The New York Times recoge las declaraciones de una abogada de Paramount, Karen Magid, que afirma: “Si nos estamos pasando de cautos, no pasa nada. Recorremos territorio desconocido.”

Forster asegura haber sido muy delicado en el rodaje de la escena sensible, y que el padre del chico fue advertido de qué se trataba con bastante antelación. Éste, Ahmad Jaan Mahmoodzada, replica que nunca tuvo el guión, y que se enteró de los detalles ya en el plató. En fin, sea como fuere, lo que el director sí admite es que el día que había que rodar, el chico apareció bañado en lágrimas porque iba a tener que mostrar el trasero; al final, el cineasta decidió eliminar aquello, y montar la escena muy rápido, con toques impresionistas, planos de detalle no problemáticos. Otro punto para la polémica es el sueldo de los chavales: parece que escuchados los consejos de la televisión afgana, se decidió un salario semanal de unos 900 euros, generoso para algunos, pero cicatero para los que comparan con las cifras que estipulan los sindicatos en Hollywood, 1.800 euros.

En estos casos, nunca se sabe si estamos ante una estrategia de marketing, para que se hable de la película. Se dice que en enero la película india Kabul Express produjo protestas y amenazas de muerte por los insultos a los azara. Y ahora se especula con que el estudio costee la seguridad de los dos chicos y sus familias, hasta que alcancen la mayoría de edad, lo que podría suponer un gasto de 350.000 euros.

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