Quedan apenas dos horas para la inauguración de la Olimpiada 2008 en Pekín. Y los chinos prometen que la vistosa ceremonia, de tres horas y media de
Quedan apenas dos horas para la inauguración de la Olimpiada 2008 en Pekín. Y los chinos prometen que la vistosa ceremonia, de tres horas y media de duración, va a ser más espectacular que nunca. En breve cada cual podrá dar su propia opinión, pero de momento está claro que es garantía de gusto artístico que su responsable vaya a ser el gran director chino Zhang Yimou, autor de películas tan maravillosas como Ju Dou, semilla de crisantemo, ¡Vivir!, El camino a casa o Hero. La pinta es que se ha tirado la casa por la ventana, que va a haber fuegos artificiales a granel, y coreografías alucinantes donde van a participar hasta 20.000 actores o bailarines. Entre los espectadores, estarán el presidente chino Hu Jintao, y el estadounidense George W. Bush.
Que las autoridades comunistas chinas lleven a Yimou ahora en palmitas, hasta el punto de confiarle un acontecimiento que se espera sea seguido en directo por 1.000 millones de espectadores, no deja de llamar la atención. Sobre todo porque en sus primeros filmes el cineasta era visto con sospecha por el régimen, hasta el punto de que algunos títulos nunca fueron estrenados en el país. Especial revuelo produjo ¡Vivir!, que ponía en solfa la revolución cultural.
Pero los tiempos cambian. Yimou dice que nunca le ha interesado la política, y aunque esto sea discutible (sus primeros filmes admitían una lectura política, de ahí que la censura actuara), el caso es que ahora el gobierno confía en Yimou plenamente, sobre todo desde que hace pelis donde prima la espectacularidad sobre la historia, como en Hero o en La casa de las dagas voladoras; la primera, incluso tuvo el apoyo de las autoridades chinas para que fuera candidata al Oscar.
Lo que está claro es que Yimou no ha querido dejar pasar la oportunidad, aunque algunos le digan que su colaboración le hace poco menos que convertirse en el Leni Riefenstahl chino, en alusión a la directora alemana que hizo pelis para Hitler, una, Olympia, precisamente sobre los juegos olímpicos de Berlín; según sus críticos estaría colaborando con un régimen poco respetuoso con los derechos humanos, lo que parece innegable. Él explica que en el último siglo “es el momento más importante en que los chinos hacen de anfitriones para el resto del mundo”, y que no quería quedarse fuera. Él que sí hizo mutis por el foro fue Steven Spielberg, que también debía haber sido asesor artístico, pero que que renunció en protesta por la actuación (o no actuación) de China en Sudán.
