Mañana viernes se estrena en Estados Unidos W. , el acercamiento de Oliver Stone al presidente estadounidense George W. Bush. Los comentarios sobre
Mañana viernes se estrena en Estados Unidos W., el acercamiento de Oliver Stone al presidente estadounidense George W. Bush. Los comentarios sobre el film en EE.UU. han sido variopintos, pero casi todo el mundo parece coincidir en que lo que muestra W. es bastante creíble, que no hay histerismos ni teorías de la conspiración. Es más, en la peli no hay grandes revelaciones, cosas que no hayan salido en la prensa todos los días; si acaso, faltan hitos importantes en su vida, como sin duda fue el 11-S.
Los analistas consideran que Stone está bastante escarmentado de que los historiadores serios hayan cuestionado antes sus otros títulos presidenciables, JFK y Nixon. Sí, ya sé que en Europa algunos los consideran el colmo del rigor y la objetividad, y que gracias al primero, todos sabemos por fin quién mató a Kennedy. Pero me temo que son minoría. Los que conocen el paño, como Richard L. Berke en The New York Times, hablan con condescendencia de teorías cabalísticas sobre gays anticomunistas al referirse a JFK.
El caso es que Stone ya apuntó en World Trade Center un deseo de pegarse más a la realidad, lo que decepcionó a los que quieren simplemente polémica, follón, lío. En W. sigue esa misma línea. Así, se ha desvelado que el director suprimió dos escenas peliagudas del montaje final. En una de ellas, onírica, Bush está en la Casa Blanca acompañado no sólo de sus perros, sino de... ¡Saddam Hussein! En la otra, también onírica, aparece Bush volando sobre... ¡una alfombra mágica!, mientras los aviones estadounidenses bombardean Bagdad. Preguntado acerca de si había eliminado las escenas por miedo a que la película perdiera credibilidad, Stone respondió con sencillez: “Sí, creo que sí”.
