Muchos directores buscan autenticidad en sus historias. Y si autenticidad va acompañada de ahorro de costes, pues miel sobre hojuelas. Al menos eso
Muchos directores buscan autenticidad en sus historias. Y si autenticidad va acompañada de ahorro de costes, pues miel sobre hojuelas. Al menos eso es lo que cree detectar Tobias Grey en The Wall Street Journal. El analista parte de la mirada al crimen organizado en Gomorra para detectar que bastantes películas recurren a actores no profesionales para dar mayor verismo a sus películas. Según esto Matteo Garrone estaría siguiendo los pasos de sus antecesores del neorrealismo italiano para mostrar a miembros de la Camorra y tipos populares. Eso sí, sin renunciar al uso de algún intérprete profesional. “Cuando escojo a un actor”, explica Garrone, “siempre empiezo por mirarle la cara. Para mí a veces no es tan importante lo que dice, sino el aspecto que tienen cuando lo dicen.”
Una ventaja del cine digital, cada vez más frecuente, es que no se gasta la película, con lo cual se puede ejercitar la paciencia hasta el infinito (es un decir) con el actor no-profesional, para repetir la toma una y otra vez hasta que queda bien. Otras películas que usan gente normal que encaja con el papel son Ciudad de Dios, sobre la miseria en las favelas, o La batalla de Hadiza, película sobre la guerra de Irak que utilizó a auténticos marines y a nativos de la zona. También es destacable La clase, film que ganó la Palma de Oro en Cannes este año, y que utiliza a un auténtico profesor y chicos de distintas razas y orígenes para mostrar los esfuerzos por educar en un entorno multicultural en Francia. Desde luego, todos los títulos mencionados transmiten una gran sensación de naturalidad, de que aquello es la vida misma.
