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Una bandera de la leche

Como ya comenté hace unos días ( pincha aquí ), el 4 de noviembre el estado de California votó la Proposición 8 de reforma de la constitución de ese

Una bandera de la leche

Como ya comenté hace unos días (pincha aquí), el 4 de noviembre el estado de California votó la Proposición 8 de reforma de la constitución de ese estado, para definir el matrimonio como unión de hombre y mujer. El respaldo a tal proposición del 52% de los votantes no cayó nada bien entre los homosexuales, ni tampoco entre los sectores que habían abrazado la causa del matrimonio gay. Para ellos, la guerra no ha terminado todavía. Y la próxima batalla es “la leche”, o sea Mi nombre es Milk, la película basada en el activista gay Harvey Milk (1930-1978), dirigida por un homosexual, Gus Van Sant, y protagonizada por un archifamoso activista de todo tipo de causas, Sean Penn. Milk fue un político que reconoció públicamente su homosexualidad y que ocupó varios cargos políticos en California, entre ellos uno municipal en San Francisco, antes de ser asesinado junto al alcalde de esa ciudad. Ahora llega una película que por su estilo de narración a la antigua usanza y su posicionamiento cara a los Oscar recuerda a Philadelphia, otro título importante para la causa gay.

El caso es que tras perderse el mentado referéndum, los partidarios del matrimonio homosexual han decidido convertirse en abanderados de la película, a falta de pan, buenas son tortas. “Nuestra meta es colocar a la película entre las tres de más recaudación el fin de semana de su estrenos”, ha afirmado Amy Balliett, que tiene un sitio en internet, jointheimpact.com donde defiende los derechos de los homosexuales. Hasta incluye allí una lista de exhibidores amistosos, lo que estarían dispuestos a proyectar la película en sus salas. Curiosamente, uno de ellos es un jerifalte de Cinemark, que donó dinero para la campaña a favor de la Proposición 8, pues tal como él lo ve, una cosa es lo que es o deja de ser el matrimonio, y otro dar cabida a la proyección de películas de ideologías diversas en sus salas.

La pregunta que ahora mismo deben estar haciéndose en Focus Features, los productores de la cinta, es si les conviene este “apoyo” a su película, que puede acabar convirtiéndose en un auténtico “abrazo del oso” que acabe estrujándola, al ahuyentar a una parte muy significativa de los espectadores. Por ejemplo James Schamus, que no niega las intenciones ideológicas de Mi nombre es Milk, explica que “la forma en que las películas funcionan no es empujando o atrayendo hacia una específica posición electoral, sino cambiando el clima de opinión”. De momento, y vistos los preparativos de los gay a favor del film, ya han sonado también los clarines del boicot, con web incluida, NoMilkforCinemark.com.

Tiene gracia que los hay que dicen que la Proposición 8 habría sido derrotada si la película se hubiera estrenado antes del 4 de noviembre. Desde luego, no coincide tal apreciación con el punto de vista de Schamus. Pero dando la vuelta al razonamiento: ¿no estará a punto de cargarse el lobby homosexual sus posibilidades en taquilla? Tal vez deberían pensar en hacer sonar el tam-tam en otro momento, pero no parece, a tenor de las declaraciones grandilocuentes que ya hablan de Harvey Milk como del Martin Luther King de los gays. Curiosamente, Milk se enfrentó a la Proposición 6, que pretendía señalar como causa de despido de la escuela pública la homosexualidad, lo que lleva a los activistas de hoy a comparar la cosa con la Proposición 8. Pero los partidarios de ésta recuerdan que lo que se dilucidó el día 4 no iba contra los gays, sino a favor del matrimonio.

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