El cine iraní se asocia a desiertos, niños que pierden sus zapatos, o chóferes que hablan con sus viajeros largas parrafadas. Es un
El cine iraní se asocia a desiertos, niños que pierden sus zapatos, o chóferes que hablan con sus viajeros largas parrafadas. Es un cine que triunfa en festivales (Abbas Kiarostami y Jafar Panahi pueden atestiguarlo), pero que no puede evitar una vitola, digámoslo claro, de `plúmbeo´. Esto podría cambiar, a juzgar por el éxito en Irán de una comedia titulada Atash bas, que significa `alto el fuego´. El film de Tahmineh Milani se inscribe en la tradición de la guerra de sexos, al contar los problemas de dos recién casados, que acuden al psicólogo para evitar la senda del divorcio. La explicación del éxito que da Navid Etminan, un joven de 25 años, no suena disparatada: “A la mayoría de la gente le gustan las comedias, porque no tiene mucho de que reírse en estos tiempos”. Y apuntilla: “La películas artísticas llegan al público extranjero, no a la gente corriente.”
