En Smoke Paul Auster nos contaba un ingenioso y sencillo método para pesar el humo: restar del peso del pitillo original, el de la colilla junto a
En Smoke Paul Auster nos contaba un ingenioso y sencillo método para pesar el humo: restar del peso del pitillo original, el de la colilla junto a las cenizas cuidadosamente recogidas. Lo que no es tan fácil es medir el nivel de risas de una película (que se lo digan a los críticos de este website, que valoran de 0 a 4 la mayor o menor presencia de esas risas en cada película). Pero en Hollywood lo intentan. En las proyecciones de prueba con público antes del estreno, un analista se introduce entre los espectadores y puntúa en una escala de 1 a 3 las risas ante determinadas escenas supuestamente divertidas. Y si la gente se ríe poco, pues hala, a rodar de nuevo. Algo que quizá provoque más risas, pero no desde luego la de los guionistas, que creen que esos cambios afectan a la integridad de su trabajo. Así lo dice Mike White, que trabajó en Escuela de Rock y Super Nacho, y que cree que guiarse por las carcajadas estentóreas puede llevar a las bromas zafias, basadas en flatulencias y similares. “Es ligeramente deprimente”, comenta. “Incluso aunque les guste, es, no sé, yo no hice la película por eso. No quiero que el público me dicte lo que quiero hacer. Quiero que les guste, pero conduciéndolos yo.” Desde luego, tal guía sólo conduce a chorraditas como Borat, Torrente, Jackass y familia.
