Álex de la Iglesia está rodando su primera película mientras ocupa el cargo de presidente de la Academia de Cine. Desde que está ahí, el director ha
Álex de la Iglesia está rodando su primera película mientras ocupa el cargo de presidente de la Academia de Cine. Desde que está ahí, el director ha hecho gala de una encomiable ecuanimidad, sobre todo considerando un ambiente previo en que el cine español ha aparecido muy ideologizado e identificado con la izquierda, a nadie se le olvida el apoteósico ‘no a la guerra’ durante la era Aznar, y el conocido apodo de ‘los de la ceja’ para referirse despectivamente a un colectivo que parece inclinado a protestar sólo cuando manda la derecha.
Por todo ello hay que reconocer que De la Iglesia asume un considerable riesgo al ambientar su nuevo film, Balada triste de trompeta, ¡en plena guerra civil española! Como bien sabe cualquier aficionado al celuloide, el tema es recurrente en el cine patrio, no hay más que ver la recién estrenada Pájaros de papel. No me he parado a hacer el recuento, pero creo que ganan por goleada las pelis sobre esta guerra fraticida hechas durante la democracia, a las rodadas en pleno franquismo. La sensación es que sus responsables intentan ganar una guerra que perdieron en los sangrientos campos de batalla.
El film del director bilbaíno arranca en plena guerra, donde un payaso es alistado a la fuerza por los milicianos, y caracterizado acaba perpetrando una carnicería entre los nacionales, a machetazo limpio. Acabará en la cárcel durante el franquismo, e incluso trabajando en las obras del Valle de los Caídos, mientras intenta inculcar a su hijo sentimientos de venganza.
Como se ve por el argumento, el film puede ser una auténtica prueba de fuego a la hora de que determinado sector de los espectadores, con ideas políticas bien concretas, valoren sus esfuerzos de ecuanimidad. Alex de la Iglesia puede haberse dicho: una cosa es mi labor al frente de la Academia, donde intento ser justo y llevarme bien con todos, sin permitir que la política perjudique al cine español; y otras mis ideas, que plasmo como artista en una película. Y parece una postura razonable, pero si su film acaba escorándose hacia un bando, puede perder todo lo ganado hasta ahora. Si logra hacer una película donde esté ausente el rencor, y reconozca las salvajadas perpetradas por unos y otros, puede que salga exitoso de su difícil empresa. Pero si da en la colleja ‘a los de siempre’, puede echar a perder el ‘buen rollito’ generado con todas las fuerzas políticas desde que es presidente de la Academia.
En fin, concedámosle el beneficio de la duda, aunque tal vez ésta es la clásica película que podía haber dejado para cuando ya no ocupe el cargo. Ahora entiendo que está sometido a más presiones que nunca... a no ser que tenga, muy clarito, lo que quiere hacer.
