El todopoderoso empresario Bretton James, encarnado en Wall Street: el dinero nunca duerme por Josh Brolin , adorna las paredes de su despacho con un
El todopoderoso empresario Bretton James, encarnado en Wall Street: el dinero nunca duerme por Josh Brolin, adorna las paredes de su despacho con un cuadro de Goya, una pintura negra de “Saturno devorando a su hijo” de la que presume ostensiblemente, “la única que no puede verse en el Prado”, llega a asegurar. Como asegura un artículo del New York Times, los cuadros que aparecen en este film y en el de 1987, Wall Street, tienen su importancia, incorporan subtexto, subrayan los rasgos de los personajes y las ideas argumentales.
Esto es obvio en el caso del cuadro de Saturno, y por si no nos hemos dado cuenta de su valor metafórico en relación a ciertos sucesos, la enfática cámara de Stone nos muestra el cuadro poco antes de que su su colérico dueño lo destroce literalmente.
Podríamos seguir buscando subtexto dentro del subtexto y preguntarnos, “¿Quién se ha comido a mi Gekko?”. ¿Ha sido su papá Oliver Stone el que lo ha devorado? Porque el Gordon Gekko de la nueva película no es, definitivamente, el que vimos hace más de veinte años. Los tiempos han cambiado, nos dice Stone, el viejo ‘tiburón’ se ha hecho más sabio, busca otras cosas. En fin, tal vez, y tampoco se trata de desvelar en estas líneas si Gekko ha cambiado tanto con el tiempo, y en qué se traducen esos hipotéticos cambios. Pero sí debo decir que Stone, a pesar de entregar un film pasablemente entretenido, lo que ya tiene su mérito –vamos, que esto no es el equivalente de La amenaza fantasma a la saga Star Wars–, se ha comido a su criatura, que ya no es la que era.
