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El origen del Planeta de los Simios: qué monada

Ayer tuve ocasión de ver El origen del Planeta de los Simios , nuevo intento de retomar la saga moneril después de la decepción que supuso la

El origen del Planeta de los Simios: qué monada

Ayer tuve ocasión de ver El origen del Planeta de los Simios, nuevo intento de retomar la saga moneril después de la decepción que supuso la acometida de Tim Burton. Debo confesar que salí muy, muy satisfecho, no sé si la expresión pega mucho, pero por aquello de la broma diremos que la película es una “monada”. Pienso que es la mejor película de acción que he visto desde Imparable, otro título modélico en su género. Cuando investigo quién es el director de la cinta, me encuentro con otra sorpresa: se trata de Rupert Wyatt, un completo desconocido, al menos en España; parece que es responsable de algo llamado The Escapist, no estrenado en estos lares. Hoy comentaba la peli con un colega, y me decía sin titubeos -aunque reconozco que le va la sorna-, que se trataba de “un clásico instantáneo”.

Ha sido un acierto empezar la casa no por el tejado, sino por los cimientos, o sea, el origen, cómo la Tierra llegó a estar dominada por los chimpancés. Burton se equivocó al tratar de emular el indiscutible título original protagonizado por Charlton Heston, y aquí en cambio se ha tomado la inteligente decisión de inspirarse en La rebelión de los simios, aunque con tratamiento novedoso donde los avances en la bioinvestigación dan mucho juego: la soberbia del científico, el complejo de Frankenstein, la avaricia de los laboratorios farmacéuticos... Los efectos visuales son increíbles, hay trepidación original, y no se descuida el elemento humano... o simiesco, que aquí es lo mismo. Incluso si en El planeta de los simios (1968) hubo un monumento que dio pie a una escena memorable, la Estatua de la Libertad, aquí el Golden Gate de San Francisco, en un contexto diferente, ofrece unos pasajes vibrantes. Y me encanta ver a Tom Felton, el Draco Malfoy de la saga Harry Potter, de nuevo en un papel antipático que le va al pelo.

Como si las noticias colaboraran en el marketing del film, leo en la edición digital de El Mundo que el simpático Dodo, un chimpancé de dos años y medio que vive en un zoo en Tailandia, ha aprendido a dar el biberón a cachorros de tigre. Aún le queda mucho que aprender para llegar a la altura de César, el protagonista simiesco del nuevo film, pero se trata sin duda de un comienzo. Confiemos en que los humanos no hagamos enfadar a Dodo.

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