Dentro de unas horitas estaré en San Sebastián, dispuesto a cubrir el Festival de Cine en su edición número 60. Ya son
Dentro de unas horitas estaré en San Sebastián, dispuesto a cubrir el Festival de Cine en su edición número 60. Ya son unos cuantos años acudiendo, pienso que más de una docena, si no recuerdo mal el primero fue el de 1999, en cualquier caso sí doy fe de que inauguré en su momento los cubos del Kursaal de Moneo.
¿Han cambiado las cosas desde entonces? Ya lo creo. Por ejemplo una cuestión que genera todo tipo de debates entre mis colegas y los responsables de prensa de las distribuidoras es el del embargo de las informaciones sobre las películas que se han visto y todavía no se han estrenado. Y es que está claro que ahora, como te descuides, durante la misma proyección de una peli que todavía no está en los circuitos comerciales, puedes empezar a tuitear lo que te apetezca, y alimentar un runrún que la mayoría de las veces, pienso, no tendrá grandísima repercusión, pero que, en alguna ocasión, nunca se sabe, de pronto aquello hace fortuna, se convierte en “trending topic”; y vamos, como te descuides te has cargado una peli que había costado cien millones de dólares. Esto creen algunos, y aunque no parece que haya ningún caso real en que esto haya sucedido –al menos a mí nadie me lo ha mostrado–, las compañías se ponen la venda ante la potencial herida, nadie quiere ser la primera víctima mortal. De modo que con frecuencia nos hacen firmar a los profesionales cartas de embargo de la información, no podemos decir ni “pío”, nunca mejor dicho, hasta la fecha que nos señalen.
Es evidente que cuando una distribuidora te invita a la proyección de una película y acudes a verla, has de aceptar las condiciones que te señalen. Si te parecen inaceptables, simplemente te abstienes de ir. Aunque es cierto que de este modo cada vez todo resulta más complicado, tienes que llevar al día una lista de títulos que has visto y de los que no puedes publicar nada hasta cierto momento, un día ves que alguien ha publicado algo “en exclusiva” y te tiras de los pelos, o mil variantes que es casi imposible prever. Yo confieso que me he acostumbrado a escribir reseñas de lo que veo casi inmediatamente después de terminar la proyección, y cómo no me gusta almacenar las cosas en el disco duro del ordenador, suelo subir todo a la web sobre la marcha y ya me olvido. Ahora tengo que almacenar esta información reservada en la carpeta de excepciones, aguardando las fechas de liberación de la información.
Sin embargo, he de reconocer que me he encontrado ya con casos ridículos, como el de una película premiada en Cannes y Sundance hace meses, de la que me han pedido que no publique comentarios, cuando la prensa internacional y también española está llena de consideraciones sobre el film cuando se pasó en esos marcos festivaleros. Recuerdo a alguien que, como no podía aportar su experiencia sobre un título que había visto, escribía “Variety ha dicho…”, “El New York Times comenta…”, y seleccionaba los medios que mejor coincidían con su valoración.
Antes la distancia y una comunicación más primitiva permitía que películas seleccionadas en Toronto y luego presentadas en sección oficial en San Sebastián pudieran coincidir, de modo que en el segundo festival aparecían como novedades. Un cualquiera no accedía a la prensa canadiense o hollywoodiense, y a ese festival al otro lado del charco y tan próximo en fechas al donostiarra no solía acudir ningún reportero hispano. Ahora internet obra milagros. De modo que películas como Blancanieves, de Pablo Berger, Lo imposible, Volver a nacer, El capital, Argo, En la casa o Rhino Season ya cuentan con reseñas consultables, cuando que se supone que son algo muy parecido a una primicia en San Sebastián.
En fin, lo que quiero decir, y acabo, es que los tiempos adelantan que es una barbaridad, y creo que nadie tiene muy claro cómo serán los festivales en el futuro, o cuál será la fórmula eficaz para controlar la información de las películas que circula en la red, por parte de las compañías. Son tiempos de incertidumbre, en el cine y en tantos otros ámbitos, las cosas cambian muy, muy rápido, y no es fácil mantener el paso.
