Ayer viví una gratísima experiencia, la del preestreno de la película Sin tregua en la Escuela Nacional de la Policía, que
Ayer viví una gratísima experiencia, la del preestreno de la película Sin tregua en la Escuela Nacional de la Policía, que tiene su sede en Ávila. La había visto hace unas semanas, y aparte de disfrutarla, enseguida pensé que su esfuerzo por recoger la vida cotidiana de una pareja de policías de Los Ángeles la convertía en título perfecto para proyectar a profesionales del Cuerpo General de Policía. Puesto al habla con División de Formación, enseguida me dieron la idea de que podía ser perfecto proyectarla en Ávila, donde se preparan los futuros policías, un público juvenil, sin ideas preconcebidas, e ilusionado con su próxima dedicación profesional.
Lejos del tópico que da título a una popular saga de comedias americanas, no vi una Loca Academia de Policía, sino una Cuerda Academia de Policía. Todo el personal fue tremendamente acogedor, desde el Director de la Escuela Marceliano Gutiérrez, al Comisario Jefe de Relaciones Institucionales José Miguel Montes, pasando por el Inspector Jefe Santos Lázaro –qué estupendo guía en el museo de la policía, y anfitrión luego en el coloquio posterior a la proyección– y la Jefa del Gabinete de Prensa Ana Blázquez. Lo mismo pasó con los jóvenes alumnos, chicos y chicas jóvenes que disfrutaron de la película, riendo en algún momento algo menos verosímil, o demasiado americano, pero emocionándose al ver la estrecha relación que se crea entre los compañeros de patrulla.
Me emocionó especialmente que al término de la proyección se me acercara un policía que ya tenía años de experiencia, y que por el motivo que fuere no vio oportuno intervenir en el coloquio. A mí me refirió que él había estado tres años de patrulla en la calle, y que veía muy bien reflejado el día a día; también confesaba haber perdido a un compañero y amigo en acto de servicio, y que en algún pasaje del film se emocionó. La verdad es que ocasiones como la de este preestreno de Sin tregua en Ávila las considero un auténtico regalo. Ojalá tenga más de éstas.
