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Blog de Hildy

Ante la crisis de Altafilms y los Renoir: algo pasa con el cine (y la cultura) en España

Algo tiene que ir necesariamente mal en el cine en España, cuando el presidente de la Academia de Cine en España protagoniza la portada

Ante la crisis de Altafilms y los Renoir: algo pasa con el cine (y la cultura) en España

Algo tiene que ir necesariamente mal en el cine en España, cuando el presidente de la Academia de Cine en España protagoniza la portada de “El País” y otros diarios para anunciar el muy probable fin de su negocio, o al menos su reducción al mínimo para la supervivencia. Enrique González Macho habla alto y claro con la voz triste del desencanto: “Hasta aquí hemos llegado, hemos resistido mientras se ha podido… pero la gente ha dejado de ir al cine, el DVD está arruinado y las televisiones, sobre todo la pública, ya no apoyan al cine español ni al cine de autor en general; así que intentaremos seguir, montando algo más pequeño, pero la verdad es que... hay poco que hacer”.

¿Es culpa del gobierno? No son santos de mi devoción los que actualmente rigen el destino de nuestra nación, sobre todo por su incapacidad de liderar, ilusionar, generar confianza y optimismo, o proyectar algo que se parezca un poquito a adhesión a unos ideales en los que se cree. Pero no, no es culpa, o no sólo culpa suya, a pesar del ivazo y otras desgracias, me temo que hay un cúmulo de irresponsabilidades entre los que han mandado aquí y allá, a nivel nacional, autonómico, local, y su frecuente falta de valores se ha trasladado a gran parte de la ciudadanía. De modo que se recoge lo que se siembra.

Aquí hablamos de cine, pero la crisis –de la que es sintomática el anuncio de González Macho de la desaparición de la distribuidora Altafilms, y la reducción de su circuito de exhibición de películas al mínimo, con su loable preocupación por que los empleados sean debidamente indemnizados– se extiende a toda la industria cultural, y al final, bien lo sabe la gente de a pie, a todos los sectores de la actividad empresarial. Algo se ha hecho no mal, sino muy mal.

Se me abren las carnes cuando leo el pronóstico de González Macho: “El público español de cine de autor en salas irá desapareciendo a medida que se vaya quedando sin oferta... y eso es el peor aspecto posible de la globalización, porque nos vamos a quedar con un único tipo de cine que ver”.

No quisiera meter el dedo en llagas dolorosas, y entiendo que EGM habla a corazón abierto, con completa sinceridad. Pero decir que "hay otras distribuidoras españolas de cine independiente, pero yo creo que acabarán corriendo la misma suerte que nosotros" no me parece oportuno, bastantes problemas tienen ya las pobres para echar leña a su fuego. Siendo además presidente de la Academia EGM parece estar obligado a transmitir algo de esperanza; pese a todo, me pregunto si alguien se animaría a presidir si él, en su línea desencantada, renunciara al cargo; después de morir el otro candidato a las últimas elecciones de la Academia, Bigas Luna, y conocida la escasez de voluntarios a postularse a mandar en Zurbano, no sé si alguien se presentaría al puesto.

De todos modos me atrevo a decir que el problema de lo que dice viene de atrás, y se llama “educación”. Los jóvenes no llegan a adquirir el hábito de la lectura, de apreciar el arte, de ver películas no convencionales. Quizá porque también se vende como grandísimas películas –esto sucede de modo particular con el cine español– títulos que no pasan de mediocres. Y porque se ha etiquetado como “cine de adolescentes” algo que, pasado su aire transgresor, al alcance ahora de un click en internet para cualquiera, ha probado tener interés nulo.

El gusto por la cultura no depende sólo de campañas e incentivos fiscales; es algo que se aprende en la familia y en la escuela, en compañía de amigos con la misma sensibilidad, y personalmente dedicando tiempo y esfuerzo a los descubrimientos. No hay otra.

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