Lo he escrito más de una vez, pero voy a insistir: ver cine puede tener saludables efectos en el espectador. Hay películas que
Lo he escrito más de una vez, pero voy a insistir: ver cine puede tener saludables efectos en el espectador. Hay películas que –esto, Hannah Arendt, te va a encantar– ponen en marcha nuestras potencialidades de seres pensantes. Por ejemplo, uno ve una película como Hannah Arendt, de Margarethe von Trotta, disfruta con la propuesta y... se entera de que hay un libro muy interesante que se llama “Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal” y se pone a leerlo. No hablo en general, me refiero a mi propio caso. No es la primera vez que me pasa, también el Lincoln de Steven Spielberg me impulsó a leer más sobre el presidente que logró abolir la esclavitud en Estados Unidos.
El caso es que leyendo la emblemática obra de Hannah Arendt, descubro que la gran pensadora judía cita... ¡a Stanley Kubrick! Concretamente alude a Teléfono rojo volamos hacia Moscú. Si es que al final va a resultar que yo tenía razón y que el cine no es una frivolidad, sino algo que ayuda a pensar y que educa, ideas sobre las que gira Educacine nuestra actividad de Coloquios de Película, dicho sea de paso. En cualquier caso da la impresión de que a Arendt no le ha hecho ningún mal ver cine, sino que al contrario, le sugiere ideas para explicarse en su libro.
Pero en fin, aquí va la cita kubrickiana de Arendt, por si alguien no me cree: “¿Cabe atribuir más malignidad al asesinato de seres humanos cuando con ello se destruye una cultura? (...) ¿Cómo podemos olvidar este interrogante [planteado por Harry Mullisch], enterrar la inquietante duda en el pasado, cuando en una reciente película, titulada Dr. Strangelove, un raro enamorado de la bomba –caracterizado, cierto es, como un típico nazi– propone que se seleccione a unos cientos de miles de personas, que se salvarán del inminente desastre gracias a protegerse en refugios subterráneos? ¡Y los seleccionados son los que, en los tests, demuestran un más alto coeficiente de inteligencia!”. Kubrick plantea, Arendt plantea, Mullisch plantea, Jon Juaristi en nuestro coloquio plantea y, yo, modestamente, planteo preguntas que no debemos soslayar, pues somos seres pensantes, somos hombres.
