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Entrevista con François Cluzet, protagonista de "En solitario"

François Cluzet tenía a sus espaldas una sólida carrera formada sobre todo por películas francesas, muchas de ellas con repercusión a nivel mundial. Esporádicamente, había llegado a aparecer brevemente en algún film de Hollywood, como "French Kiss" y "Prêt-à-porter", ambas rodadas en París. Pero con "Intocable" se ha convertido en toda una estrella del cine europeo. Tras la resaca del triunfo del film, protagoniza "En solitario", un film muy distinto.

Protagonista de "En solitario"

Tras el buen recibimiento de Intocable, ¿no se sentía presionado a la hora de elegir una nueva película porque se espera mucho de usted? ¿Por qué se decantó por En solitario?

 

Estoy convencido de que resulta mucho más fácil seguir adelante después de un enorme acontecimiento como Intocable, que tras un estrepitoso fracaso. Tenía muchas opciones, pues me han propuesto participar en numerosas películas.

 

Pero yo buscaba un proyecto con un director auténtico, que tuviera mucho sentido del arte cinematográfico. Conocía mucho a Christophe Offenstein, pues había sido el director de fotografía de los filmes de Guillaume Canet en los que yo había trabajado. Sabía que era alguien con mucho interés.

 

Un día me encontré con él, y me dijo que había escrito esta historia pensando en mí para el papel principal. Me dio el guión y me lo leí esa misma noche. Me encantó, así que al día siguiente le llame para decirle: "Sí, quiero hacer tu primera película".

 

Suponía para mí un desafío interpretar a un deportista de alto nivel con una revolución mental en la cabeza: un tipo que tiene la oportunidad de su vida, sustituye al patrón de barco número uno porque se rompe una pierna. Se encuentra en una situación corneliana, porque elija lo que elija parece que va a perder algo. Tiene que elegir qué victoria es más importante a sus ojos: la deportiva o la personal.

 


Ha pasado de reconstruir una historia real en Intocable a un guión de ficción en torno a la famosa carrera Vendée Globe. ¿Le resulta más difícil encarnar a un personaje auténtico o a uno inventado?

 

Más o menos, el proceso es similar. Aunque no existe un marino concreto al que le haya pasado todo esto, no está todo inventado en En solitario. Es una sucesión de hechos que han ocurrido a bordo de los barcos durante todas las regatas del mundo.

 

Por ejemplo, a veces te desvían de tu rumbo para ayudar a otro participante porque su barco ha volcado. Eso ocurre habitualmente.

 

Lo que es totalmente inventado es todo lo relativo al emigrante que se le cuela a bordo. Se tenía que encontrar el peor escollo que pudiera existir para que hubiera dramatización y se pudiese hacer cine. No podía ser que su barco volcara porque lo habrían salvado pero dejaría de competir, y ya no habría película.

 

La peor contrariedad, puesto que esta regata se hace en solitario, es que alguien subiera a bordo, porque si esto pasa lo descalifican, lo que hace que tenga que tomar una decisión espantosa. Por lo tanto, la historia del chico que se sube a bordo es una invención. ¿Qué hago con esta persona? ¿La tiro al agua?

 

Durante la película no puede desembarcarla porque el viento es desfavorable y además tiene que recuperar una buena posición en la carrera... Después porque le desvían de su rumbo, luego porque un participante ha volcado... Sin querer desvelar el final de la película, este tipo va a cambiar una buena posición por un desafío humano. Estamos ante una historia de confrontación con el joven, de cuestionamiento personal.

 

El caso es que parte con una ambición precisa que representa toda su vida pero después debe enfrentarse a una superación personal y muy íntima. Espero que se haya entendido bien el proceso mental por el que pasa mi personaje, y cómo evoluciona a consecuencia de lo que le ha ocurrido.

 

El rodaje ha tenido que ser un poco complicado. Me ha llamado la atención que no lleva chaleco salvavidas, ni va atado al barco, y eso tiene que ser peligroso para alguien que no navega habitualmente.

 

Era un poco arriesgado, pero eso también era excitante. La película contaba una aventura, pero los que participamos en el rodaje también vivimos otra aventura personal.

 

Éramos 18 personas a bordo y no era fácil filmar porque estábamos todos demasiado juntos. Había muy poco espacio para moverse. Exigía mucha generosidad y mucha concentración, aunque nosotros los actores no teníamos ninguna posibilidad de aislamiento. Por eso era bastante difícil concentrarse.

 

Pero todos estos condicionantes forman parte de la aventura y la enriquecen. Lo que quiero decir sobre el hecho de ir atado o no, es que la mayor parte de los patrones no se atan porque pasan en segundos del interior al exterior y tienen que ser muy rápidos para cambiar una vela, bajarla, subirla, modificar cosas de la navegación automática, etc.

 

Pensamos que era mejor que no me atara y que no llevara chaleco salvavidas, porque eso ofrece la impresión de que eres un turista.

 

Durante la promoción en Francia me preguntaban si no iba atado. Y yo decía que no por las mismas razones que le estoy contando. Pero un día nos llamaron de una asociación de patrones que nos pidieron por favor que no dijéramos que no íbamos atados. Al parecer eso es un gran problema para ellos, pues en la realidad no se atan, pero todo el mundo, y sobre todo sus familias, creen que sí, y sienten una mayor tranquilidad. La federación insiste que los marinos se aten porque, evidentemente, se producen muchos muertos cuando no están atados.

 

Colabora por tercera vez con Guillaume Canet, que tiene un papel pequeño en la película, tras hacer con él No se lo digas a nadie y Pequeñas mentiras sin importancia. ¿Qué representa este actor, guionista y director para usted?

 


Mantengo con él una relación de excelencia. Parece un poco pretencioso decirlo, pero para él soy el mejor y para mí él es el mejor, estamos muy contentos con trabajar el uno con el otro (risas).

 

En serio, me gusta mucho colaborar con él porque es un gran director que también es actor, por tanto, sabe muy bien lo que puede pedir a los actores y lo que no. Siempre estoy contento de estar a sus órdenes porque es un tipo muy exigente, es un gran trabajador y se puede tener una gran conversación con él sobre el guión. Por ejemplo, un personaje llora tres veces y digo: para mí sería mejor si no llora hasta el final, pero que entonces se funda en lágrimas. Y dice: "sí, sí tienes razón".

 

Entonces, el día que rodamos había que estar a la altura y lo conseguí porque las emociones no se dictan con la cabeza, hay que utilizar un instrumento fiable. Sólo se puede hacer si tu cabeza le pide al corazón que se emocione. Por entonces, mi cerebro le había dicho al corazón desde seis meses atrás que aquél era el momento en el que había que emocionarse, por lo que ya no le pillaba despistado.

 

En resumen, entiende muy bien las interpretaciones. Colaboro mucho con él porque siempre me confía papeles que son un poco los dos polos: tanto sentimentales como cómicos porque por un lado necesito que el cine que hago transmita algo, y por otro pienso que es muy sano para el ego hacer el ridículo y es estupendo poder hacer reír a la gente. Mi próxima película la voy a hacer con él.

 

La película Intocable triunfó en Francia, y lideró la taquilla española durante dos semanas. A nivel mundial recaudó más de 300 millones de dólares y ha tenido millones de espectadores en todo el mundo. ¿Cómo vivió este éxito?

 

Habla usted como los americanos, da primero el dinero (risas) y luego la cifra de espectadores. Pienso que he tenido mucha suerte de que la película fuera buena. Si hubiese hecho dos millones de espectadores, sólo en Francia, aunque no hubiera salido de allí ya estaríamos muy contentos. Habríamos tenido la sensación de que la película había tenido una buena carrera y habría sido formidable.

 

No sé el dinero que ha ganado, me lo está diciendo usted, pero creo que la han visto más de 50 millones de espectadores en el mundo. Para mí es una suerte enorme haber tenido un gran éxito como este. Al venir aquí me está hablando de Intocable y así la gente a través de su artículo, va a poder visualizar quién es el actor aunque no se acuerde de mi nombre y dirá "es el tipo que vi en una silla de ruedas en Intocable". Parece ridículo pero está muy bien. Da igual donde vaya, los periodistas siempre me preguntan por esta película y eso me hace feliz. Lo peor hubiese sido que me hablaran de una película que hubiera tenido éxito pero que fuera un bodrio. Sin embargo, esta película es buena, o sea que me puedo dar por satisfecho.

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