Despedida como crítica cinematográfica de Entertainment Weekly, Gillian Flynn se recicló como novelista. Su tercera obra, “Perdida” obtuvo un enorme éxito, y ella misma ejerce como guionista de la adaptación al cine.
¿Cómo fue el trabajo de adaptar su propia novela?
La novela tiene una trama bastante complicada e interconectada —y no es fácil de reestructurar porque las piezas están muy conectadas entre sí—, con lo que mi mayor preocupación era, sin traicionar el argumento, asegurarme de que la película no fuera mecánica en absoluto.
Quería estar segura de encontrar espacio para los matices, las relaciones y los personajes —el humor negro y los momentos sorprendentes— porque ahí es precisamente donde reside el desagradable y ponzoñoso alma de la historia.
¿Cree que David Fincher era el realizador ideal para adaptar el libro?
Incluso mientras escribía la novela, había algunas escenas que me imaginaba cómo las rodaría Fincher; podía verlas a través del objetivo de su cámara.
Sabía que Fincher le daría identidad propia a la historia y sabía que captaría el suspense y la claustrofobia del relato. Todo el mundo sabe que Fincher sabe provocar el miedo en sus filmes. Sin embargo, lo que siempre me ha gustado de sus películas son los estallidos de humor negro. Perdida, a pesar de toda su mezquindad, tiene también momentos de humor, y yo sabía que Fincher plasmaría eso en la pantalla. También me parecía que no convertiría Perdida en una rígida historia de misterio, sino que hallaría un hueco.
