Director prestigioso, meticuloso y perfeccionista, el británico Kenneth Branagh ha sabido reinventarse con películas muy alejadas de Shakespeare, como Thor. Ahora estrena en España Cenicienta, adaptación de uno de los cuentos más clásicos de la historia.
En líneas generales, la película es muy fiel al clásico de Perrault. ¿Tuvo tentaciones de cambiar algún elemento, añadir escenas más fantasiosas, etc.?
No. En cuanto leí el guión ya supe lo que iba a hacer: quitarme de en medio. Porque realmente creo en el mensaje de la película, que son la bondad y el coraje. Eso era lo importante, yo simplemente iba a ponerme detrás de la cámara. Pero el mensaje es claro y creo en él.
Hay gente que opina erróneamente que hay un contenido machista en las películas de Disney. ¿Cuáles son los valores de esta película?
No deseábamos en esta película que la protagonista fuera una víctima, que fuera pasiva, sino todo lo contrario. Queríamos que tuviera una gran fortaleza, aunque de modo silencioso. Por eso mostramos su infancia, su juventud, cómo lee, etc. Es alguien con mucha curiosidad, incluso va al baile para estar con un amigo, no para conseguir esposo. También acepta quedarse en su casa para honrar a sus padres, pero también para intentar comprender por qué son tan malos con ella. Y lo hace todo con una gran generosidad y eso le hace muy fuerte.
El diseño de vestuario es sensacional. ¿Se involucra mucho en la elección del vestuario? ¿Cómo ha sido trabajar con Sandy Powell?
Me involucro mucho. Sandy es una gran profesional y quiere trabajar siempre codo con codo con su director. Nos interesábamos mucho en cómo eran los personajes para luego diseñar los vestidos. Sandy se fijó mucho en el siglo XVIII y XIX, aunque también traía de vez en cuando diseños de Vogue. Sandy tiene una ética de trabajo brutal. Casi era la primera en llegar al trabajo (yo era el primero) y se iba justo antes de mí (risas). También es tremendamente detallista, hizo cientos de bocetos hasta que se elegieron los adecuados. La verdad es que esos vestidos aterrorizan, pero a la vez cómo le gustaría a uno ser el dueño de ellos...
¿Cuál fue la secuencia más complicada de rodar?
El baile. Fue tremendo, por la logística: la cantidad de actores que hay, los vestidos que hay, la cantidad corsés que había que poner, pantalones, etc., además de la música y la coreografía del baile en sí mismo. Utilizamos siete equipos de cámaras, que se dice pronto.
¿En qué género se ha sentido más cómodo, en el de superhéroes como Thor o en esta adaptación de cuento?
No sé si se puede hablar de comodidad... Lo más difícil de las dos películas ha sido encontrar el tono, de modo que el público se crea que estamos hablando de seres humanos en un mundo irreal. En Thor, por ejemplo, tenía que hacer creíble cómo unos tipos viajaban en caballo por el arco iris. En Cenicienta se trataba de hacer verosímil un cuento, pero no quería dulcificarlo demasiado, acaramelado, etc. Cómodo desde luego no es.
En varias de sus películas la figura paterna es muy poderosa. En Cenicienta, en Hamlet, en Frankenstein… ¿Por qué?
Supongo que responde a algo muy sencillo. Yo tuve una relación muy sana y buena con mi padre y, sí, seguramente sea un homenaje a mi padre.
¿Cuáles son sus próximos proyectos a corto plazo?
Estoy deseando volver de nuevo al teatro y tenemos un proyecto de hacer Romeo y Julieta, con Lily James y Richard Madden en los papeles protagonistas. También habrá más películas de Shakespeare.
¿Por qué escogió a Cate Blanchett en el papel de madrastra?
Ella estaba en el proyecto antes que yo, y de hecho eso me empujó a aceptar el proyecto. Creo que es la persona adecuada para hacer ese papel; entiendes perfectamente que el padre de Ella se vuelva a casar... Además es una actriz tan maravillosa, a la que le encanta transmitir esa maldad de su personaje pero a la vez transmitir su dolor sin que eso te lleve a tener lástima de ella. Lo borda. Es una magnífica actriz.
