El canadiense Denis Villeneuve sigue explorando un cine de altura, con capacidad de llegar al gran público, y con el apoyo de la maquinaria hollywoodiense. Con “Sicario” aborda el grave problema del narcotráfico, que tanto daño hace a México, y al que Estados Unidos no puede permanecer indiferente. El cineasta nos explica la obligada perspectiva moral que requiere la cuestión.
A semejanza del terror yihadista, los narcos quieren impresionar con una curiosa puesta en escena de cadáveres emparedados y cadáveres colgando y expuestos en la calle. ¿Qué piensa un cineasta como Denis Villeneuve, que se gana la vida poniendo en escena una historia, viendo a criminales usando estas técnicas?
Lo que vemos en la pantalla se basa en una realidad terrible que existe, es una ficción que recrea lo que ocurre en la frontera de Estados Unidos con México. Esta violencia ocurre. En Estados Unidos no llega a ese grado salvaje, aunque gradualmente se está introduciendo, y en México es así.
Es verdad que ISIS y los narcotraficantes utilizan el mismo modo de aterrorizar a la sociedad, aunque sus metas sean muy diferentes. Y da miedo el modo en que destruyen las instituciones mediante la corrupción. Resulta una verdadera amenaza a la democracia en todas partes.
Está claro que el cineasta con una cámara puede adoptar un punto de vista moral que enaltece su oficio, o denigrarlo. ¿Se lo plantea cuando decide hacer una película como Sicario?
Sí, y en esta película esta postura la representa la protagonista, Kate Macer, esa pregunta final que se hace el espectador de si va a disparar o no deja abierta la puerta a la esperanza, igual que los niños que siguen jugando a fútbol aunque se escuchen de fondo tiros.
Cuando ruedo la violencia, quiero dejar claro el daño que inflige a las víctimas, y que el espectador lo conozca. Yo deseo crear en el espectador una empatía, mientras que un yihadista lo que busca es atemorizar. Aunque tengo que dar más vueltas a este tema.
Filmar un acto de violencia debe ser para mí un acto de responsabilidad como cineasta. Sé que no debo convertirlo en un espectáculo, sino mostrar su impacto en las víctimas.
Cine de acción y cine de autor parecen incompatibles, pero viendo su película, parece que está reivindicando el género...
Agradezco el comentario. Porque ésta es mi película, igual que las anteriores, la he rodado, la he pensado, aunque pueda pensarse en ella como en una película de género y comercial. Para mí eso no es malo, es tan personal como las anteriores, a pesar de las etiquetas.
¿Se siente con menos libertad en estos proyectos de gran envergadura?
No, porque conservo mi identidad y mi libertad, por eso trabajo en Estados Unidos, si no, no lo haría. Exploro temas personales, como antes. Quizá la diferencia es que en los últimos tiempos no escribo los guiones, pero los hago míos, esta última película es muy mía, y encima la escribe alguien que hace esa tarea mejor que yo.
En Sicario he contado con los actores que yo quería. Y tenía el poder de decidir el montaje final. Me encantaba tanto el guión, que a pesar de las pegas que me ponían sobre la dureza de la historia, que era una minipelícula de guerra, que la protagonista era una mujer, etcétera, etcétera, yo me empeñé y la hice. Las limitaciones, en todo caso, venían por el presupuesto.
El cine debe llegar al gran público. Es lo que hacían Charles Chaplin, Steven Spielberg o Martin Scorsese. Quiero el mayor público posible. Lo ideal es cine de arte y ensayo para el gran público. No me comparo a los que he citado, son modelos. Al principio de mi carrera quizá tenía más esa visión pequeña de arte y ensayo, pero ahora quiero hacer películas que pueda entender mi madre.
La película es como un tatuaje sobre mi cara, y refleja mi identidad.
La película parece apostar por el mal menor, hay que saltarse algunas reglas, pactar con alguno de los grupos, para enfrentarse a amenazas tan serias en la Frontera. ¿Piensa que es así como está actuando Estados Unidos?
Sabemos que éste era el modo en que se enfrentaba ya a algunas amenazas procedentes de Latinoamérica en los años 70, quería ejercer cierto control. Aunque al final, se trata no sólo de la visión de Estados Unidos, sino de la visión occidental.
Hay toda una lógica siniestra en la guerra contra las drogas, porque de algún modo favorecía a los narcotraficantes, pues les permitía subir los precios. De todos modos quiero ser honrado, no soy un experto en la cuestión. He hecho una dramatización, y por otro lado pienso que los consumidores, en Canadá o en Estados Unidos, somos un problema para México. Y algunas de las acciones que se realizan no dejan de ser poco más que una tirita para la gran herida de las drogas.
