Con el permiso de su ilustre compatriota Zhang Yimou, seguramente Jia Zhang Ke es el cineasta chino más importante en la actualidad. Con un estilo personalísimo ha sabido atrapar las vicisitudes de la China reciente acudiendo a historias muy realistas, a veces con rasgos documentales, pero también con personajes muy humanos. Hablé con él en San Sebastián de su última película, “Más allá de las montañas”, que protagoniza su esposa Zhao Tao.
En los dos pretendientes de Tao en Más allá de las montañas, se personifican dos posturas filosóficas, el ser y el tener, algo que entiendo está muy presente en la China postcomunista, con un capitalismo de nuevo cuño.
La protagonista Zhao Tao ha tenido que tomar tres decisiones fundamentales en la vida, que de algún modo le han supuesto una pérdida.
Primero decide casarse con uno de los dos, y eso supone que ha perdido al otro amigo. Luego tenemos una segunda decisión, que sigue a la separación, y es con quién se queda el hijo nacido del matrimonio. Seguramente se ha tratado de una decisión muy difícil, dolorosa, se entiende que lo que ha hecho, lo ha hecho por el bien del niño, pero esto afecta al futuro de su relación de un modo determinante. Y tercera y última decisión, en que el padre se lleva al hijo al extranjero, lo que supone emigrar fuera de China y una separación más fuerte. Ella no se opone. Con este último tramo quiere poner el acento en el modo en que el consumismo está afectando en la actualidad a China.
Por experiencia personal advierto que muchos llegan a pensar que la solución de todo es el dinero, hay quien quiere que pensemos así, y desde luego, esto no es cierto. El deseo de tener dinero nos conduce a tomar decisiones que al final suponen verdaderas pérdidas.
Hablo desde mi experiencia personal. Mi padre murió en 2006 y mi madre se quedaba sola en el pueblo. Yo, de vez en cuando, iba a visitarla, y siempre le llevaba mucho dinero. De algún modo pensaba que con el dinero solucionaba los problemas y la hacía feliz. Pero caí en la cuenta de que ella no necesita el dinero, lo que necesita es mi tiempo. Cuando la puedo acompañar, entonces es feliz. Por eso vi que lo mejor era llevármela a Pekín y que viviera con nosotros. Pero hasta ese momento no lo vi, porque mi mentalidad era que atenderla era sobre todo atenderla económicamente. Me sorprendí con este descubrimiento.
Quise marcar el comienzo de la película en 1999 porque considero que es el año fronterizo entre antes y después de internet. En China puede comunicarse uno con este medio, y empiezan a proliferar los dispositivos animales, y también mejoran y se construyen las autopistas, pueden comprarse coches.
El año 2014, cuando el hijo visita a la madre, hay una distancia, una relación fría. Se usa un iPad para la comunicación con el padre y la nueva madre. Las nuevas tecnologías no están afectando, ha cambiado el modo en que interactuamos con los demás.
Y con respecto al año 2025, ¿se siente Jia Zhang Ke tan pesimista con respecto al futuro?
No estoy seguro. Lo que reflejo en la película quizá es porque China ha experimentado muchos cambios en muy poco tiempo. Ha sido tan rápido que puede dar esa sensación, lo entiendo, de que la realidad nos lleva hacia allí.
Considero que cada uno debe tener confianza. En el rostro de la madre al final pienso que se trasluce todo el sufrimiento y penalidades de la existencia, pero también se detecta una sonrisa, con la que quiero subrayar la fuerza de la vida por encima de todo.
Esta película mezcla tiempo y sentimiento. Espero que los jóvenes descubran esa ligazón.
Ha hecho ficción y documentales, pero a veces en sus películas se diluye la frontera entre un tipo de películas y otras. ¿Siempre tiene claro lo que quiere rodar, o sus filmes cobran vida mientras los va preparando?
Cada película tiene una columna vertebral, que conforma lo que es la trama, y línea maestra. ¿Y cómo lleno el resto? El documental está muy anclado a la realidad, con escenarios auténticos y personas que permiten reflejar una belleza como poesía. Pero esa vida real intento combinarla con esa trama, y así surgen mis películas.
¿Hasta qué punto los personajes de sus películas son libres y toman decisiones libres?
A muchos de los personajes de mis películas, les pasa lo que les tiene que pesar. En la sociedad china, tan dependiente en los tiempos recientes de los cambios sociales, económicos y culturales, no tienen todo el control.
Quiero expresar que las personas deben defender su orgullo y libertad personales.
¿Los guiones de sus películas están completamente cerrados? En Más allá de las montañas, se podía haber seguido a la familia del segundo pretendiente, por ejemplo, ahí hay otra película que podía ser apasionante.
En esta película, desde el principio, partí de la idea de mostrar las tres caras de Tao: cuando es joven, y la vemos bailando; luego cuando ya es una persona casada y ha sido madre; y el tercer momento de la madurez. La idea es completar esas tres imágenes, que son distintas etapas de la protagonista.
Cuando escribo el guión, escribo como un tercio de lo que es el resultado final, porque al rodar, cada personaje acaba marchando hacia donde debe ir.
A veces se da el caso de que personas con las que hemos mantenido una estrecha relación, desaparecen de nuestras vidas. ¿Cree que éste es el orden natural de las cosas?
Lo advierto en mi experiencia personal, supongo que a todos nos ocurre, las personas desaparecen y vuelven a aparecer, y el segundo encuentro suele ser emocionante. Las relaciones con las personas por eso a veces se convierte en recuerdos y añoranzas. A veces, un amigo con el que hace mucho que no tienes contacto, lo recuerdas, y es un modo de volver a relacionarte con él.
Me llama la atención lo que viene diciendo, que parece ir en sentido contrario de una decisión estética, la de ir abriendo el ancho de pantalla a medida que transcurre la narración, cuando las opciones de la protagonista se van cerrando.
Los distintos anchos de pantalla, aunque marcan los tres tramos de la narración, en realidad responden al hecho de que tenía un material documental inicial, el correspondiente al año 1999, que estaba rodado en 4:3, y a partir de ahí decidí rodar el resto igual, y luego el aspecto de los otros dos. La televisión en 1999 tenía ese tamaño. Luego acudí para 2014 al formato 1.85:1, también porque tenía materiales documentales de la mina. Y el futuro ya decidí expandirlo al ancho 2.35:1. Se nota además una evolución en el color, primero muy sólido, luego más suave.
Parte del film lo ha rodado en inglés, ¿cómo ha sido la experiencia?
El guión está escrito en chino, y un traductor vertió al inglés el tramo que lo requería. En cualquier caso, yo podía sentir cómo lo estaban haciendo los actores, y lo más importante era que que se notara que hablaban con acento.
