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Entrevistas

Declaraciones de Yoji Yamada, director de “Verano de una familia de Tokio”

A sus 86 años, Yoji Yamada sigue en plena forma. Cuando llega a las carteleras de España “Verano de una familia de Tokio”, segunda entrega de “Maravillosa familia de Tokio”, él ya se dispone a iniciar el rodaje de la tercera. Recopilamos algunas declaraciones de diversas entrevistas que ayudan a entender su cine y su nuevo estreno en particular.

Declaraciones de Yoji Yamada, director de “Verano de una familia de Tokio”

 

Sus películas recientes están muy enfocadas en la familia. ¿Hay alguna razón en particular para eso?

Me resulta difícil responder. Creo que tal vez sea porque el lugar donde aprendí a hacer cine, el antiguo estudio de Shochiku en Ofuna, que ya no existe, era tradicionalmente donde se rodaron dramas sobre la familia de Mikio Naruse y el maestro Yasujiro Ozu. Estudié allí, y supongo que ésa es la razón.

Si rodara una película como Salvar al soldado Ryan no tendría ningún interés en las grandes explosiones, el ejército subiendo por las playas, los aviones arrojando bombas, sangre por todos lados y gente muriendo. Al igual que a Yasujiro Ozu, lo que me interesaría sería retratar la tristeza de una madre cuando su hijo es enviado a la guerra, o las lágrimas cuando un amante va a la guerra. A Akira Kurosawa le gustaba hacer ese tipo de películas de estilo épico en el estudio japonés Toho, con 50 o 100 caballos cargando en la pantalla; pero a mí los caballos y todo eso me provocan un gran dolor de cabeza.

¿Fue tan importante Ozu para su cine?

1Yasujiro Ozu era mi ‘sensei’. Durante la Segunda Guerra Mundial estuvo en Singapur cuando Japón la invadió en 1942. En un cine de allí, Ozu veía muchas películas americanas todos los días, como Lo que el viento se llevó y Fantasía. Esa fue la primera vez que vio películas en color, y pensó: "Estamos en guerra con un país como éste, definitivamente vamos a perder". También pensó que si intentaba hacer películas así, en ese tipo de escala, él tampoco tendría nada que hacer.

Yo, como discípulo de Ozu, también creo que no hay forma de que las películas japonesas se puedan hacer con esos decorados enormes, con una gran casa incendiándose, por ejemplo. Pero puedo rodar dentro de una pequeña casa japonesa, con pantallas de papel y una familia alrededor de una mesita sobre un suelo de tatami: con una película así, no tendríamos nada que perder. Recientemente vi Gravity y pensé, "Wow, puedes hacer una película como esa". Pero no estoy interesado en hacerlo.

Incluso cuando rueda films de época, como El ocaso del samurái, hablar de la familia parece lo más importante para usted. ¿Está de acuerdo?

Mis películas tratan sobre cosas que puedes tocar con tus propias manos, que son tangibles porque proceden de mi propio entorno. Se trata de comunicar los sentimientos entre las personas. El ocaso del samurái trata sobre la vida cotidiana de una familia. Para eso, primero miré mi propia vida familiar. Por supuesto, mi familia no pelea con la espada. Pero si abstractas un poco las cosas, por ejemplo, cuando piensas en el jefe de una empresa que tiene que despedir a sus empleados, entonces este es un conflicto similar al que experimenta Seibei, el protagonista, en la película, que tiene que decidir entre poner fin a su vida o a la de su oponente.

¿Le preocupa que los televidentes de todo el mundo conozcan Japón a través de superproducciones de Hollywood como El último samurái?

Este tipo de películas no reflejan la cultura y la historia de Japón. Comienza con el hecho de que en el equipo de filmación de El último samurái probablemente no habrá ningún japonés. Uno se pregunta, por supuesto, cómo puede ser que un equipo no japonés pueda contar una historia japonesa, porque eso es casi imposible.

Recuerdo por ejemplo Pearl Harbor. Hay muchas cosas en la película, como la retratada militar japonesa, que nunca han sido así; se ha inventado mucho. Aún así, fue un gran éxito en Japón, lo cual es muy trágico para mí como cineasta.

2¿Se ve a sí mismo como un samurái?

No sé si soy una persona así, aunque me gustan mucho personajes como el de mi película El ocaso del samurái. Creo que pienso en cosas sin importancia, y no tengo su espíritu de lucha. Aunque me gustaría aclarar que un verdadero samurái logra abrumar a su oponente porque éste ni siquiera saca su espada. Me entristece pensar en las películas de Star Wars, donde pelean con esos sables de luz, porque el arte de la espada ha sido completamente incomprendido. Un verdadero samurái debe ser capaz de quitarle las ganas a su oponente de sacar el acero.

Nació en 1931. Ha vivido usted mucho, como la II Guerra Mundial.

Recuerdo que entonces los diarios nos decían todo el tiempo que estábamos ganando, a pesar de que íbamos perdiendo. El mayor disparate fue cuando llegó a 1945 y el ejército de EE. UU. iba a aterrizar en Japón. Se suponía que debíamos luchar con lanzas de bambú todos, hasta que quedara viva la última persona. Empecé a darme cuenta de que esto era ridículo; iba a morir también, pero si todos murieran, no quedaría ningún japonés.

¿Le preocupa que a medida que pasa el tiempo las personas se olviden de lo que sucedió en la guerra?

Sí, es un problema en todas partes, en América también. Cuando mi generación se vaya, no quedará nadie para contarle a la gente sobre eso. Los políticos japoneses ahora, como el primer ministro, nacieron después de la guerra.

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