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Biografía

Yasujiro Ozu

Yasujiro Ozu

59 años ()

Yasujiro Ozu

Nació el 12 de Diciembre de 1903 en Tokio, Japón
Falleció el 12 de Diciembre de 1963 en Tokio, Japón

Cine en familia

19 Julio 2013

La tríada de grandes directores clásicos japoneses incluye tradicionalmente a Akira Kurosawa, Kenji Mizoguchi y Yasujiro Ozu. Quizá el de señas más reconocibles y el más universal, por su amplia y continua mirada al microcosmos de la familia, sea Ozu, un director que sabía lo que era el amor en la vida corriente, más allá de las penalidades que trae consigo el día a día.

Yasujiro Ozu nació en Tokio el 3 de diciembre de 1903, y sesenta años después, el día de su cumpleaños, a la edad en que los japoneses celebran el “kanreki”, dejaría este mundo. Su vida y su carrera en el mundo del cine corren de algún modo parejas a la evolución que le tocó sufrir a su país, inmerso en un feudalismo de corte rural que daría paso a la inevitable modernidad en las grandes urbes, igual que las tendencias imperialistas terminarían mordiendo el polvo con la derrota en la Segunda Guerra Mundial y la tutela norteamericana, que facilitaría una democratización por la que nada sería como antes. La transformación del mundo en que se ha criado y ha crecido Yasujiro formará parte de su mundo fílmico, aunque descrita con una enorme sutileza y sin acritud o lamentos estériles, mediante una característica atmósfera nostálgica por algo inefable que se ha perdido inevitablemente en el camino y que se añora.

El futuro cineasta era el tercero de cinco hermanos de una familia acomodada, donde el padre, hombre de negocios, paraba poco en casa, lo que le llevó a estrechar lazos con su madre, hasta el punto de que vivirían bajo el mismo techo hasta la muerte de ella, acontecida un año antes de la suya. Incluso se produjo cierta escisión por motivos de la empresa familiar de abonos y fertilizantes, que condujeron a que en 1913 la madre se mudara con los cinco hijos a Matsuzaka, sede principal del negocio, con idea de que ella tomara ahí las riendas, mientras el progenitor se dedicaba de modo preferente a cultivar los clientes en Tokio. Así se puede observar que Yasujiro conoció desde temprana edad los entornos rural y urbano, y sin caer en pretender que sus filmes son estrictamente autobiográficos, sí se puede decir que su mirada a la propia familia debió ser honda e influir en su certeros cuadros de los hogares nipones, donde el rasgo más destacado consiste siempre en mostrar la completa normalidad, los dramas que acontecen son siempre los dramas cotidianos, que pasan inadvertidos para la mayoría de aquellos que no forman parte del círculo de confianza de la familia protagonista.

Yasujiro Ozu aprendió a amar el cine contemplando películas provenientes de Estados Unidos. Lo que no deja de ser paradójico en un director que suele ser considerado como autor exótico lejos de los parámetros occidentales, impresión falsa, ya que trata como tema principal algo tan universal como es la familia. En realidad Ozu no hizo una inmersión en el cine de sus compatriotas hasta que se sintió obligado a ello por comenzar a trabajar en la industria, en los estudios Shochiku de Shiro Kido, con sede en Kamata.

Fue en el cine Atagoza de Marsuzaka -“de no haber sido por esta sala, nunca hubiera sido director de cine”, aseguraba- donde vio cintas de Pearl White, Lillian Gish y William S. Hart. Y le marcarían cineastas como Rex Ingram, Charles Chaplin, Ernst Lubitsch y King Vidor. Nunca dejó de interesarle el cine de Hollywood, pues años después hablará con admiración de Orson Welles, John Ford y Alfred Hitchcock, e incluso de cintas animadas de Disney como Fantasía. A temprana edad los estudios no le interesaban demasiado, y en cambio no perdía ocasión para escaparse a la sala oscura del cine.

El ascenso hasta la dirección cinematográfica fue gradual. Antes hubo un intento de ingreso fallido en la escuela comercial de Kobe donde había estudiado su hermano mayor, un año de paro, y su trabajo como maestro. Parece que en esta época se aficionó al sake que acabaría afectando a su salud, y este tema, el de la bebida, también acabaría integrado en sus películas. En cualquier caso se impuso por decisión paterna el regreso a Tokio con la familia, cara a ordenar una trayectoria errática. Gracias a un tío suyo pudo conectar con los estudios Shochiku, que le ficharon en 1923 como ayudante de cámara, y aunque al padre no le convencía mucho tal dedicación profesional, acabaría centrando al veinteañero, que daría a su pasión por el cine una salida laboral.

Ozu encajó bien en la estructura particular del estudio -casi todas sus películas las rodaría ahí-, y conoció a alguien que sería fiel colaborador en su carrera, el guionista Kogo Noda. Aprendería el oficio de la mano de Joji Ohara e Hiroshi Sakai, aunque no manifestaba un especial interés por llegar a manejar la batuta de director, y tampoco se plegaría a influencias estilísticas manifiestas; de esta desgana inicial podría ser representativo el hecho de que su primera película, de 1927, muda y perdida en la actualidad, es una cinta de época de samuráis, La espada de la penitencia, la única del género “jidai geki” que entregó a lo largo de una carrera de 35 años. Según él mismo declaró, “no he tenido a nadie que pueda llamarse mi maestro”. De todos modos, aprendió las claves de la comedia a la japonesa junto al director Tadamoto Okubo, aunque él luego a la hora de abordar el género le daría un toque personal, acusando su conocimiento del cine de Chaplin y Lubitsch. En 1926 Kido, el jefe del estudio, confió en él lo suficiente para encargarle un guión, aunque no se rodaría hasta mucho después, en 1934, con dirección de Kintao Inoue.

Tras una pausa para cumplir el servicio militar, Ozu volvió a Shochiku, y empezó a rodar películas a buen ritmo, melodramas y comedias que respondían a la marca de la casa, y cintas gangsteriles. Algunos rostros conocidos de sus cintas posteriores se asoman ya en estos tempranos trabajos mudos, desconocidos casi todos en Occidente, e incluso irremisiblemente perdidos, como los de Chishu Ryu y Tatsuo Saito.

La vida de Ozu discurrirá relativamente tranquila, como la de los personajes de sus filmes más conocidos, las alteraciones que le sacuden son las que afectan a la gente corriente, como la muerte del padre en 1934, mientras rodaba Amad a la padre, que curiosamente incluía una escena sobre ese tema luctuoso; no sería la única vez, y el guionista Noda asegura que una escena semejante de Érase un padre (1942) partía de sus recuerdos personales. Los diarios, constantes sobre todo a partir de 1933, manifiestan esa normalidad, ahí se queja de los militares, del cansancio, de la falta de dinero, y manifiesta sus problemas de insomnio. A pesar de su gusto por el sake -cuyo consumo, insiste, debería moderar-, aparece como un hombre culto y amable nada dado a los excesos, que disfruta de los pequeños placeres cotidianos como la lectura y el visionado de películas, o el seguimiento del béisbol. Probablemente lo más “emocionante” en la existencia de Ozu fue su paso por ejército y más concretamente su llamada durante la guerra con China, que le ocupó casi dos años, aunque según dejó constancia en los diarios, y sin entrar en valoraciones políticas, aquello le parecía una lamentable pérdida de tiempo, “intentaré salir con bien de todo esto”, señalaba. En aquella época fue testigo de la sangrienta toma de Nanking, que abundó como ocurre e todo conflicto bélico en acciones brutales. Resulta llamativo que a pesar de su experiencia personal, el cineasta decidiera ignorar en su cine el tema de la guerra, nunca lo trató directamente. Según parece Ozu dejó de escribir o destruyó en sus diarios todo lo relativo a la década 1939-1949, probablemente quiso hacer borrón y cuenta nueva en lo relativo a la aventura bélica de su país; aunque otras interpretaciones consideran que se perdió esa parte del diario en un incendio que afectó a los estudios de Shochiku en 1952, y que destruyó el apartamento donde solía trabajar.

Muy pudoroso, poco se conoce de su vida privada, los que le conocieron le describen como tímido; nunca se casó, aunque sí le adjudicaron algún supuesto romance con alguna actriz, y se refiere con frecuencia a su estrecha relación con Sakae Mori, una geisha que respondía al nombre de Senmaru. A Ozu le molestó que ésta inspirara un relato de Rintaro Takeda, hasta el punto de escribir en el diario: “¿Cómo permitirse morir, si estando vivo, ya escucha uno cosas como éstas?”.

La revista Kinema Jumpo va reconociendo paulatinamente sus logros cinematográficos. El cine sonoro se introduce algo tardíamente en Japón, por lo que Ozu sigue entregando filmes mudos de gran madurez como He nacido, pero... (1932), de suave humor, que además de tratar la conciliación de trabajo y vida familiar, ofrece una simpática mirada a la infancia, que tendrá continuidad en su filmografía, de modo notable en la más tardía y ya en color Buenos días (1959). La ternura con que el director mira a la ancianidad hace pensar en una suerte de segunda infancia en esta etapa otoñal de la vida, como puede observarse en el matrimonio anciano de la magistral Cuentos de Tokio (1953).

Con Ozu cabe la tentación de resumir diciendo que siempre rodaba la misma película, se habla incluso de la circularidad de su filmografía y de minimalismo. Lo cual es cierto... hasta cierto punto. Porque en efecto, son siempre relaciones cotidianas e historias mínimas en el seno familiar donde impera la normalidad, hasta el punto de que la memoria del comentarista puede terminar mezclando películas, no recordar exactamente en qué película un progenitor viudo trasladaba casi inconscientemente su sentido de culpa por una muerte accidental sobre su hijo -Había un padre (1942)-, o en qué cinta la hija soltera no acaba de aprovechar oportunidades matrimoniales por acompañar a su padre viudo -Primavera tardía (1949)-. Mil variaciones sobre el mismo tema, pero claro, la enormidad del tema consiste nada menos que en la persona y las relaciones con sus semejantes, los vínculos familiares y las obligaciones subsiguientes, la vida misma pintada con una ternura delicadísima. De modo que dominan los contrastes generacionales -Principios de verano (1951) además de las citada Cuentos de Tokio-, las relaciones fraternales -Las hermanas Munekata (1950), Crepúsculo en Tokio (1957)- las preocupaciones casamenteras, las frustraciones laborales... La vida es hermosa pero se encuentra transida de momentos agridulces, y a veces somos como pájaros encerrados a nuestro pesar en una jaula, como sugieren las imágenes de Principios de verano.

Ritmo tranquilo, silencios significativos, miradas contemplativas, cámara inmóvil o casi. Muchas escenas de interiores con el objetivo a la altura del tatami, como sentándose con los personajes. Planos de composición muy elaborada, preparados de modo meticuloso, el cineasta siempre tiene la última palabra sobre el encuadre que aprovecha la geometría de las puertas correderas o las entradas a las casas. Ozu es un poeta de la vida corriente, parece que escuchamos la brisa crepuscular con sus personajes, y somos trasladados con ellos a una existencia donde no hay prisas, ni siquiera cuando se plantea que sería hora de ir tomando ya ciertas decisiones. Sus películas están repletas de emoción genuina, son historias de amor en su sentido más hondo y que se despliegan con distintos rostros, un verdadero portento de sensibilidad, donde nunca hay espacio para la sensiblería obvia o los aspavientos.

Filmografía
El sabor del sake

1962 | Sanma no aji

Shubei es un viudo que vive con su hija de 24 años. Sintiéndose viejo y acabado, Shubei se da cuenta de que ella debería vivir su vida y no tener la obligación de cuidarle permanentemente, así que decidirá casarla. Como alivio para la soledad, busca consuelo en el licor del sake. El propio director vivió el infierno del alcoholismo en primera persona.

7/10
El otoño de la familia Kohayagawa

1961 | Kohayagawa-ke no aki

Típica historia de Yasujiro Ozu, con patriarca anciano y viudo e hijas casaderas. El director nipón describe con sutileza los sentimientos, y ofrece un memorable final, con el cortejo fúnebre sobre el puente.

7/10
Otoño tardío

1960 | Akibiyori

Miwa ha fallecido, por lo que sus mejores amigos deciden hacerse cargo del futuro de su viuda, Akiko, y su hija, Ayaki. Todos creen que la mejor solución es casar a la joven, pero ésta rechaza uno tras otro a todos los candidatos que le ofrecen. Por ello deciden casar primero a Akiko pero aunque alguno de los amigos de Miwa es viudo, ella no puede olvidar a su marido muerto.

8/10
La hierba errante

1959 | Ukigusa

El director de una compañía japonesa de teatro se reencuentra con una antigua amante y su hijo, al que éste cree que es su tío. La actriz protagonista, que se pone celosa, intenta dejar en evidencia a su director, y le dice a una compañera que intente seducir a su hijo.

7/10
Buenos días

1959 | Ohayo

Una familia como cualquier otra: El padre, con los altibajos de su trabajo, los hijos obsesionados por tener tele en casa, la madre, preocupada por emplear bien el dinero y las múltiples complicaciones de la vida doméstica. Esta película contempla el suburbano Japonés de los 50. Se centra en las vidas diarias de la gente de una pequeña comunidad y en la manera de actuar de estos habitantes.

7/10
Flores de equinoccio

1958 | Higanbana

Wataru es un empresario al que sus amigos piden siempre consejo. Le consideran un hombre experimentado, ideal para orientarles en sus crisis conyugales. Sin embargo, la hija mayor de Wataru ha decidido casarse repentinamente, sin seguir la tradición de pedir el visto bueno a su progenitor.El maestro Yasujiro Ozu rodó numerosos dramas sobre las relaciones entre padres e hijos, como éste que nos ocupa, sin duda, uno de sus mejores trabajos, rebosante de humanidad.

7/10
Crepúsculo en Tokio

1957 | Tôkyô boshoku

Akiko y Takako crecieron con su padre, tras abandonarlas su madre. Con el paso del tiempo, su atípica situación familiar ha dejado a las hermanas marcadas. Akiko pasa el tiempo en bares, en busca del hombre ideal. Takako está casada, pero su marido tiene problemas con el alcohol.Como en el resto de su filmografía, el maestro Yasujiro Ozu expone problemas personales de personas sencillas. Se centra especialmente en la soledad y en la comunicación familiar.

8/10
Cuentos de Tokio

1953 | Tokyo monogatari

Un matrimonio anciano acude a Tokio para visitar a sus hijos, uno de ellos convertido en un prestigioso médico. En su obra maestra, Ozu, uno de los directores japoneses de mayor reputación mundial, ofrece una lección de planificación cinematográfica y describe la vida de los habitantes de su país tras la Segunda Guerra Mundial. Como es habitual en su filmografía, Ozu logra momentos de gran cine, a partir de escenas puramente cotidianas. Los actores son los habituales de casi todas las películas del cineasta.

9/10
El sabor del té verde con arroz

1952 | Ochazuke no aji

Taeko, mujer sofisticada de la alta sociedad, siente que se aburre con su marido, un hombre de costumbres muy simples. De las mejores películas de Ozu sobre la familia, por su apología del matrimonio unido.

6/10
Principios de verano

1951 | Bakushu

El Japón de después de la guerra. En un hogar de Tokio conviven tres generaciones. Los abuelos, el hijo médico, casado y con dos niños, y la joven soltera Noriko, que sufre presiones del entorno para casarse. La sociedad ha cambiado, pero esto no acaban de entenderlo ni la familia de ella, ni su jefe, que creen que su estilo moderno, de no tomar decisiones precipitadas en lo referente al matrimonio, es escandaloso, o casi. Porque le insisten acerca de un hombre que podría ser un buen partido, aunque el marido ideal tal vez podría ser un hombre viudo, padre de una niña y compañero médico del hermano de Noriko, que vive en la casa de al lado con su madre. El maestro Yasujiro Ozu incide con la extraordinaria y radiante actriz Setsuko Hara (Primavera tardía, Cuentos de Tokio) en el tema de las preocupaciones casamenteras, lo que le sirve para trazar un completo cuadro de relaciones afectivas, y de la importancia de la familia, aunque a veces haya cariños que "matan". Como es habitual en el cineasta, el ritmo narrativo es tranquilo y placentero, se diría que apenas ocurre nada, pero las conversaciones entre el matrimonio mayor, las travesuras de los críos, las charlas íntimas entre amigas solteras, ahondan en el alma humana y sus anhelos de modo notable. Hay una gran sabiduría en el reconocimiento de que la felicidad está hecha de pequeñas cosas, y que nunca faltan sinsabores, como el de la separación física, o el de que las cosas no salgan como uno había planeado; hay en ese sentido una suave melancolía, que recuerda la fugacidad de la vida, de sus momentos tristes o alegres. Ozu sostiene con maestría planos de los pasillos del hogar, con el simbolismo de los pájaros en sus jaulas, que trinan alegres, pero que no dejan de estar encerrados. Algunos momentos de esta joya fílmica son preciosos, como la conversación de Noriko con su cuñada, a orillas del mar, en la playa, tanto por los diálogos, transidos de afecto y de apelación a la responsabilidad, como por la composición de los planos.

9/10
Las hermanas Munekata

1950 | Munekata kyoudai

Dos hermanas viven juntas con el marido de una de ellas. Pero hay problemas: un triste pasado pesa sobre la familia. Yasujiro Ozu ofrece un film pleno de  elegancia y dramatismo.

8/10
Primavera tardía

1949 | Banshun

Dentro de la filmografía de Yasujiro Ozo destaca Primavera tardía, uno de sus títulos más geniales, y en el que aparecen sus temas principales, sobre los que haría luego mil y una variaciones en la filmografía posterior. La película se centra en la relación entre Kasuyochi (Hohi Aoki), un hombre viudo, y su hija Noriko (Setsuko Hara), en edad casadera, pero que rehúsa siquiera plantearse el matrimonio, por el deseo de cuidar de su progenitor. Kasuyochi, que desea ante todo la felicidad de su hija, se planteará la idea de casarse de nuevo, para que su hija no se sienta obligada por el deseo de cumplir con su deber filial; en parte actua así porque piensa que la actitud de su hija puede deberse también al hecho de encontrarse en una situación cómoda, que ya conoce, y a que la prefiere en vez de enfrentarse al desafío de formar su propia familia. La relación entre padres e hijos, el choque generacional, es una cuestión que aletea en prácticamente todo el cine de Ozu, aun en los títulos que imprime un tono más ligero, sentido del humor incluido. Aquí este maestro en humanidad es todo un prodigio de delicadeza por el modo en que teje las acciones de uno y otro personaje: la tía que busca un pretendiente, las miradas entre padre e hija, que anticipan los temas sobre los van a conversar. Los actores, que repitireron con el director en varias ocasiones, están perfectos. “Formulé mi propio estilo de dirección en mi cabeza, procediendo sin una imitación innecesaria de otros… No he tenido a alguien a quien pueda llamar maestro. Me apoyé en mi propia fuerza”, asegura Ozu a la hora de describir cómo son sus filmes. La cámara está siempre estática, pero los encuadres y los planos de transición en exteriores le conceden el necesario dinamismo. Curiosamente, aunque aborda historias centradas en la familia, el director nipón nunca se casó.

7/10
Una gallina en el viento

1948 | Kaze no naka no mendori

Japón, después de la guerra. Una mujer, Tokiko, con un niño. El marido no ha vuelto a casa todavía, tal vez está en un campo de prisioneros, nada se nos dice al respecto. Ella debe sacar el hogar adelante ahogada en penurias económicas. Cuando el pequeño enferma gravemente, acepta trabajar una noche en una casa de citas para poder pagar el tratamiento médico. Al llegar la hora de que el esposo regrese, ese hecho se convertirá en una brecha que les separa. Sensible drama sobre las relaciones matrimoniales del maestro nipón Yasujiro Ozu, que firma el guión de la cinta junto a Ryosuke Saito. Con su habitual delicadeza y estudiadísimo tempo lento, hace una perfecta definición de caracteres, del matrimonio protagonista, pero también de los amigos de ambos, de la casera y su esposo, o de la chica que destapa las contradicciones del juicio severo del marido con respecto a Tokiko. Ozu logra el milagro de que lo que parece artificio no lo sea, en especial en la dramática escena de la escalera, verdaderamente desgarradora. Y hace reflexionar acerca de los sacrificios que conlleva el matrimonio, y la necesidad de saber amar y perdonar.

7/10
Historia de un vecindario

1947 | Nagaya shinshiroku

Al término de la guerra en Japón un niño perdido es llevado a la casa de Tané, una viuda sin hijos, para que se haga cargo de él. A pesar de recibirlo a regañadientes, poco a poco se va encariñando con el muchacho, pero un buen día, el padre del crío aparece. Tragicomedia de posguerra dirigida por Yasujiro Ozu (Flores de equinoccio).

5/10
Había un padre

1942 | Chichi ariki

Maravillosa película del maestro japonés Yasujiro Ozu, acerca de la relación entre un padre viudo y su hijo. Su vida se ve afectada trágicamente cuando el progenitor, profesor en un colegio, va de excursión con los chicos de su clase, y uno muere de modo accidental. Incapaz de perdonarse por no haber estado más atento, abandona la enseñanza, y mete al chico interno en una escuela. El tiempo pasará, y el chaval se convertirá en profesor. Y aunque la relación afectiva está presidida por el cariño, pesa la distancia que puso entre padre e hijo el mencionado suceso. Ozu narra su historia con adecuada premiosidad, y de un modo muy sutil, con silencios y miradas, nos hace partícipes de los sentimientos de los dos protagonistas. Un pasaje muy emotivo es el de la reunión del antiguo profesor con sus alumnos, ya adultos, convertidos en buenos profesionales y padres de familia. El film fue rodado en 1942, en plena guerra.

7/10
Hermanos y hermanas de la familia Toda

1941 | Todake no kyodai

A la muerte del señor Toda, los miembros de su familia se enteran de que ha dejado una gran deuda. El director de Los cuentos de Tokyo incide en su tema favorito: las relaciones familiares.

6/10
El hijo único

1936 | Hitori musuko

Una mujer de campo ha sacrificado todo por dar una buena educación a su hijo. Ella cree que es feliz, pero al visitarle en la ciudad, constata que lleva una vida dura.Sensible dibujo de la cotidianeidad de preguerra, por el maestro Ozu.

5/10
Un albergue en Tokio

1935 | Tokyo no yado

Historia de hierbas flotantes

1934 | Ukikusa monogatari

Delicado film de Ozu, sobre la relación entre un joven y su padre, actor. Éste, avergonzado de su profesión, ha mantenido al chico lejos de ese mundo, e incluso pretende ser sólo su tío. Pero algo va a cambiar.

6/10
Tentación (1933)

1933 | Dekigokoro

Kihachi es un delincuente que intenta que su hijo Tomio siga sus mismos pasos. Un día Kihachi conoce a una bella mujer. Drama con toques de humor donde el protagonista aparece un tanto ridiculizado. Este personaje está basado en una persona real que el propio director conoció siendo un niño.

5/10
He nacido, pero...

1932 | Otona no miru ehon

Encantadora película muda de Yasujiro Ozu, donde el maestro japonés juega al contraste entre la sumisión del señor Yoshii a su jefe, y la que él reclama a sus dos hijos pequeños, algo a lo que ellos no parecen demasiado dispuestos, en parte porque se avergüenzan de lo que les parece una actitud servil. Con una trama ligera y elementos cómicos –la huelga de hambre de los chiquillos por ejemplo, rota por culpa de unas deliciosas bolas de arroz–, Ozu pinta un simpático cuadro familiar, a la vez que habla de resignación, un enfoque vital muy oriental.

6/10
Tokyo Chorus

1931 | Tokyo no korasu

El asesino del samurai (Samurai Assassin)

1965 | Samurai

En pleno siglo XIX, Niiro es un samurai que planea dar muerte al emperador como estrategia para subir escalafones en su carrera de guerrero. De nuevo Toshiro Mifune se pone en el papel de un aguerrido samurai como ya hizo en 1954.

5/10
El sabor del sake

1962 | Sanma no aji

Shubei es un viudo que vive con su hija de 24 años. Sintiéndose viejo y acabado, Shubei se da cuenta de que ella debería vivir su vida y no tener la obligación de cuidarle permanentemente, así que decidirá casarla. Como alivio para la soledad, busca consuelo en el licor del sake. El propio director vivió el infierno del alcoholismo en primera persona.

7/10
El otoño de la familia Kohayagawa

1961 | Kohayagawa-ke no aki

Típica historia de Yasujiro Ozu, con patriarca anciano y viudo e hijas casaderas. El director nipón describe con sutileza los sentimientos, y ofrece un memorable final, con el cortejo fúnebre sobre el puente.

7/10
Otoño tardío

1960 | Akibiyori

Miwa ha fallecido, por lo que sus mejores amigos deciden hacerse cargo del futuro de su viuda, Akiko, y su hija, Ayaki. Todos creen que la mejor solución es casar a la joven, pero ésta rechaza uno tras otro a todos los candidatos que le ofrecen. Por ello deciden casar primero a Akiko pero aunque alguno de los amigos de Miwa es viudo, ella no puede olvidar a su marido muerto.

8/10
La hierba errante

1959 | Ukigusa

El director de una compañía japonesa de teatro se reencuentra con una antigua amante y su hijo, al que éste cree que es su tío. La actriz protagonista, que se pone celosa, intenta dejar en evidencia a su director, y le dice a una compañera que intente seducir a su hijo.

7/10
Buenos días

1959 | Ohayo

Una familia como cualquier otra: El padre, con los altibajos de su trabajo, los hijos obsesionados por tener tele en casa, la madre, preocupada por emplear bien el dinero y las múltiples complicaciones de la vida doméstica. Esta película contempla el suburbano Japonés de los 50. Se centra en las vidas diarias de la gente de una pequeña comunidad y en la manera de actuar de estos habitantes.

7/10
Flores de equinoccio

1958 | Higanbana

Wataru es un empresario al que sus amigos piden siempre consejo. Le consideran un hombre experimentado, ideal para orientarles en sus crisis conyugales. Sin embargo, la hija mayor de Wataru ha decidido casarse repentinamente, sin seguir la tradición de pedir el visto bueno a su progenitor.El maestro Yasujiro Ozu rodó numerosos dramas sobre las relaciones entre padres e hijos, como éste que nos ocupa, sin duda, uno de sus mejores trabajos, rebosante de humanidad.

7/10
Crepúsculo en Tokio

1957 | Tôkyô boshoku

Akiko y Takako crecieron con su padre, tras abandonarlas su madre. Con el paso del tiempo, su atípica situación familiar ha dejado a las hermanas marcadas. Akiko pasa el tiempo en bares, en busca del hombre ideal. Takako está casada, pero su marido tiene problemas con el alcohol.Como en el resto de su filmografía, el maestro Yasujiro Ozu expone problemas personales de personas sencillas. Se centra especialmente en la soledad y en la comunicación familiar.

8/10
Cuentos de Tokio

1953 | Tokyo monogatari

Un matrimonio anciano acude a Tokio para visitar a sus hijos, uno de ellos convertido en un prestigioso médico. En su obra maestra, Ozu, uno de los directores japoneses de mayor reputación mundial, ofrece una lección de planificación cinematográfica y describe la vida de los habitantes de su país tras la Segunda Guerra Mundial. Como es habitual en su filmografía, Ozu logra momentos de gran cine, a partir de escenas puramente cotidianas. Los actores son los habituales de casi todas las películas del cineasta.

9/10
El sabor del té verde con arroz

1952 | Ochazuke no aji

Taeko, mujer sofisticada de la alta sociedad, siente que se aburre con su marido, un hombre de costumbres muy simples. De las mejores películas de Ozu sobre la familia, por su apología del matrimonio unido.

6/10
Principios de verano

1951 | Bakushu

El Japón de después de la guerra. En un hogar de Tokio conviven tres generaciones. Los abuelos, el hijo médico, casado y con dos niños, y la joven soltera Noriko, que sufre presiones del entorno para casarse. La sociedad ha cambiado, pero esto no acaban de entenderlo ni la familia de ella, ni su jefe, que creen que su estilo moderno, de no tomar decisiones precipitadas en lo referente al matrimonio, es escandaloso, o casi. Porque le insisten acerca de un hombre que podría ser un buen partido, aunque el marido ideal tal vez podría ser un hombre viudo, padre de una niña y compañero médico del hermano de Noriko, que vive en la casa de al lado con su madre. El maestro Yasujiro Ozu incide con la extraordinaria y radiante actriz Setsuko Hara (Primavera tardía, Cuentos de Tokio) en el tema de las preocupaciones casamenteras, lo que le sirve para trazar un completo cuadro de relaciones afectivas, y de la importancia de la familia, aunque a veces haya cariños que "matan". Como es habitual en el cineasta, el ritmo narrativo es tranquilo y placentero, se diría que apenas ocurre nada, pero las conversaciones entre el matrimonio mayor, las travesuras de los críos, las charlas íntimas entre amigas solteras, ahondan en el alma humana y sus anhelos de modo notable. Hay una gran sabiduría en el reconocimiento de que la felicidad está hecha de pequeñas cosas, y que nunca faltan sinsabores, como el de la separación física, o el de que las cosas no salgan como uno había planeado; hay en ese sentido una suave melancolía, que recuerda la fugacidad de la vida, de sus momentos tristes o alegres. Ozu sostiene con maestría planos de los pasillos del hogar, con el simbolismo de los pájaros en sus jaulas, que trinan alegres, pero que no dejan de estar encerrados. Algunos momentos de esta joya fílmica son preciosos, como la conversación de Noriko con su cuñada, a orillas del mar, en la playa, tanto por los diálogos, transidos de afecto y de apelación a la responsabilidad, como por la composición de los planos.

9/10
Las hermanas Munekata

1950 | Munekata kyoudai

Dos hermanas viven juntas con el marido de una de ellas. Pero hay problemas: un triste pasado pesa sobre la familia. Yasujiro Ozu ofrece un film pleno de  elegancia y dramatismo.

8/10
Una gallina en el viento

1948 | Kaze no naka no mendori

Japón, después de la guerra. Una mujer, Tokiko, con un niño. El marido no ha vuelto a casa todavía, tal vez está en un campo de prisioneros, nada se nos dice al respecto. Ella debe sacar el hogar adelante ahogada en penurias económicas. Cuando el pequeño enferma gravemente, acepta trabajar una noche en una casa de citas para poder pagar el tratamiento médico. Al llegar la hora de que el esposo regrese, ese hecho se convertirá en una brecha que les separa. Sensible drama sobre las relaciones matrimoniales del maestro nipón Yasujiro Ozu, que firma el guión de la cinta junto a Ryosuke Saito. Con su habitual delicadeza y estudiadísimo tempo lento, hace una perfecta definición de caracteres, del matrimonio protagonista, pero también de los amigos de ambos, de la casera y su esposo, o de la chica que destapa las contradicciones del juicio severo del marido con respecto a Tokiko. Ozu logra el milagro de que lo que parece artificio no lo sea, en especial en la dramática escena de la escalera, verdaderamente desgarradora. Y hace reflexionar acerca de los sacrificios que conlleva el matrimonio, y la necesidad de saber amar y perdonar.

7/10
Historia de un vecindario

1947 | Nagaya shinshiroku

Al término de la guerra en Japón un niño perdido es llevado a la casa de Tané, una viuda sin hijos, para que se haga cargo de él. A pesar de recibirlo a regañadientes, poco a poco se va encariñando con el muchacho, pero un buen día, el padre del crío aparece. Tragicomedia de posguerra dirigida por Yasujiro Ozu (Flores de equinoccio).

5/10
Había un padre

1942 | Chichi ariki

Maravillosa película del maestro japonés Yasujiro Ozu, acerca de la relación entre un padre viudo y su hijo. Su vida se ve afectada trágicamente cuando el progenitor, profesor en un colegio, va de excursión con los chicos de su clase, y uno muere de modo accidental. Incapaz de perdonarse por no haber estado más atento, abandona la enseñanza, y mete al chico interno en una escuela. El tiempo pasará, y el chaval se convertirá en profesor. Y aunque la relación afectiva está presidida por el cariño, pesa la distancia que puso entre padre e hijo el mencionado suceso. Ozu narra su historia con adecuada premiosidad, y de un modo muy sutil, con silencios y miradas, nos hace partícipes de los sentimientos de los dos protagonistas. Un pasaje muy emotivo es el de la reunión del antiguo profesor con sus alumnos, ya adultos, convertidos en buenos profesionales y padres de familia. El film fue rodado en 1942, en plena guerra.

7/10
Hermanos y hermanas de la familia Toda

1941 | Todake no kyodai

A la muerte del señor Toda, los miembros de su familia se enteran de que ha dejado una gran deuda. El director de Los cuentos de Tokyo incide en su tema favorito: las relaciones familiares.

6/10
Un albergue en Tokio

1935 | Tokyo no yado

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