Llevar una novela a la pantalla siempre es arriesgado, la pregunta de qué es mejor, la obra literaria o la cinematográfica, surge de modo inevitable. Dominic Cooke ha tenido la suerte de poder trabajar codo con codo con Ian McEwan, que ha adaptado su propia novela. Me reúno con él para hablar de su película "En la playa con Chesil".
Ha trabajado con Ian McEwan, un prestigioso novelista, que además es el autor del guión de En la playa de Chesil. ¿Ha sido muy celoso con su obra, a la hora de adaptar la novela, o le ha dejado margen para dar su visión?
Un poco de las dos cosas. Procuré entender lo que quería decir con la novela, para así traducirla en algo que funcionase bien en una película. McEwan es brillante y entiende muy bien el lenguaje cinematográfico. Nunca vi nuestra relación como algo jerárquico, sino más bien de colaboración. No era alguien que estuviera encima durante el rodaje. Sí hablamos acerca de quiénes podían ser los mejores actores de la película, y fue muy importante en este apartado. Y estaba disponible en todo momento por si nos perdíamos en algún momento, acerca del propósito de la historia o la motivación de los personajes.
Hubo espacio para la reescritura, él escuchaba lo que le decía y cambiaba cosas. Cuando contaba con un primer montaje de la película, él lo veía y volvíamos a trabajar sobre ello para afinar. Me sirvió mucho algo que me dijo en una ocasión: “Vas muy rápido, no nos dejas espacio para conectar con los personajes”. Y en efecto, tenía razón. Estaba nervioso, y esto me empujaba a una narración demasiado rápida. Era importante que el público dispusiera de tiempo para asimilar los rasgos de los personajes.
Su background teatral, ¿ha sido una ventaja o un inconveniente? Las escenas del hotel tienen un cierto carácter teatral, los personajes de los camareros recuerdan a algunos secundarios de Shakespeare, que tienen cierto carácter cómico. ¿Ha sido aportación de Dominic Cooke?
[se ríe] Lo que aporto del teatro es que ayuda a los actores a que entren en sus personajes. Pero esa comedia tan física, no es mi punto fuerte, aunque algo he hecho en los escenarios.
Lo que intento en el teatro es dar a los actores el suficiente margen para que puedan ser espontáneos y actuar con naturalidad. La cámara, cuando hay un pensamiento que deseo subrayar, lo capta muy bien, y en tal sentido, debo mucho al teatro.
Los protagonistas, que acaban de casarse, tienen dificultades en su primer encuentro sexual, no saben cómo actuar, son muy inocentes. ¿No teme que esta idea de una época en que el sexo es tabú resulte incomprensible en el contexto actual de una sociedad hipersexualizada, incluida la difusión masiva de pornografía?
El tema no es tanto la represión sexual, como las expectativas de ese primer encuentro. Tienen una idea de cómo tienen que comportarse la noche de bodas, y creo que ahora la gente joven tiene también unas expectativas, aunque presenten rasgos diferentes. Las circunstancias han cambiado, pero la presión es igual de fuerte. Los padres, entonces, quizá decían que el sexo es malo, o sucio, etcétera. Y ahora se incide en que debe ser perfecto, sexualmente despampanante, ya que internet nos lo dice todo para hacerlo bien.
En el fondo siguen existiendo unas pautas de cómo debemos relacionarnos los unos con los otros, sobre lo que está bien y lo que está mal. Existe mucha ansiedad en los jóvenes en lo relativo a su primera vez. Así que existen un paralelismo entre el entonces y el ahora. De hecho, una de las proyecciones más exitosas de la película, fue con público joven. La vergüenza, la idea de una situación embarazosa, es algo común. Lo que ha cambiado es la idea de relaciones sexuales improvisadas. La idea de cómo compaginar el deseo sexual con una relación íntima profunda sigue costando ayer y hoy.
En la película, la expectación está unida a un enamoramiento. En la actualidad, parece existir más la idea de probar. ¿Hemos avanzado o retrocedido?
Hay investigaciones que demuestran que los jóvenes se retraen. Las experiencias sexuales se retrasan.
¿Ah, sí? No es lo que se percibe…
Sí, sí, ocurre, porque tienen miedo, porque se ponen muy altas las expectativas. No se quiere hablar de ello, pero pasa. Es un tema muy complejo.
El pánico es tan grande en la película, que Florence, el personaje de Saoirse Ronan, llega a dudar sobre su orientación sexual, algo que asombra. ¿Cómo trabajó esto con ella para hacerlo creíble?
Bueno, se da un atisbo de que ella ha tenido algún problema de tipo sexual con su padre. Ella no es plenamente consciente de lo que pasó. Su educación ha pasado por una cierta negación de los sentimientos. Lo que le llevaba a sentirse insegura de sí misma, también físicamente. Piensa mucho en lo que pensará el otro, durante el cortejo. Ha esquivado las expectativas con él. Lo que aumenta aún más la presión. No hablar conduce a eso, a un punto de no retorno. Se siente agredida, casi violada. No quiere pasar por eso, y no se entiende a sí misma. Y él se enfada, piensa que ella le evita. Es una confusión que les ciega.
Los personajes de los padres de él y ella, sobre todo los de ella, quedan en un segundo plano. Y al ser de clase alta, parecen un poco esquemáticos, casi una caricatura…
Ese estamento social se caracteriza por no expresar lo que sienten. El hogar es como un campo de batalla, aquello es una competición por lograr el afecto del otro. Hay una dinámica, por ejemplo en el padre se entiende que hubiera querido un hijo varón, y por eso no aprecia a su hija. Lo cierto es que hay personas así, yo las he conocido, he tenido profesores con esa actitud prepontente y distante.
