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El cine libanés más humano se proyecta en Karlovy Vary

Cyril Aris habla sobre los ancianos y la muerte (pero no, no de la muerte de los ancianos)

Cyril Aris, exponente de la nueva generación del cine libanés, ha estrenado en Karlovy Vary "The Swing", su debut en el largometraje documental, un poema lírico que es además una autorreflexión y un homenaje a sus abuelos.

Cyril Aris habla sobre los ancianos y la muerte (pero no, no de la muerte de los ancianos)

Antoine y Viviane, un matrimonio de edad avanzada, que han pasado 65 años juntos y sufren limitaciones físicas y de senilidad, anhelan ver a su hija Marie-Thérèsa, una comercial que trae producto de Argentina para venderlo en Oriente Medio. La familia no quiere comunicar a los ancianos la muerte súbita de Marie-Thérèsa, a causa de una deficiencia cardíaca, para no acelerar el fin de Antoine, de 90 años.

"La cuestión de cómo dar la noticia sobre la muerte de una hija es muy debatida, y nada podía encontrar una respuesta, y por eso vi que aquí podía haber una cuestión política", dijo Cyril Aris sobre la trama de The Swing. En el documental queda reflejado el dolor y la ignorancia de los ancianos sobre el asunto familiar y otros temas de actualidad, como la guerra en Siria y el intento de alguna facción del Estado Islámico de invadir el Líbano.

Aris considera "un milagro tener este pequeño país rodeado de tantos conflictos y sobreviviendo" y matizó, asimismo, que el Líbano, donde coexisten dieciocho comunidades religiones, "está buscando su identidad y trata de definirse, cuando se encuentra en una encrucijada de tantas culturas y valores".

En la cita también quedan reflejadas las convicciones profundas de los protagonistas, sobre todo de Antoine, algo que le mantiene con el ánimo dispuesto a esperar esa imposible llegada de Marie-Thérèsa. Aris declaró que encuentra "su fe muy hermosa, porque no le aletarga sino que deja en paz en medio de la situación y lo envidio un poco".

Aris, de 31 años, que vive en Nueva York y había hecho hasta ahora sólo ficción, afirma que necesitaba también hacer esta película para autorreflexionar sobre si mismo. "Estudiar a mi familia es casi mi propia historia, una mirada a mí mismo en el espejo, una autorreflexión de dónde vengo, y dónde se me puede encontrar", señaló. En la cinta queda de manifiesto la idiosincrasia del país de Oriente Medio, con cuatro millones de habitantes y dos millones de refugiados, según cifras no oficiales, lo que representa una carga casi insoportable de infraestructura y gobierno.

"No hay mucha financiación para el cine en el Líbano, porque no tenemos electricidad las 24 horas del día, así que a quién le importa financiar las películas", asegura un artista que engrosa el elenco de autores libaneses que obtienen cada vez más reconocimiento en el panorama mundial. Entre ellos cabe destacar a Nadine Labaki, premiada en la última edición de Cannes con Cafarnaún, o Ziad Doueiri, con su película El insulto nominada al Oscar, y Ely Dagher, que hace dos años obtuvo éxito en Cannes con el corto Waves '98.

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