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"El cine histórico no puede ceñirse simplemente a los hechos"

Lars Kraume nos habla de "La revolución silenciosa"

La represión en la Alemania del Este ha dado pie a películas tan valiosas como "El silencio de los otros". También hay "silencio" en "La revolución silenciosa", que habla de modo vibrante de los ideales juveniles de los estudiantes puestos a pruebo. Hablamos con su director y guionista Lars Kraume de esta película basada en hechos reales.

Lars Kraume nos habla de "La revolución silenciosa"

La revolución silenciosa es una película de corte histórico. ¿Podría hablar de la dificultad de ser fiel a la realidad histórica con el medio cinematográfico, y de las licencias que resulta inevitable tomarse?

El primer problema consiste en evaluar los hechos históricos y la densidad dramática que exige la ficción. Si te ciñes puramente a los hechos, puede ocurrir que la gente salga del cine y diga, “bueno, esto está bien, pero vaya aburrimiento”. Porque la realidad no basta para emocionar, incluso a la hora de afrontar un documental, hay que darle un poco de forma, hacerlo atractivo. Pero por otro lado tienes que adherirte a lo que ocurrió. Por ejemplo, como guionista, en El caso Fritz Bauer, te podría apetecer que este personaje vaya a Argentina y pegue un par de tiros a Adolf Eichmann, pero por supuesto, eso no es riguroso, no puedes hacerlo.

Cuando trabajas en el guión en una producción histórica, debes reconstruir un mundo, una época, lo que supone un presupuesto bastante alto. No puedes compararte con los medios de Hollywood, y cuando La revolución silenciosa se estrenó en Alemania, coincidió en la cartelera con Los archivos del Pentágono de Steven Spielberg, que también se basa en una historia real. Era el enemigo en taquilla, y era un drama con telón de fondo histórico, donde el individuo se enfrenta a un enemigo, que es el Estado. En mi caso, era un estado tiránico, pero no deja de ser curioso que coincidiéramos dos historias del mismo corte.

Por supuesto, en el cine histórico, no puedes pretender la precisión absoluta. Si rodara por ejemplo mi película en la sala donde nos encontramos, utilizaría esta ventana, esta mesa, que no serían precisas históricamente, pero servirían a mi propósito narrativo.

La película aborda el tema de la verdad. Hay ventanas que pueden no corresponderse a un período histórico, y se usan a pesar de todo, pero hay una verdad, que en el caso de La revolución silenciosa vemos en varios personajes, que ignoraban ciertos hechos del pasado de sus progenitores. Y se hace necesario afrontarla. ¿Cómo ve Lars Kraume esa verdad que nos hace libres?

La verdad es lo más interesante a la hora de hacer películas. Quieres mostrar cierta verdad, que no son los simples hechos. No encuentras la verdad simplemente pegándote a la letra de lo que ocurrió, sino que a través de la ficción llegas a un tipo de verdad más profunda. Es lo que te puede ofrecer el cine, el teatro.

La película habla del pensamiento único que trata de imponer el régimen comunista en la Alemania Oriental a los estudiantes. ¿Piensa que es un tema actual, donde también a veces impera lo políticamente correcto, de modo que se hace difícil discrepar de esas ideas dominantes?

Hay diferencias. Si no sigues lo políticamente correcto, las consecuencias que afrontas no son las mismas. No hay más que ver a Donald Trump, que es políticamente incorrecto todo el tiempo y es el presidente de los Estados Unidos. En la película vemos cómo un joven, Eric, que dispara a un profesor en el brazo podía exponerse a prisión durante diez años, e incluso a la pena de muerte.

Este personaje es una licencia en la película, que concede a la narración la intensidad dramática de la que hablaba antes. Pero sí es real que los alumnos tuvieron a un profesor nazi que les enseñaba a disparar.

¿Ha tenido presente al público joven a la hora de concebir la película?

Quería que fuera un drama entretenido, clásico. Con los estudiantes funciona. Para los más jóvenes, de 12 ó 13 años, los profesores les parecen muy agresivos. Cuanto mayores eran los alumnos, mejor captaban los distintos grados de complejidad y los apreciaban. Pero ya se trate de espectadores jóvenes o adultos, todos aprecian la fuerza de valores como la solidaridad, o la libertad de expresión.

¿Cree que la película puede estimular el espíritu crítico de un espectador joven? Específicamente me gustaría saber si los actores, que imagino tienen la edad de sus personajes o pueden ser algo mayores, conocían la historia y se hacían preguntas sobre los dilemas morales que se presentan. O tal vez ven la caída del muro como algo antiguo o lejano.

Sí, por supuesto. Los hay de distintas edades, entre 17 y 24. Leyeron mucho sobre la época y mostraron interés en conocer. La historia concreta que contamos no es muy conocida, sólo en la zona específica donde ocurrió. Y la caída del muro no deja de sonarles a algo antiguo y lejano.

Pero se me ocurre un ejemplo, sobre la memoria a corto plazo que todos tenemos, ahora que estamos viviendo la crisis de los refugiados. Ya en la conferencia sobre el cambio climático en Río de Janeiro en 1992, se hablaba del problema de la superpoblación, y las naciones, Estados Unidos, Alemania, España, se comprometieron a afrontarlo con medidas determinadas, pero no se hizo nada, llega el 2015, y nos encontramos con que se no ha hecho nada. Vivimos con facilidad el aquí y ahora, y no se piensa en el largo plazo.

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