Estuvimos con el guionista danés Kim Fupz Aakeson, que pasó por Madrid para presentar su película Conociendo a Astrid. Se trata de una historia sobre la azarosa juventud de la afamada escritora sueca Astrid Lindgren.
¿Quién es Astrid Lindgren en Suecia y Dinamarca?
Creo que en Suecia es mucho más célebre. Tuvo una vida pública muy conocida, estuvo incluso en el mundo de la política. En Dinamarca conocemos sus libros pero no sabíamos que era un personaje tan público, como en Suecia.
¿Y cómo surgió la idea de rodar Conociendo a Astrid?
Mi mujer, Pernille Fischer Christensen, que es la directora de la película, leyó en un periódico danés un artículo sobre la historia de Astrid y se interesó mucho: había conocido a un hombre casado, se había quedado embarazada, había dado a luz en Dinamarca… Ya habíamos hecho juntos mi esposa y yo cuatro películas y buscábamos una quinta idea. A mí no acababa de parecerme adecuada, porque yo siempre he escrito historias contemporáneas, no me interesaban los relatos de época ni las biografías. Pero, en fin, soy también escritor de novelas infantiles y Astrid es como el hada madrina de los escritores infantiles. Así que le di una oportunidad. Leí el artículo y unos días después decidimos hacerla. Y cuando fuimos a Suecia a presentar la idea, allí cayó como una verdadera sorpresa, porque a nadie se le había ocurrido. Tuvieron que llegar dos daneses para promover la idea.
¿Desde el principio quisisteis abordar únicamente esa concreta etapa juvenil de la vida de Astrid?
Al principio pensamos contar toda su vida: infancia, juventud y madurez. Pero el problema es que la infancia fue muy feliz y había poco que contar, y en la madurez todo le fue muy bien. Siempre volvíamos a esos cuatro años de juventud. Y entonces nos encontramos con una cita de la propia Astrid, que decía “Probablemente no hubiera sido mundialmente famosa como escritora sin los años de mi juventud”. Es como si reconociera esos años como los cimientos, la base de su obra.
A pesar de las dificultades que se narran, la película es optimista. ¿Buscaban ese enfoque al contar esa dura etapa en la vida de Astrid, alejado de la negatividad?
Para documentarnos, leímos mucho sobre Astrid, vimos grabaciones, entrevistas de la época. Y nos dimos cuenta de que era una persona muy viva, inteligente, divertida. Se enfrentó a temas duros y difíciles, pero poco a poco fue emergiendo ese personaje de joven luchadora, rebelde, alguien capaz de enfrentarse a la oscuridad y seguir combatiendo contra la oscuridad. Y fue un placer poder escribir sobre una persona así, era como estar con ella. A veces se crean personajes de otro tipo, más testarudos o malhumorados, pero con ella no fue así. Era una magnífica compañía.
Llama la atención la cantidad de personas que ayudaron a Astrid. ¿Fue realmente así, tuvo tantos ángeles de la guarda?
Sí. Y además Astrid nunca olvidó a nadie de los que le ayudaron. Era muy leal con la gente que le había apoyado en su juventud. Creo que la relación más difícil fue la que tuvo con su madre, y llegó a firmar en público: “mi padre era muy cariñoso, mi madre muy fría”. Prueba de su espíritu agradecido es también que durante años trató de contestar todas las cartas que le enviaban los niños. No olvidaba a la gente.
¿Cómo enfocan los proyectos su mujer y usted? Todas sus películas parecen tratar de grandes dificultades, pero que se acaban superando por el amor.
Sí, puede ser. Es lo que me gusta de ser guionista. Cuando estoy cansado de la oscuridad de las películas de Pernille, acudo a otro director, jajajaja. Yo puedo ser en ese sentido mucho más libre, porque los directores están enfrascados de lleno en su película tres o cuatro años. Pero yo puedo tener otro caminos, puedo hacer distintas cosas simultáneamente. Y en cuanto al amor, no sé si ella misma se da cuenta, pero es verdad que al final siempre ocurre eso.
¿Qué le ha parecido Alba August?
Para interpretar a Astrid estábamos buscando a alguien no profesional e hicimos un casting abierto. Se presentaron cuatrocientas chicas suecas. Algunas eran interesantes, pero ninguna era “ella”. Entonces alguien nos comentó que Bille August tenía una hija, Alba, que aún no había rodado nada y parecía buena. La llamamos y lo vimos claro, era brillante. Empezó a familiarizarse con Astrid, estudió cómo se movía, cómo hablaba, leyó todas sus entrevistas. Se dio totalmente. Ha sido su primera película. Aunque hace años participó en una película de su madre, al final su parte fue cortada en el montaje, así que ésta ha sido su primera película. Y hay que decir que su madre estaba muy orgullosa cuando la vio en pantalla.
¿La familia es para usted el mejor ámbito cinematográfico?
Pues me parece que sí. A menudo acabo en el seno de la familia. Es el buen lugar para el drama, porque la gente no se va, siempre permanece en ella. Puedes estirar tu lealtad, pero es muy difícil romper con la familia.
¿Cuáles son sus proyectos? ¿No piensa dirigir?
Ahora estoy trabajando en una serie para HBO. Transcurre en época contemporánea, en la frontera norte de Noruega. Me gusta escribir una serie, porque el volumen te permite desarrollar mejor los personajes. Además en las series ¡el rey es el guionista! Jajaja. Respecto a dirigir, alguna vez me lo han ofrecido. He tenido ganas cuando he pensado que algo lo podría haber hecho yo mejor, pero luego pienso en el trabajo propiamente dicho y no me atrae tanto. El director se tiene que ocupar de demasiadas cosas. Prefiero ser más libre en mi trabajo y también escribir libros.
