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Entrevistas Personalísima mirada a una familia del mundo rural

Carla Simón explica "Alcarràs", la mejor película española de las últimas dos décadas

Parecía difícil, pero Carla Simón ha superado los logros de su anterior film “Verano 1993” hasta el punto de que “Alcarràs”, justamente premiada con el Oso de Oro en Berlín, es sin duda la mejor película española de las últimas dos décadas. La guionista y directora nos explica cómo surge esta obra maestra. (Foto: Avalon, David Ruano)

 ¿Puede decirnos, Carla, en pocas palabras, de qué trata Alcarràs ?

Alcarràs es la crónica de una muerte anunciada. La familia Solé se entera de que a finales de verano deberán abandonar la tierra que llevan cultivando desde hace tres generaciones. El dueño quiere arrancar los melocotoneros y sustituirlos por paneles solares. La familia se reúne para una última cosecha, pero las diferencias a la hora de enfrentarse a un futuro incierto hace peligrar la unidad familiar. Esta es una película coral en la que cada miembro de la familia Solé intenta encontrar su sitio en una crisis familiar, cuando están a punto de perder su identidad común.

¿Cuáles son los temas principales que sostienen Alcarràs?

Por una parte, la película refleja lo que es la agricultura hoy en día. Muchos creen que la tierra debería pertenecer a los que la trabajan, y la familia Solé ha cultivado el mismo campo durante muchísimos años. Pero solo se hizo un pacto verbal durante la Guerra Civil española. Ahora, los contratos escritos prevalecen sobre la palabra dada. El nuevo propietario quiere que se vayan. ¿Hasta qué punto pueden convivir la tradición y los cambios en un mismo lugar?

Los seres humanos han cultivado la tierra en pequeños grupos familiares desde el neolítico, es el trabajo más antiguo del mundo. Pero es verdad que la historia de los Solé llega en un momento en que este tipo de agricultura ya no es sostenible. Grandes empresas se hacen con la tierra para dedicarla a cultivos extensivos; el bajo precio de la fruta obliga a sustituir los frutales por un negocio más rentable, y los hijos de los granjeros se van de casa para probar suerte en otras profesiones. Los modelos cambian, el mundo tal como lo conocemos se acaba, y la película es un homenaje nostálgico a las últimas familias que aún resisten en el campo. A pesar de tan nefastos augurios, espero que la agricultura ecológica ilumine el día de mañana para aquellos que quieran seguir cultivando la tierra a pequeña escala.

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Y por otra parte, es una película en torno a las relaciones familiares, las tensiones entre generaciones, los papeles de género y la importancia de estar unidos en un momento de crisis. La película también refleja la necesidad de adaptarse mostrando los últimos días de un universo que parecía eterno para sus habitantes. Asimismo, retrata la falta de comunicación entre miembros de la familia, y cómo podría ser todo más fácil si nos atraviésenos a decir en voz alta lo que pensamos y sentimos. A menudo pienso que Alcarràs es una película de acción. No hay explosiones, ni tiroteos o efectos especiales espectaculares, pero los personajes viven una auténtica montaña rusa emocional que sacude profundamente sus relaciones.

¿Cómo surgió la idea de hacer esta película?

Mis tíos cultivan melocotones en Alcarràs. Antes trabajaban con mi abuelo, pero él murió hace unos años. Siempre voy en Navidad y durante el verano. Todo lo que se vive y se comparte en este lugar tiene una enorme importancia emocional para mi familia. El dolor que sentimos por la muerte de mi abuelo me llevó a valorar su legado y su trabajo. Por primera vez imaginé que los árboles que cultiva mi familia y que tanto significan, podían desaparecer. De pronto sentí la necesidad de mostrar este sitio, su luz, sus árboles, sus campos, su gente, sus rostros, la dureza de su vida, el calor de los meses de verano… Creo que tiene un enorme valor cinematográfico. La última cosecha en la tierra de la familia Solé era un buen escenario para hablar de un mundo que está a punto de desaparecer.

Alcarràs cuenta la historia de una familia de granjeros compuesta por numerosos miembros. ¿Por qué le inspiró particularmente este tema?

Mi principal fuente de inspiración es mi familia, son un pozo sin fondo de historias. Nos reunimos a menudo, y de pronto me veo rodeada de abuelos padres, tíos, tías, primos, hermanos… Mi vida siempre ha estado llena de gente. Concebí la película como una obra coral por el deseo que sentí de retratar lo que significa formar parte de una gran familia. Conversaciones que se cruzan, energías opuestas, caos, pequeños gestos llenos de significado, emociones con efecto dominó… Todos tenemos intereses personales, pero todos debemos encontrar la forma de vivir juntos.

¿Por qué decidió trabajar con actores no profesionales?

Siempre busco el naturalismo en los actores. También creo que cuanto más cerca esté un actor del personaje que interpreta, mayor es la verdad que comunica. Quería que esta película la interpretaran los campesinos que trabajan la tierra, que tienen un auténtico vínculo con ella, que pueden entender lo que significa perderla. La mayoría de los habitantes de Alcarràs son granjeros o proceden de familia granjera. Estaba convencida de que encontraría buenos actores entre ellos. Hay niños y adolescentes en el reparto, siempre son actores naturales.

Además, en esta zona se habla un dialecto del catalán, con un acento muy particular. No hay muchos actores profesionales procedentes de esta zona, y para retratar el lugar de forma fidedigna, me pareció muy importante respetar la forma en que se expresan.

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Para encontrar intérpretes, nos desplazamos a todas las fiestas de los pueblos de la región (eso fue antes del Covid) para realizar pruebas a los que podían encajar con el reparto. Vimos a más de siete mil personas. Tenía la esperanza de poder encontrar varias posibilidades en la misma familia, pero no fue así. Cada miembro de la familia Solé procede de un pueblo diferente. La solución fue pasar mucho tiempo juntos improvisando para solidificar las relaciones. Crearon lazos tan intensos que incluso hoy siguen llamándose por los nombres de sus personajes.

Aunque la película transcurre en Alcarràs, un pueblo de Lérida, en Cataluña, ¿cree que esta película es universal?

Todos tenemos una familia y podemos identificarnos con la historia de una familia. Nadie escoge a su familia, se encuentra. Por eso, las relaciones familiares son tan complejas y profundas, tan llenas de contradicciones y tan incondicionales a la vez. Además, la agricultura es algo que nos afecta a todos, es lo que comemos cada día. Pensamos en quién cultiva lo que comemos y en cómo lo hacen.

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