Destaca en el director británico de Millones su amplia sonrisa. Se diría que Danny Boyle ha rejuvenecido al dejar atrás los zombies y la sangre de 28 días después para contar una conmovedora fábula protagonizada por niños.
¿Cómo se involucró en el proyecto?
Leí el guión y me emocionó profundamente. No era una historia tan comercial como otros proyectos que me ofrecían, pero uno se enamora del guión y se acabó. El tema me afectó. He sido educado en el catolicismo más estricto, y me interesaba mucho la pasión del personaje por los santos. Es un elemento muy vivo que da color a la película. Pero lo que trata sobre todo es el tema de la imaginación, y cómo el niño se relaciona con la religión; como podía haberse relacionado con el cine o la música en otro periodo de su vida. Esas cosas alimentan su imaginación.
¿Se reconoce en los personajes de la película?
Recuerdo que mi relación con los santos y la forma de mezclar ficción y realidad era muy parecida a la del protagonista. A los santos los imagino como personas. Yo quería retratar detalles de la infancia en general, pero por supuesto que hay muchos detalles personales. Es inevitable que surjan cosas que yo recuerdo de mi propia vida a la hora de rodar. De todas formas, creo que son niños bastante normales, que tienen mucha imaginación. Para ellos, encontrar el dinero es una victoria pequeña pero importante para su imaginación. Se guardan el dinero, y se permiten gastarlo como ellos creen que es mejor.
La película habla de un niño fascinado por los santos. Él querría ser uno de ellos, y se pregunta si su madre estará en el cielo. ¿Es posible la santidad en nuestros días?
Una pregunta muy interesante. Aaaaaah. (se ríe). El protagonista es un niño idealista, que trata de hacer cosas buenas con el dinero que ha encontrado. Y quiere saber dónde está su madre, esa persona que ha querido tanto, y por supuesto quiere creer que es santa, como también lo pensaríamos nosotros de alguien a quien amamos, es un sentimiento natural. Lo importante es ser fiel a aquello en lo que crees. Para él, resolver pequeños problemas es una pequeña victoria de la imaginación, del idealismo, sobre las limitaciones de la realidad. Creo que es lo que pensaría cualquier niño, mientras que los personajes adultos tienden a querer quedarse el dinero, para beneficio propio. Él acaba gastando el dinero del mejor modo posible.
¿Puede ser un problema para el niño ser tan imaginativo?
Los niños tienen que aprender muchas cosas, y una parte importante de la educación es el desarrollo de la imaginación. Es un aspecto importante que ayuda en otros campos. Creo que siempre hay que conservar la imaginación. La película es una celebración, un alegato que reivindica la importancia de la imaginación. Siempre hay gente extremadamente realista, que piensa que lo que no es real no tiene importancia. Pero nosotros pensábamos justamente lo contrario, y durante el rodaje teníamos un póster con un lema: lo irreal antes que nada.
Pero también desarrolla la imaginación como una especie de autodefensa ante los problemas que sufre.
Pienso que son frecuentes los casos como el de este chico, que se refugia en su mundo de fantasía. Que huye del mundo real y se va a su propio mundo, sea cual sea este mundo.
No es habitual que haya películas que se centren tanto en la religión. ¿Era consciente de que tenía que tratar el tema de forma seria?
En América todo el mundo reacciona con mucha tensión ante los temas religiosos. Mucha gente deja de ver una película si corre el rumor de que se abordan con poco rigor los aspectos religiosos. Pueden surgir grupos en contra de la película si consideran que has usado los santos a la ligera. Era necesario un buen guionista, que estuviera muy documentado y supiera hacerlo bien. Así que al final contratamos a Frank Cottrell Boyce.
¿Ha tenido al Greco como referencia iconográfica de sus santos?
Traté de imitar los cuadros. Es una pena que no pudiera menguar a los actores para que tuviesen la misma altura y se pareciesen más a los cuadros del Greco. Eso es lo que yo quería hacer. Y cuidé al máximo el vestuario, los colores, los decorados, los pañuelos y algunos detalles.
Hasta ahora no había dirigido ninguna película para el público juvenil.
Pienso que es más para todos los públicos, para toda la familia, pero sí que ha supuesto un cambio importante en mi filmografía. Era una ocasión que no podía dejar pasar, porque suponía la oportunidad de trabajar con Frank Cottrell Boyce, un guionista que yo admiraba mucho, colaborador habitual de Michael Winterbottom en películas como Código 46.
Este guionista ha escrito también una novela con esa misma historia.
El guión se hizo primero, y luego Cottrell Boyce decidió sacar la novela. Aunque es algo distinta, más surrealista. Ha funcionado bastante bien. Creo que interesará al mismo público que la película.
Uno de los puntos fuertes de la película son los niños, que son muy expresivos. ¿Fue difícil trabajar con ellos?
En un primer momento, se piensa que es muy difícil. Yo creía que iba a tener que dirigirlos mucho. Pero si haces eso, se nota mucho, y parecen seres manipulados, irreales. Son como actores de teatro en miniatura, y eso queda horrible en una película. Yo empecé dándoles muchas indicaciones, pero no funcionaba, así que decidí dar un paso atrás y dejar que ellos fueran descubriendo la película, para que ellos expresaran lo que hacen los personajes desde su propio punto de vista. La secuencia en la que buscan modelos de sujetadores por internet es completamente improvisada. No les dije nada sobre eso. Preparamos el decorado, les dije donde colocarse y les dejé. Se mostraron ellos mismos como son. Es el mejor ejemplo de improvisación con un actor que yo he visto o dirigido en mi vida. Porque se comportan como niños de verdad, que tienen una idea de cómo es el sexo, pero no saben muy bien cómo va eso. Y además, son niños que echan de menos a su madre.
