Entrevistas
Guillermo del Toro, fan confeso de "Hellboy"
Los cineastas mexicanos arrasan en Hollywood. Especializado en cine fantástico, Guillermo del Toro lleva años triunfando con cintas como "Mimic" o "Blade II", y rodó en nuestro país El espinazo del diablo. Admirador incondicional de los comics de Hellboy, ha mimado todos los detalles de la adaptación cinematográfica.
Muchos elementos de la película están sacados de los clásicos de la literatura de terror.
He bebido de cuatro fuentes teóricamente incompatibles. Una es el escritor de terror H.P. Lovecraft, otra los comics de superhéroes, la tercera es un subgénero del pulp estadounidense formado por relatos protagonizados por detectives ocultistas, que investigan casos sobrenaturales, y la cuarta el cine de terror. Aparte de todo esto, tienen mucha importancia los símbolos católicos: el cielo y el infierno.
Pero los usa como una excusa para la acción pura y dura...
Creo que también hay un mensaje en la cinta. Gira en torno a la aceptación de uno mismo. No sólo se trata de acostumbrarse a ser como uno es, sino más bien celebrarse. Dice uno de los personajes en un momento dado que “nos fijamos en la gente por sus virtudes, pero nos enamoramos de sus defectos”. El momento clave de la película es cuando Hellboy dice "yo soy lo que soy". La bestia no se convierte en un príncipe para que la bella se enamore de él, sino que es al revés: la bella se convierte en bestia. Intento que mi trabajo no se haya quedado en una película vacía, sino que tiene un toque cerebral a lo "freak". Celebra el hecho de que todos seamos un poco "freaks".
¿Lo dice en serio? ¿Lo importante es la historia de amor?
Aunque no lo parezca, la película es muy parecida a la historia de amor que mantengo desde hace 21 años con Lorenza, mi mujer. Tengo la gran fortuna de estar casado con una mujer que sabe exactamente qué clase de bicho soy. Y yo sé que ella no es la princesa perfecta. La película podría haberse titulado La bestia y la bestia. Una historia de amor un poco diferente. Nadie lo va a notar, pero he sacado algunas secuencias de la película de la vida misma, de mi relación con Lorenza.
Prefirió rodar Hellboy en vez de Blade 3, ¿por qué?
Tuve la oportunidad de hacer varias películas, pero preferí Hellboy. Igual no fue la decisión más rentable, ni la mejor para mi carrera, pero a nivel creativo me ha llenado más. Puedo decir que he sido el anfitrión, en lugar del huésped en un proyecto enorme, pero que me interesara menos. He tenido libertad absoluta para todo. Si gusta o no, es culpa mía. Es la que he rodado con mayor libertad en Hollywood. Las películas más cercanas a mi corazón son El espinazo del diablo y Hellboy. Para bien o para mal, en ambas hice lo que quise.
El protagonista es Ron Perlman, que ya había trabajado con usted dos veces.
Es un tipo entrañable, pero sólo le han sacado jugo en el cine en las películas de Jean-Jacques Annaud, como El nombre de la rosa y En busca del fuego. Es un honor que le dieran el personaje protagonista de La ciudad de los niños perdidos porque el director le había visto en Cronos, una película que rodó conmigo. Pero yo siempre había querido escribir algo específicamente para él. De hecho empecé un guión que se llamaba La carnicería, que era una historia de amor. El día que me nombraron director de Hellboy, ese día cené con Ron Perlman y le dije que estaba escribiendo el guión pensando en él.
¿Le gustó su trabajo a Mike Mignola, el autor del cómic?
Un par de días después de cenar con Perlman, fui a Oregon, donde vive Mignola, para desayunar con él. Le conté mi visión del personaje y él parecía bastante entusiasmado. Finalmente, me dijo que todo le parecía fantástico, pero que había un problema, que tenía bastante identificado al actor que quería como protagonista. "¡Pues eso sí que es un problema, porque yo también!", le respondí. Decidimos que teníamos que arreglar eso en ese momento o sino no haríamos el proyecto. "Dime tú cuál es tu actor". "No, no, dímelo tú". Estuvimos así un buen rato y finalmente decidimos decirlo a la vez, a la de tres. Y ambos dijimos al unísono: "Ron Perlman". Es un ejemplo de la comunión que había entre él y yo.
También se siente muy bien trabajando con el prestigioso director de fotografía mexicano Guillermo Navarro.
Habíamos hecho juntos Cronos, mi debut, y él se puso de moda enseguida. Estaba trabajando con Robert Rodríguez y Quentin Tarantino, y no habíamos vuelto a coincidir hasta Hellboy. Pero yo prefiero trabajar con él siempre que sea posible.
¿Habrá una segunda parte de Hellboy?
Ya tenemos un esbozo de la historia, que hemos hecho Mignola y yo. Tengo previsto escribir el guión y dirigirla. Intentaremos arreglar cosas que hayan quedado pendientes en la primera.
Peter Jackson con El Señor de los Anillos. Sam Raimi y Spider-Man, y ahora usted, con Hellboy. Los tres han hecho adaptaciones de materiales de los que se declaran verdaderos fans. ¿Se siente usted en esa línea?
Los tres somos gente muy enamorada de las cosas que hacemos. Peter Jackson ha dedicado muchos años de su vida a adaptar a Tolkien, cuya obra adora. Lo mismo pasa con Raimi, que tenía una visión tan concreta que defendió a capa y espada que la hiciera Tobey Maguire, aunque los estudios querían a Leonardo DiCaprio. Él intentaba ser fiel a sí mismo. Hellboy se gestó porque yo era un forofo totalmente entregado con el material. Creo que los tres somos cineastas frikis.
Tan frikis como su amigo Santiago Segura, que últimamente sale en todas sus películas.
Le llamé para hacer de conductor de tren, y estuvo una semana del rodaje. Le he escrito un papel para Las montañas de la locura, un proyecto que rodaré con DreamWorks. Lo que ocurre es que ser cineasta es una profesión tan absorbente que sólo ves a los amiguetes cuando trabajas con ellos, o cuando te invitan a las mismas tertulias. En cualquier caso, me gusta tanto estar con Santiago que ahora mismo quedamos para escribir juntos. Él ultima Torrente 3 y yo otro nuevo guión.
El espinazo del diablo la rodó en España. ¿Va a hacer alguna otra cinta en nuestro país?
Mi próximo proyecto, el que escribo cuando estoy con Santiago, será una película española. Tengo muchos apuntes. Estoy trabajando con un dibujante estadounidense, haciendo storyboards. Se llama El laberinto del fauno. Se desarrolla en los años 40, en España, como El espinazo, pero tiene muchos más elementos fantásticos. Es una fábula, como un cuento de hadas, pero mucho más oscuro. España me atrae, y también su historia. Por ejemplo, me gustaría hacer una película sobre las minas de wolframio en Galicia.
Alfonso Cuarón, Alejandro González Iñárritu y Robert Rodríguez tienen mucho en común con usted. Los tres son mexicanos que están triunfando en Estados Unidos. ¿Se siente unido a ellos?
Sí, sobre todo porque somos muy amigos y estamos tratando de rodar juntos. Cuarón será el productor de El laberinto del fauno. Yo siempre le enseño mis películas a Cuarón nada más montarlas para que me critique y él hace lo mismo con las suyas. Conocí a González Iñárritu cuando preparaba Amores perros y de hecho salgo en los títulos de crédito como montador adicional. Él también es un gran crítico de mi trabajo. Nos ayudamos los tres a saltar a Hollywood, desde que reclutaron a Alfonso, que fue el primero en ir a Hollywood. Con Rodríguez tenemos menos relación, pero es un gran tipo.
¿Se puede hablar de una escuela mexicana, como de la nouvelle vague francesa? ¿Hay algún punto en común entre los tres?
Curiosamente, Cuarón, Iñárritu y yo tenemos una idea en común: combinar las películas en inglés con otras rodadas en español. Los tres tenemos vocación de producir cine en México y en Latinoamérica. Alfonso y yo hemos producido Crónicas en Ecuador, que fue seleccionada para el festival de Cannes. Hemos producido películas mexicanas y chilenas. Hay una voluntad de mantener el vínculo con el cine hispanoamericano. A nivel temático y todo eso, es más difícil encontrar similitudes. Llevamos pocas películas, pero seguro que con el tiempo los críticos nos sacarán afinidades.
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