IMG-LOGO

Biografía

Alejandro González Iñárritu

Alejandro González Iñárritu

56 años

Alejandro González Iñárritu

Nació el 15 de Agosto de 1963 en México D.F., México

Premios: 3 Oscar (más 2 premios)

Oscar
2016

Ganador de 1 premio

Ganador de 2 premios

  • Dirección Babel
  • Premio del Jurado Ecuménico Babel
Filmografía
El renacido

2015 | The Revenant

Alejandro González Iñárritu aplazó el rodaje de El renacido para acometer primero Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia), ganadora de cuatro Oscar, en las categorías de película, dirección, guión original y fotografía. Al mexicano no le ha afectado la supuesta maldición de los premios de la Academia, pues demuestra tener cuerda para rato. Aquí adapta la novela "The Revenant: A Novel of Revenge", de Michael Punke, que reconstruye la historia real de Hugh Glass, miembro junto con su hijo de una expedición de tramperos que en 1823 se interna en territorio de los arikara, entre las dos Dakotas, en busca de pieles. Cuando Glass sufre el ataque de un oso pardo queda malherido, y sus compañeros, acosados por los indios, no pueden llevarle consigo. El capitán de la expedición le deja bajo el cuidado de su retoño, otro de los miembros más jóvenes del grupo y el veterano John Fitzgerald. Pero este último resulta no ser de fiar. La veracidad de las imágenes se acentúa gracias a la cámara cercana de Emmanuel Lubezki, alias "El Chivo", colaborador habitual del realizador, tan integrada en cada escena que se vive en primera persona el acecho de los pieles rojas y el padecimiento de los personajes. A veces se nota que se trata del mismo operador de El árbol de la vida, sobre todo en algunas secuencias oníricas donde el protagonista evoca la felicidad de su familia, truncada por la muerte. Salvo algún plano metafórico donde un ave brota de heridas mortales, el grueso del film se aleja bastante de los detalles pretenciosos que daban un poco al traste con los altos vuelos de Birdman. Por primera vez, el autor de Amores perros se adentra en el puro cine de género, sin querer ofender con esta afirmación al cuate, pues esto no quiere decir que estemos ante un relato genérico o convencional ni mucho menos. Pero sí que mira a los westerns sucios de Sam Peckinpah y tiene elementos en común con Las aventuras de Jeremiah Johnson, filmada en 1973 por Sydney Pollack, y sobre todo con El hombre de una tierra salvaje, de Richard C. Sarafian, que reconstruye los mismos hechos históricos. Aunque El renacido resulta más cruda si cabe por el hiperrealismo del cine contemporáneo. El espectador siente la violencia en sus carnes, sobre todo en la impresionante secuencia del ataque del grizzly, que pasará con toda seguridad a la historia del cine, si bien no resulta apta para cardíacos. El conjunto tiene mucho del cine clásico de aventuras, sin que eso suponga una ruptura completa con su filmografía, ni un renacer de Iñárritu, sino más bien una evolución coherente. Aquí también se concibe la vida como un ‘via crucis’, donde los humanos tienen que soportar duras pruebas cada vez peores (como el protagonista de Biutiful), y seguir vivo muchas veces depende del azar. En su retrato de la lucha contra los elementos naturales, parece que el hombre acaba siendo lo más peligroso, pues la traición puede causar más daño que el ataque de una bestia salvaje. Pero la mirada del mexicano se ha vuelto un poco más luminosa, pues en la dura batalla por salir adelante a cada minuto, puede irrumpir un acto de solidaridad humana que devuelve la esperanza. Incluso se lanza una mirada a lo trascendente… "La venganza está en manos de Dios", asegura uno de los personajes. Casi sobrenatural resulta la composición del protagonista realizada por Leonardo DiCaprio, que lejos de acomodarse y vivir del cuento sigue buscando papeles complicados; algunos planos filmados en la nieve sin ropa no han debido resultar nada fáciles para la estrella. Pero sorprende casi más el gran Tom Hardy, que interpreta al barbudo antagonista sobre todo con los ojos, que le permiten mostrar la miseria del lado más oscuro de las personas.

8/10
Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia)

2014 | Birdman

Riggan Thomas, actor de cine que se convirtió en icono de masas años atrás al encarnar al famoso superhéroe Birdman, trata de reinventarse montando en Nueva York una obra teatral seria basada en un texto de Raymond Carver. La fecha del estreno en Broadway se aproxima, y las cosas se le complican cuando debe reemplazar a uno de los actores. A los nervios de los ensayos previos se suma una persistente voz interior que se burla de él por su patético plan. La del mexicano Alejandro González Iñárritu no es simplemente una incursión fílmica más a las bambalinas del mundo del teatro y el cine, un subgénero que ha dado títulos tan notables como Eva al desnudo o El juego de Hollywood, por citar sólo dos formidables películas. Su mirada es muy actual, y a la vez plenamente universal, a la hora de abordar el ego de los artistas y alrededores; y su ejecución, la idea de rodar en un solo plano al estilo de Alfred Hitchcock en La soga, con transiciones casi invisibles pues sería imposible hacer así una película de dos horas, resulta muy moderna y dota al relato de una enorme dosis de energía, muy adecuada a la zozobra interior de los agitados personajes. A este virtuosismo visual y coreográfico, suma el uso de una partitura musical con mucha percusión y conscientemente molesta, que intensifica la desazón de Riggan y compañía. Con un guión en que vuelven a colaborar con Iñárritu Nicolás Giacobone y Armando Bo –con ellos hizo Biutiful–, a los que se suma Alexander Dinelaris, se abordan cuestiones como el narcisismo y la petulancia de los actores, las dificultades para formar y mantener con solidez los vínculos familiares, el desgaste psicológico y la presión que supone sacar adelante una obra de teatro. Al precio personal que se paga en un proyecto de índole creativa en que uno pone el alma, que lleva a reacciones extremas y al desorden de los afectos o a la adicción a sustancias, se suma lo que rodea a su acogida, la reacción del público, a veces frívola y más hoy con el uso de las redes sociales, y la de la crítica, a veces ridículamente endiosada, otras siendo ella misma la que encarna la inesperada virtud de la ignorancia que atribuye a aquellos que juzga. La cinta que entrega el cineasta mexicano es descarnada, a veces con detalles innecesariamente zafios, pero destaca su enorme solidez, la sensación de que se atrapan los “superpoderes” de los actores, pero también la “kriptonita” que los debilita y los convierte en extremadamente vulnerables e indefensos. La metáfora de los superhéroes no es sólo un recurso para poner en solfa la saturación que de ellos sufren en la actualidad las pantallas, sino que sirve a la postre para hablar de la capacidad insospechada que tienen las obras representadas para tocar determinadas fibras inefables del espíritu humano. Y propicia un final muy hermoso. Resulta inteligente la elección de Michael Keaton para el papel protagonista –formidable su interpretación–, pues añade un subtexto a la trama ya que él mismo interpretó en el pasado a un superhéroe, el Batman de Tim Burton. Pero es que todo el reparto está escogido perfectamente, Edward Norton brilla como el actor prepotente y Naomi Watts como su novia y compañera en la obra, Emma Stone está muy bien como la hija de Riggan en proceso de desintoxicación, Zach Galifianakis es el representante perfecto; y también hacen bien su papel Amy Ryan, la ex de Riggan, y Andrea Riseborough, su actual pareja.

8/10
Biutiful

2010 | Biutiful

Barrio del Raval, en Barcelona. Uxbal es un padre de familia separado de su esposa bipolar Marambra, que tiene la custodia de sus dos hijos pequeños, Ana y Mateo. Baqueteado por la vida, sostiene a los suyos colaborando con una mafia china de inmigrantes ilegales, chinos y africanos, que trabajan en la construcción, o como ‘manteros’, aunque tampoco son ajenos al tráfico de drogas. Además, Uxbal tiene un don muy especial: es vidente, y en ocasiones ve a los espíritus de los muertos, que le cuentan sus penas. Acostumbrado a mirar a la muerte de cara, va a tener que enfrentarse a la suya propia: le acaban de diagnosticar un cáncer terminal, y una buena amiga le aconseja que en el tiempo que le queda intente “arreglar lo suyo”. En su primera película sin Guillermo Arriaga, el mexicano Alejandro González Iñárritu cambia la narración fragmentada de tramas múltiples por el relato lineal centrado sobre todo en un personaje, tarea en que le han ayudado los jóvenes Armando Bo y Nicolás Giacobone; sólo prólogo y epílogo, profundamente conectados, rompen levemente esa linealidad. En lo que no hay alteración es en los temas y enfoques del cineasta, nuevamente tenemos una situación extrema que envuelve a Uxbal, al que si algo le puede salir mal, parece que le saldrá peor. De modo que la dramática situación de familia rota conoce vaivenes, las mejorías resultan espejismos, la esperanza la aportan las posibilidades abiertas de un futuro incierto. Y las variables de su enfermedad, más sus trapicheos con los inmigrantes, donde él pone toda su buena voluntad para ayudar en una sociedad atravesada por la injusticia, le harán tocar fondo, todo debe conducir a la necesaria catarsis. El fondo católico de Iñárritu se nota no sólo en la imaginería religiosa presente en la cinta, sino en los temas, recurrentes en su cine, de sentido de culpa y redención, que surgen en el océano de la injusticia propia del ser humano caído. Ello atravesado de fatalismo providente, si se nos permite el oxímoron. Las cosas se tuercen, toman la senda más difícil, pero ello acaba ayudando al protagonista, del mal acaba saliendo el bien, aunque antes toca sufrir. El director sabe contar su historia, aunque quizá se entretiene demasiado en algunas escenas, una recreación excesiva en el dolor de Uxbal, que a veces parece un lastre. Está bien la subtrama del amigo senegalés, o la relación con Marambra, pero otros elementos –la relación afectiva entre los dos chinos mafiosos, el hermano de Uxbal– no aportan demasiado, de haber sido eliminados quizá el conjunto ganaría en agilidad. La película cuenta con un gran reparto, entre los que se cuentan algunos actores no profesionales. Pero sobresale Javier Bardem, con una magnífica interpretación, salvaje y entregado como suele ser –por ejemplo la escena en que le van a hacer una extracción de sangre muestra su increíble temple actoral–, que le valió el premio al mejor actor en Cannes.

6/10
A cada uno su cine

2007 | Chacun son cinéma

Babel

2006 | Babel

Un matrimonio estadounidense pasa unos días de vacaciones en Marruecos, una escapada para darse un respiro ante un amor que se ha enfriado. Una bala perdida alcanza a la mujer, y en su debate entre la vida y la muerte, quizá se produzca la deseada aproximación. Pero esa misma bala tendrá un efecto disgregador en la familia del chaval marroquí que, de modo insensato pero sin malicia, ha efectuado el disparo. Muy cerca de la frontera con México, en Estados Unidos, los dos hijos pequeños del mencionado matrimonio están al cuidado de su niñera mexicana. La llamada que anuncia una demora en su regreso supone un trastorno para la mujer, que debe asistir a la boda de su hijo en su país natal. Acabará yendo con los niños, lo que se traducirá en problemas en la frontera. Finalmente, tercer escenario, Japón. Una adolescente sordomuda tiene problemas afectivos, agravados por la muerte de su madre y el alejamiento del padre; éstos le empujan al exhibicionismo sexual, un reclamo en su busca del calor humano que le falta. Película caleidoscópica del tándem mexicano Alejandro González Iñárritu-Guillermo Arriaga (Amores perros, 21 gramos). Trenza cuatro historias que discurren en distintos puntos del globo, más o menos interconectadas, que quieren subrayar aquello de que “el mundo es un pañuelo”, y la respuesta de Mafalda en las tiras cómicas, “pues habrá que quejarse al lavadero”. Film complejo, gran parte del mérito lo constituye la ágil estructura, los saltos fluidos de uno a otro hilo narrativo, y la creación de personajes humanos con problemas, encarnados por un maravilloso reparto. Los cineastas insisten en su cosmovisión fatalista, donde las cosas ocurren por caprichoso azar. Las personas son libres, parecen decir, pero sólo hasta cierto punto, algo externo las condiciona. En realidad esto es cierto en la ficción pergeñada por ellos, pues con cierto cinismo convierten a los personajes del tercer mundo –la familia marroquí, la niñera– en las víctimas principales del destino, mientras que para los saludables representantes de la sociedad opulenta dejan abierta la puerta a la esperanza.

8/10
21 gramos

2003 | 21 grams

21 gramos. La diferencia entre la vida y la muerte, lo que media entre un cuerpo animado y un cadáver. Con este título el mexicano Alejandro González Iñárritu nos habla de la fragilidad de la existencia, de los hilos tenues de nuestro devenir terreno, que pensamos controlar, pero que con enorme facilidad se parten o enredan. Al igual que hiciera en su notable debut, la muy dura Amores perros, nos cuenta tres historias. Pero su peculiar estructura de puzzle, inspirada en William Faulkner, es esta vez más complicada. De modo fragmentado, y al principio desconcertante, nos presenta a tres personajes, cuyos derroteros finalmente están muy relacionados, auténtica carambola a tres bandas. El director rueda su película en inglés, con estilo realista algo desaseado, como si fuera la vida misma, sin esfuerzos por embellecer las imágenes y con brioso montaje. Jack Jordan, preso convicto, acaba de salir de la cárcel. Allí ha abrazado el cristianismo evangelista. Está convencido del “Jesús te ama”, y desea sinceramente salir adelante, junto a su familia. Pero a las dificultades para conseguir trabajo, se suma un fatal atropello. Con su vehículo se lleva por delante al marido y dos hijitas de las hasta entonces felizmente casada Cristina Peck. Termina de completar el cuadro Paul Rivers, enfermo del corazón, necesitado de un trasplante. Y el órgano se lo va a proporcionar el difunto esposo de Cristina. González Iñárritu y su coguionista Guillermo Arriaga hablan con gravedad y sentido fatalista del destino, fuerzas incontrolables que dan al traste con nuestros proyectos. Al describir las situaciones familiares, no se conforman con lugares comunes: así, se nos habla del deteriorado matrimonio de Paul, mantenido artificialmente con mentiras y medias verdades, incluido un aborto que su esposa Mary le ocultó; de las dificultades del “volver a empezar” de Jack, la falta de confianza de la esposa; y de lo que era una vida feliz en Cristina, y que se transforma en desesperación pura y dura, retorno a la adicción a las drogas y deseo de venganza. Cada fotograma transpira rabia, amargura y nihilismo. Hay pequeñas cosas que nos hacen felices, pero duran poco. No hay sentido en el dolor, si hubiera Dios no habría permitido esto, viene a pensar el pobre Jack. La catarsis que al final alcanzan los personajes es limitada.

7/10
11'09''01. 11 de septiembre

2002 | 11'09''01. September 11

Van un egipcio, un israelí, un inglés, un yanqui, un mexicano, un francés, una iraní, un japonés, una india, un bosnio y una chica de Burkina Fasso y… No se trata del comienzo de ningún chiste, sino del elenco de 11 directores, que con 11 minutos por delante de metraje cada uno, recrean lo que les sugieren los trágicos hechos ocurridos en Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001. Como sucede en todo film colectivo, hay mejores y peores segmentos. Conmueve la sencillez de la historia iraní de Samira Makhmalbaf en una escuela, o el triste viudo, Ernest Borgnine, en el corto de Sean Penn. Y resulta muy, muy divertida, la búsqueda de unos chavales en Burkina Fasso de Bin Laden, pensando en la recompensa que se ofrece por su cabeza. Más tomadura de pelo parece el clip de Alejandro González Iñárritu, casi todo él un fotograma en negro, con fogonazos de las caídas de la gente de las Torres Gemelas.

6/10
Amores perros

2000 | Amores perros

El mexicano Alejandro González Iñárritu debuta en el largo con un drama social fresco y vigoroso, que hace pensar en algunos de los males de nuestra “desarrollada” sociedad. Fue candidato al Oscar al mejor film extranjero. Tres historias vertebran la peli, relacionadas levemente por un accidente automovilístico. En las tres hay un elemento común: algún personaje tiene un perro. Lo que permite comparaciones entre los canes y sus dueños. ¿Quién es más animal? ¿Los perros amaestrados para pelear en combates ilegales o los violentos chulos que manejan el cotarro? ¿Esa mascota tan mona, atrapada en el subsuelo de una casa, o la bella modelo cuya vida se derrumba cuando sufre un accidente? ¿El mendigo misterioso al que encargan siniestros asesinatos, asimilado a sus perros, o los elegantes personajes que contratan sus habilidades? Pero no sólo se habla de personajes embrutecidos, sino de su anhelo de amor –amores perros– que late en los sus corazones. El joven que se presta a que su perro combata, desea hacer dinero y comenzar una nueva vida... con su cuñada, de la que está enamorado; aquel ejecutivo va a romper con su familia, fascinado por una joven... que se queda inválida. Ese asesino profesional... tiene familia. González Iñárritu pinta con crudeza cuadros humanos complejos que no presentan fácil solución. Bien pertrechado de un atinado guión de Guillermo Arriaga (su perfecta unidad recuerda al Quentin Tarantino en Pulp Fiction), interpela con sus interrogantes a la conciencia adormecida del espectador.

7/10
El renacido

2015 | The Revenant

Alejandro González Iñárritu aplazó el rodaje de El renacido para acometer primero Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia), ganadora de cuatro Oscar, en las categorías de película, dirección, guión original y fotografía. Al mexicano no le ha afectado la supuesta maldición de los premios de la Academia, pues demuestra tener cuerda para rato. Aquí adapta la novela "The Revenant: A Novel of Revenge", de Michael Punke, que reconstruye la historia real de Hugh Glass, miembro junto con su hijo de una expedición de tramperos que en 1823 se interna en territorio de los arikara, entre las dos Dakotas, en busca de pieles. Cuando Glass sufre el ataque de un oso pardo queda malherido, y sus compañeros, acosados por los indios, no pueden llevarle consigo. El capitán de la expedición le deja bajo el cuidado de su retoño, otro de los miembros más jóvenes del grupo y el veterano John Fitzgerald. Pero este último resulta no ser de fiar. La veracidad de las imágenes se acentúa gracias a la cámara cercana de Emmanuel Lubezki, alias "El Chivo", colaborador habitual del realizador, tan integrada en cada escena que se vive en primera persona el acecho de los pieles rojas y el padecimiento de los personajes. A veces se nota que se trata del mismo operador de El árbol de la vida, sobre todo en algunas secuencias oníricas donde el protagonista evoca la felicidad de su familia, truncada por la muerte. Salvo algún plano metafórico donde un ave brota de heridas mortales, el grueso del film se aleja bastante de los detalles pretenciosos que daban un poco al traste con los altos vuelos de Birdman. Por primera vez, el autor de Amores perros se adentra en el puro cine de género, sin querer ofender con esta afirmación al cuate, pues esto no quiere decir que estemos ante un relato genérico o convencional ni mucho menos. Pero sí que mira a los westerns sucios de Sam Peckinpah y tiene elementos en común con Las aventuras de Jeremiah Johnson, filmada en 1973 por Sydney Pollack, y sobre todo con El hombre de una tierra salvaje, de Richard C. Sarafian, que reconstruye los mismos hechos históricos. Aunque El renacido resulta más cruda si cabe por el hiperrealismo del cine contemporáneo. El espectador siente la violencia en sus carnes, sobre todo en la impresionante secuencia del ataque del grizzly, que pasará con toda seguridad a la historia del cine, si bien no resulta apta para cardíacos. El conjunto tiene mucho del cine clásico de aventuras, sin que eso suponga una ruptura completa con su filmografía, ni un renacer de Iñárritu, sino más bien una evolución coherente. Aquí también se concibe la vida como un ‘via crucis’, donde los humanos tienen que soportar duras pruebas cada vez peores (como el protagonista de Biutiful), y seguir vivo muchas veces depende del azar. En su retrato de la lucha contra los elementos naturales, parece que el hombre acaba siendo lo más peligroso, pues la traición puede causar más daño que el ataque de una bestia salvaje. Pero la mirada del mexicano se ha vuelto un poco más luminosa, pues en la dura batalla por salir adelante a cada minuto, puede irrumpir un acto de solidaridad humana que devuelve la esperanza. Incluso se lanza una mirada a lo trascendente… "La venganza está en manos de Dios", asegura uno de los personajes. Casi sobrenatural resulta la composición del protagonista realizada por Leonardo DiCaprio, que lejos de acomodarse y vivir del cuento sigue buscando papeles complicados; algunos planos filmados en la nieve sin ropa no han debido resultar nada fáciles para la estrella. Pero sorprende casi más el gran Tom Hardy, que interpreta al barbudo antagonista sobre todo con los ojos, que le permiten mostrar la miseria del lado más oscuro de las personas.

8/10
Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia)

2014 | Birdman

Riggan Thomas, actor de cine que se convirtió en icono de masas años atrás al encarnar al famoso superhéroe Birdman, trata de reinventarse montando en Nueva York una obra teatral seria basada en un texto de Raymond Carver. La fecha del estreno en Broadway se aproxima, y las cosas se le complican cuando debe reemplazar a uno de los actores. A los nervios de los ensayos previos se suma una persistente voz interior que se burla de él por su patético plan. La del mexicano Alejandro González Iñárritu no es simplemente una incursión fílmica más a las bambalinas del mundo del teatro y el cine, un subgénero que ha dado títulos tan notables como Eva al desnudo o El juego de Hollywood, por citar sólo dos formidables películas. Su mirada es muy actual, y a la vez plenamente universal, a la hora de abordar el ego de los artistas y alrededores; y su ejecución, la idea de rodar en un solo plano al estilo de Alfred Hitchcock en La soga, con transiciones casi invisibles pues sería imposible hacer así una película de dos horas, resulta muy moderna y dota al relato de una enorme dosis de energía, muy adecuada a la zozobra interior de los agitados personajes. A este virtuosismo visual y coreográfico, suma el uso de una partitura musical con mucha percusión y conscientemente molesta, que intensifica la desazón de Riggan y compañía. Con un guión en que vuelven a colaborar con Iñárritu Nicolás Giacobone y Armando Bo –con ellos hizo Biutiful–, a los que se suma Alexander Dinelaris, se abordan cuestiones como el narcisismo y la petulancia de los actores, las dificultades para formar y mantener con solidez los vínculos familiares, el desgaste psicológico y la presión que supone sacar adelante una obra de teatro. Al precio personal que se paga en un proyecto de índole creativa en que uno pone el alma, que lleva a reacciones extremas y al desorden de los afectos o a la adicción a sustancias, se suma lo que rodea a su acogida, la reacción del público, a veces frívola y más hoy con el uso de las redes sociales, y la de la crítica, a veces ridículamente endiosada, otras siendo ella misma la que encarna la inesperada virtud de la ignorancia que atribuye a aquellos que juzga. La cinta que entrega el cineasta mexicano es descarnada, a veces con detalles innecesariamente zafios, pero destaca su enorme solidez, la sensación de que se atrapan los “superpoderes” de los actores, pero también la “kriptonita” que los debilita y los convierte en extremadamente vulnerables e indefensos. La metáfora de los superhéroes no es sólo un recurso para poner en solfa la saturación que de ellos sufren en la actualidad las pantallas, sino que sirve a la postre para hablar de la capacidad insospechada que tienen las obras representadas para tocar determinadas fibras inefables del espíritu humano. Y propicia un final muy hermoso. Resulta inteligente la elección de Michael Keaton para el papel protagonista –formidable su interpretación–, pues añade un subtexto a la trama ya que él mismo interpretó en el pasado a un superhéroe, el Batman de Tim Burton. Pero es que todo el reparto está escogido perfectamente, Edward Norton brilla como el actor prepotente y Naomi Watts como su novia y compañera en la obra, Emma Stone está muy bien como la hija de Riggan en proceso de desintoxicación, Zach Galifianakis es el representante perfecto; y también hacen bien su papel Amy Ryan, la ex de Riggan, y Andrea Riseborough, su actual pareja.

8/10
Biutiful

2010 | Biutiful

Barrio del Raval, en Barcelona. Uxbal es un padre de familia separado de su esposa bipolar Marambra, que tiene la custodia de sus dos hijos pequeños, Ana y Mateo. Baqueteado por la vida, sostiene a los suyos colaborando con una mafia china de inmigrantes ilegales, chinos y africanos, que trabajan en la construcción, o como ‘manteros’, aunque tampoco son ajenos al tráfico de drogas. Además, Uxbal tiene un don muy especial: es vidente, y en ocasiones ve a los espíritus de los muertos, que le cuentan sus penas. Acostumbrado a mirar a la muerte de cara, va a tener que enfrentarse a la suya propia: le acaban de diagnosticar un cáncer terminal, y una buena amiga le aconseja que en el tiempo que le queda intente “arreglar lo suyo”. En su primera película sin Guillermo Arriaga, el mexicano Alejandro González Iñárritu cambia la narración fragmentada de tramas múltiples por el relato lineal centrado sobre todo en un personaje, tarea en que le han ayudado los jóvenes Armando Bo y Nicolás Giacobone; sólo prólogo y epílogo, profundamente conectados, rompen levemente esa linealidad. En lo que no hay alteración es en los temas y enfoques del cineasta, nuevamente tenemos una situación extrema que envuelve a Uxbal, al que si algo le puede salir mal, parece que le saldrá peor. De modo que la dramática situación de familia rota conoce vaivenes, las mejorías resultan espejismos, la esperanza la aportan las posibilidades abiertas de un futuro incierto. Y las variables de su enfermedad, más sus trapicheos con los inmigrantes, donde él pone toda su buena voluntad para ayudar en una sociedad atravesada por la injusticia, le harán tocar fondo, todo debe conducir a la necesaria catarsis. El fondo católico de Iñárritu se nota no sólo en la imaginería religiosa presente en la cinta, sino en los temas, recurrentes en su cine, de sentido de culpa y redención, que surgen en el océano de la injusticia propia del ser humano caído. Ello atravesado de fatalismo providente, si se nos permite el oxímoron. Las cosas se tuercen, toman la senda más difícil, pero ello acaba ayudando al protagonista, del mal acaba saliendo el bien, aunque antes toca sufrir. El director sabe contar su historia, aunque quizá se entretiene demasiado en algunas escenas, una recreación excesiva en el dolor de Uxbal, que a veces parece un lastre. Está bien la subtrama del amigo senegalés, o la relación con Marambra, pero otros elementos –la relación afectiva entre los dos chinos mafiosos, el hermano de Uxbal– no aportan demasiado, de haber sido eliminados quizá el conjunto ganaría en agilidad. La película cuenta con un gran reparto, entre los que se cuentan algunos actores no profesionales. Pero sobresale Javier Bardem, con una magnífica interpretación, salvaje y entregado como suele ser –por ejemplo la escena en que le van a hacer una extracción de sangre muestra su increíble temple actoral–, que le valió el premio al mejor actor en Cannes.

6/10
11'09''01. 11 de septiembre

2002 | 11'09''01. September 11

Van un egipcio, un israelí, un inglés, un yanqui, un mexicano, un francés, una iraní, un japonés, una india, un bosnio y una chica de Burkina Fasso y… No se trata del comienzo de ningún chiste, sino del elenco de 11 directores, que con 11 minutos por delante de metraje cada uno, recrean lo que les sugieren los trágicos hechos ocurridos en Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001. Como sucede en todo film colectivo, hay mejores y peores segmentos. Conmueve la sencillez de la historia iraní de Samira Makhmalbaf en una escuela, o el triste viudo, Ernest Borgnine, en el corto de Sean Penn. Y resulta muy, muy divertida, la búsqueda de unos chavales en Burkina Fasso de Bin Laden, pensando en la recompensa que se ofrece por su cabeza. Más tomadura de pelo parece el clip de Alejandro González Iñárritu, casi todo él un fotograma en negro, con fogonazos de las caídas de la gente de las Torres Gemelas.

6/10
Babel

2006 | Babel

Un matrimonio estadounidense pasa unos días de vacaciones en Marruecos, una escapada para darse un respiro ante un amor que se ha enfriado. Una bala perdida alcanza a la mujer, y en su debate entre la vida y la muerte, quizá se produzca la deseada aproximación. Pero esa misma bala tendrá un efecto disgregador en la familia del chaval marroquí que, de modo insensato pero sin malicia, ha efectuado el disparo. Muy cerca de la frontera con México, en Estados Unidos, los dos hijos pequeños del mencionado matrimonio están al cuidado de su niñera mexicana. La llamada que anuncia una demora en su regreso supone un trastorno para la mujer, que debe asistir a la boda de su hijo en su país natal. Acabará yendo con los niños, lo que se traducirá en problemas en la frontera. Finalmente, tercer escenario, Japón. Una adolescente sordomuda tiene problemas afectivos, agravados por la muerte de su madre y el alejamiento del padre; éstos le empujan al exhibicionismo sexual, un reclamo en su busca del calor humano que le falta. Película caleidoscópica del tándem mexicano Alejandro González Iñárritu-Guillermo Arriaga (Amores perros, 21 gramos). Trenza cuatro historias que discurren en distintos puntos del globo, más o menos interconectadas, que quieren subrayar aquello de que “el mundo es un pañuelo”, y la respuesta de Mafalda en las tiras cómicas, “pues habrá que quejarse al lavadero”. Film complejo, gran parte del mérito lo constituye la ágil estructura, los saltos fluidos de uno a otro hilo narrativo, y la creación de personajes humanos con problemas, encarnados por un maravilloso reparto. Los cineastas insisten en su cosmovisión fatalista, donde las cosas ocurren por caprichoso azar. Las personas son libres, parecen decir, pero sólo hasta cierto punto, algo externo las condiciona. En realidad esto es cierto en la ficción pergeñada por ellos, pues con cierto cinismo convierten a los personajes del tercer mundo –la familia marroquí, la niñera– en las víctimas principales del destino, mientras que para los saludables representantes de la sociedad opulenta dejan abierta la puerta a la esperanza.

8/10

Últimos tráilers y vídeos