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Biografía

Tobey Maguire

Tobey Maguire

45 años

Tobey Maguire

Nació el 27 de Junio de 1975 en Santa Monica, California, EE.UU.

El muchachito medio

31 Marzo 2004

Con pinta de estudiante aventajado, despistado, tímido y sonriente, trepó a la cima de la popularidad enfundado en el traje del hombre araña. Pero a pesar de su juventud, Tobey Maguire lleva una década atrapando con sus redes al público en interpretaciones memorables, con Ang Lee, Curtis Hanson o Woody Allen.

Nacido el 27 de junio de 1975, en Santa Mónica (California), Tobias Vincent Maguire fue el primer hijo de una joven cocinera de 18 años, y un obrero de 20. La pareja se separó cuando Tobey cumplió un año, y el niño se quedó con su madre, que en busca de trabajo se recorrió diversas localidades del oeste de Estados Unidos. El chico iba para chef, pero Arguiñano perdió a un posible competidor cuando su madre le ofreció cien dólares por dejar las clases de cocina y matricularse en interpretación, pues ella misma había soñado con ser actriz en su juventud. Además, le acompañó a multitud de castings, y de muy joven fue seleccionado para varios anuncios televisivos. A los 17 años le dieron el papel protagonista de la telecomedia Great Scott, pero no tuvo ningún éxito, y enseguida fue retirada de la programación.

En lugar de desanimarse, el chico siguió erre que erre hasta que le pusieron como compañero de reparto de Robert De Niro y Leonardo Di Caprio, en Vida de este chico, aunque su papel  era muy secundario. Más cancha tenía en Desmontando a Harry, de Woody Allen, como un joven que recurre a una prostituta, y sobre todo como el estudiante que se reúne con sus padres en La tormenta de hielo, del taiwanés Ang Lee. Por este último trabajo recibió buenas críticas, por lo que le ofrecieron su primer papel protagonista, en la fantasía Pleasantville, donde era un joven misteriosamente atrapado en una telecomedia. Tras un pequeño papel en la iconoclasta Miedo y asco en Las Vegas, se hizo popular por Las normas de la casa de la sidra. Quizás la calidad de los intérpretes era lo más interesante de esta adaptación de una novela de John Irving, de propósitos proabortistas. Destacaba el veterano Michael Caine, como el doctor Willbur Larc, y el joven Maguire, como Homer Wells, su aprendiz. Aunque volvió a repetir con Ang Lee en Cabalga con el diablo, este título fue el que más desapercibido pasó por las carteleras del prolífico realizador. Mayor reconocimiento alcanzó la magnífica Jóvenes prodigiosos, donde era un estudiante de privilegiado talento literario.

Y de ahí pasó al estrellato, cuando Sam Reimi le escogió entre decenas de aspirante para interpretar a Peter Parker en Spider-Man. No fue un papel fácil, pues tuvo que someterse a un intenso entrenamiento para adquirir volumen muscular. En un momento del rodaje sufrió un ataque de claustrofobia, por lo que el director tuvo que llamar a un hipnotizador para que le calmara.

De superhéroe pasó a jockey en Seabiscuit, la historia real de un caballo que causaba furor en los hipódromos de la América de la Gran Depresión. Ha recibido tan buenas críticas que incluso podría caer alguna nominación al Oscar.

Asimilar el éxito a una edad temprana no es una tarea fácil, y Maguire tuvo algunos problemas por el alcohol. Incluso estuvo a punto de perder su papel en la secuela de Spider-Man, durante una etapa de crisis, probablemente motivada por la bebida. Por suerte, se dio cuenta enseguida de que se dirigía hacia su propia destrucción, y tras confesar públicamente su adicción, se puso manos a la obra para regenerarse.

Filmografía
El caso Fischer

2014 | Pawn Sacrifice

Película basada en hechos reales, narra el enfrentamiento por el campeonato mundial de ajedrez del aspirante estadounidense genial, excéntrico y desequiibrado Bobby Fischer con el jugador que ostenta el título, el ruso Boris Spassky. Ello ocurre en Reikiavik, Islandia, en 1972, o sea, en plena guerra fría, de modo que la lucha cobra un claro simbolismo, y acapara la atención mundial de la opinión pública. La fragilidad mental de Fischer queda explicitada en el acertado título original –"Sacrificio de peón"–, alusivo a la disposición de algunos a considerar al ajedrecista como una pieza prescindible en el tablero de la escena internacional, cara a asegurar por encima de todo la victoria de Estados Unidos sobre la Unión Soviética. Como se ve, la trama no puede ser más apasionante –incluso inspiró otro film de ficción que no cuenta la vida del ajedrecista, En busca de Bobby Fischer–, y plegarse a lo que ocurrió es suficiente para asegurar una película que atrape. Esto hace en gran parte el guión de Steven Knight –no deja de ser curioso que su apellido sea el nombre de una pieza de ajedrez, en España el caballo–, que maneja un director al que le gustan las historias de corte épico, Edward Zwick –Tiempos de gloria, El último samurái–. El dramatismo de las partidas funciona muy bien, aunque por desgracia hay algo de brusquedad tras el discurrir de las primeras, que precipitan un final demasiado brusco. Tobey Maguire, productor y protagonista, compone bien a Fischer con sus rarezas y exigencias, mientras que su némesis, Liev Schreiber, entrega un meritorio Spassky, incluido su esfuerzo por hablar en ruso. En cambio otros personajes saben a poco, el espectador se queda con ganas de saber más del abogado Paul Marshall (Michael Stuhlbarg) y el sacerdote Lombardi (Peter Sarsgaard), que ejercen como manager y consejero ajedrecístico de Fischer, y de la madre y la hermana del jugador, de las que apenas se nos ofrecen unos apuntes que ayudan a hacernos una idea del entorno familiar en que ha crecido.

6/10
El gran Gatsby, de Baz Luhrmann

2013 | The Great Gatsby

Nick Carraway, aspirante a escritor que abandonó sus sueños literarios por los encantos de una Nueva York embriagadora, guardiana en los años 20 de promesas de fortuna en el mercado de bonos y de mil y una diversiones, recuerda. El crack económico del 29 le ha golpeado, pero sobre todo su fascinación en Coney Island por su vecino, el misterioso y potentado Jay Gatsby, quien acudió a él con el sueño de recuperar a su amor de juventud, Daisy Buchanan, prima de Nick y ahora una mujer casada con Tom. Adaptación de la obra emblemática de Francis Scott Fitzgerald, el desafío de El gran Gatsby, de Baz Luhrmann es evitar las excesivas comparaciones con sus predecesoras, fundamentalmente El gran Gatsby, la versión de Jack Clayton con guión de Francis Ford Coppola y protagonismo de Robert Redford. El director australiano, siendo fiel al original, dota a su película de personalidad propia con las armas que ya usó en Romeo y Julieta, de William Shakespeare y Moulin Rouge, o sea, su barroquismo exuberante, un apabullante derroche visual corregido y aumentado con el recurso al 3D, y el uso de música moderna, con inteligente medida. Y ello sin renunciar a la esencia de la historia, un romanticismo nostálgico exacerbado, y a lo propio de los años 20, ya sea en ambientación y vestuario, ya sea en las inevitables y oportunas notas del jazz. El paso del tiempo, la imposibilidad, o no, de recuperar el pasado, el tiempo perdido –tema personalísimo de Fitzgerald, por la historia de amor con su esposa Zelda–, los excesos de todo tipo, corrupción en los negocios, el pasarlo bien –que conectan con la crisis económica, el contexto en que se ha producido el film–, los complejos por las diferencias sociales, y por encima de todo, la añoranza de cierta pureza, de un amor sublimado, “la luz verde” que “nos esquiva, pero no importa”. La voz en off del narrador, Carraway, funciona a la hora de evocar estas cuestiones personificadas en un Gatsby que con sus defectos es “mejor que los otros”, y al que Leonardo DiCaprio compone con talento. Digna película de Baz Luhrmann, tal vez no perfecta en el intento de simbiosis narrativa entre la descripción de la época, y el drama personal, pero brillante y poderosa en muchos momentos; ya sean los puramente actorales, el pasaje en que se ponen las cartas boca arriba entre Gatsby y los Buchanan, ante los testigos mudos, Carraway y Jordan Baker, o los casi operísticos, el accidente y el desenlace. Hay acierto en un reparto donde, aparte de DiCaprio, Carey Muligan y Tobey Maguire, estupendos, hay una apuesta por actores desconocidos que encarnan muy bien a sus personajes, como Joel Edgerton y Elizabeth Debicki.

7/10
The Details

2011 | The Details

Brothers (Hermanos)

2009 | Brothers

Jim Sheridan se toma cada nuevo proyecto con suma tranquilidad. Cuatro años después de la absolutamente fallida Get Rich or Die Trying, el irlandés rueda un remake de Hermanos, coescrita y dirigida por la danesa Susanne Bier. Cuenta con un guión del prestigioso David Benioff (Cometas en el cielo, La última noche) que ha introducido pocos cambios con respecto al original, pues básicamente ha adaptado la historia a los Estados Unidos. Así, esta vez tenemos al capitán Sam Cahill, militar modélico, felizmente casado con Grace, su novia del instituto, con la que tiene dos hijas. Por contra, su hermano menor Tommy Cahill es la oveja negra de la familia, que acaba de salir de la cárcel en libertad condicional. Cuando el helicóptero en el que viaja Sam es derribado por los talibanes durante una misión en Afganistán, Tommy estrecha su relación con la esposa de su hermano, y poco a poco se convierte en su sustituto en el hogar. Además, Grace y Tommy se sienten atraídos el uno por el otro. Tenía Sheridan todas las papeletas para triunfar nuevamente, pues se basa en un film muy sólido, y cuenta con un reparto de primera. Además, la historia da pie al director de En el nombre del padre y En América para incidir en el tema más importante de su filmografía: las relaciones familiares. Como en esas dos películas citadas, le interesan en particular las relaciones paternofiliales, así que aunque el tema central son los hermanos, presta especial atención a la relación de las niñas con su padre, y del hermano díscolo con el suyo. Es además un film sobre las secuelas de la guerra, en línea con El cazador o El regreso. El tema está en los momentos de las producción de desgraciada actualidad, por el recrudecimiento de la guerra de Afganistán. Pero el resultado es un film excesivamente convencional, mil veces visto, y mucho menos impactante que su versión danesa. Su resolución es poco brillante, faltan ideas en la puesta en escena y todo se vuelve demasiado previsible. Desde luego no está a la altura de la brillante filmografía de Sheridan, que parece que empieza a acusar cierto cansancio en los últimos años. Levantan un poco la función los actores. Realiza un gran esfuerzo Tobey Maguire, aunque su interpretación resulta un poco forzada, y su look deliberadamente desmejorado no ayuda a hacer creíble a su personaje. Resultan mucho más naturales Natalie Portman y Jake Gyllenhaal, así como los sobresalientes secundarios, Sam Shepard, Mare Winningham y sobre todo las niñas Bailee Madison y Taylor Geare, enormemente expresivas.

5/10
Tropic Thunder. ¡Una guerra muy perra!

2008 | Tropic Thunder

Aunque Ben Stiller se prodiga más como actor, y es sobre todo conocido por protagonizar comedias como Algo pasa con Mary, lo cierto es que ya tiene cuatro películas como director. Empezó con la comedia dramática Reality Bites (Bocados de realidad), un intento serio de describir a la juventud del momento. Pero después dio un giro hacia la comedia alocada, que es el género donde realmente se siente a gusto, con Un loco a domicilio –el mayor fracaso de Jim Carrey–, y Zoolander, corrosiva crítica al mundillo de los modelos. Continúa esta línea ácida en esta cinta metacinematográfica, que sitúa en su punto de mira al Hollywood actual. Damien Cockburn –director británico en alza– se enfrenta a la complicada tarea de dirigir una costosa producción bélica que se rueda en una selva del sudeste asiático. La cinta reúne a cuatro grandes estrellas: Tugg Speedman –especialista en cine de acción, de capa caída–, Jeff Pornoy –protagonista de comedias simplonas y soeces muy populares, en las que interpreta todos los papeles, al estilo de Eddie Murphy–, Alpa Chino –un cantante de hip-hop– y el camaleónico actor teatral multipremiado Kirk Lazarus, que en su afán por preparar meticulosamente todos los papeles que interpreta, no dudará en someterse a una operación para cambiar el color de su piel, porque tiene que interpretar a un negro. El rodaje está a punto de irse al traste, porque el director se muestra incapaz de controlar a los protagonistas, que con sus poses de ‘divos’ se han vuelto insoportables. El productor de la cinta amenaza con cancelar el rodaje. Ante esta situación extrema, el veterano militar Four Leaf Tayback, asesor de la cinta porque se basa en sus experiencias en combate, recomienda al director que lo mejor que puede hacer es abandonar a los actores en una zona inhóspita de la jungla, para que se preocupen únicamente por sobrevivir, y grabarles, para luego montar la película a partir de vivencias reales. Hay algún que otro momento divertido, la idea inicial tiene su gracia, y el film cuenta con buenos actores, de enorme potencial cómico. Se luce especialmente Robert Downey Jr., en un personaje que parodia a grandes actores como Daniel Day-Lewis o Robert De Niro, capaces de grandes sacrificios por convertirse en los personajes que interpretan. Especialmente chocante resulta el papel de Tom Cruise, como productor calvo y obeso, estilo Torrente, radicalmente opuesto a su imagen habitual. También tiene su interés, algún apunte sobre la auténtica naturaleza de los actores, llenos de miedos, y necesitados constantemente de aprobación. Sin embargo, la idea inicial pierde fuelle enseguida. En cuanto los actores están en mitad de la jungla y se enfrentan con unos peligrosos narcotraficantes, la acción apenas avanza. No se sabe muy bien si les están grabando o no, se supone que con cámaras ocultas (¿ocultas por todos los rincones de la selva?). Sus supuestas críticas a Hollywood son de corto alcance, y quedan bastante diluidas por su constante recurso al humor soez –a veces macabro–, que se supone se denuncia. Ben Stiller apenas se molesta en disimular su interés por acaparar los momentos graciosos, y por contra desaprovecha a Jack Black, que como cómico no tiene precio, y que aquí ofrece constantemente la sensación de que daba para mucho más. Tampoco se le saca jugo a los numerosos rostros conocidos que se han prestado a hacer cameos muy poco graciosos. Ciertamente, la aparición de Tobey Maguire, haciendo de sí mismo tiene su gracia, pero resultan bastante ‘sosas’ las apariciones estelares de Mickey Rooney, Alicia Silverstone, Jennifer Love Hewitt, Jon Voight o Jason Bateman. Los planos de Matthew McConaughey se podrían suprimir y no ocurriría nada.

4/10
Spider-Man 3

2007 | Spider-Man 3

Tercera entrega de las aventuras del hombre araña, que mantiene el alto nivel de los filmes anteriores, basados en el superhéroe del cómic de Marvel de Stan Lee y Steve Ditko. La clave del éxito, una vez más, es un guión elaborado, lo que no significa planteamientos sesudos –no es eso lo que reclama la saga Spider-Man–, sino un buen puñado de ideas capaces de vertebrar la trama, y que suponen conflictos de entidad para los protagonistas. El director Sam Raimi repite en la escritura del libreto, y a él se suman su hermano mayor Ivan Raimi, y Alvin Sargent, que ya participó en la segunda película, y que demuestra solvencia –como hizo en los filmes Luna de papel y Gente corriente– para pintar personajes normales en situaciones extraordinarias. El nuevo film arranca en una aparente situación idílica para Peter Parker y Mary Jane Watson. El primero al fin ha conseguido el favor popular de los neoyorquinos, que sencillamente le adoran; su noviazgo con Mary Jane se ha afianzado y parece que las campanas de boda pueden sonar en cualquier momento. Mientras, ella ha sido seleccionada para cantar en un multipremiado musical de Broadway. Pero la felicidad perfecta en este mundo no existe, y pronto van a surgir obstáculos a esta felicidad: Mary Jane es expulsada del musical, y se siente anulada ante la popularidad de Spider-Man; y Harry Osborn sigue culpando a Peter de la muerte de su padre. Las cosas se complican más con la aparición de nuevos supervillanos: allí están el Hombre de Arena, un delincuente común con mala fortuna en la vida, que a resultas de un experimento radioactivo ha mutado su estructura genética; y un parásito llegado del espacio exterior en un meteorito, del que nacerá Venom, que primero va a tentar a Peter Parker, que así va a descubrir su lado más oscuro, y luego a un nuevo fotógrafo del Daily Bugle. Nadie es perfecto. No estamos marcados por el destino, cada uno se lo construye con sus propias decisiones. Hay que saber reconocer los propios errores y pedir perdón. El bien existe, y el mal también, y optar por el primero sirve para labrarse una felicidad duradera. Son ideas que todos reconocemos como auténticas, porque las tenemos grabadas muy adentro. El éxito de las aventuras de este superhéroe, frente a otros quizá muy apreciados, pero no tanto, tienen que ver, y mucho, con estas nociones. A partir de ellas tenemos un guión sólido y muy dinámico, donde el encontrarnos en una tercera entrega permite un mejor desarrollo de los personajes. En la referente a las escenas de acción, si bien hay algunas más convencionales –hemos visto ya tantas secuencias de efectos visuales…–, el Hombre de Arena es todo un hallazgo, y la escena de la grúa descontrolada es de una espectacularidad increíble. La trama combina bien esos momentos trepidantes con la exploración de los rincones más oscuros del superhéroe, la tentación de la venganza, el encerrarse en uno mismo y la capacidad de redención. Hay muchos y buenos momentos para el humor –el director del Daily Bugle siempre es una buena baza, pero también están propiciados por las escenas en que Parker “se desmelena”–, pero sin que esto lleve a dejar a un lado la idea del talento, que puede ser malgastado, o no. Ya puede ser uno un gran superhéroe, que eso no le convierte en necesariamente bueno, es más, tiene bastantes posibilidades por equivocarse y optar por lo contrario. La idea de libertad es muy importante en este film, y desde luego la salvación de Harry no puede venir de ninguna manera a través de un golpe de fortuna, su inesperado estado de amnesia.

7/10
El buen alemán

2006 | The Good German

Los alemanes han sido derrotados en la Segunda Guerra Mundial, y los líderes de las naciones vencedoras –Truman, Churchill, Stalin– van a reunirse en la Conferencia de Postdam. Con este telón de fondo llega a Berlín el capitán estadounidense Jacob 'Jake' Geismer, periodista, al que asignan como chófer al soldado Patrick Tully, un joven con cara de no haber roto nunca un plato, aunque en realidad es un arribista taimado, que ha hecho fortuna en el mercado negro. Casualidades de la vida (¿o no?), Tully comparte techo y cama con la alemana Eva Brandt, antigua corresponsal de Geismer, a la que siempre cortejó, y que se ha prostituido durante la guerra. Este singular triángulo se enreda aún más por el hecho de que Eva se casó con un científico, presumiblemente muerto en la actualidad. Despierta las simpatías del espectador el simple inicio del film, con el sello de los años 40 de la Warner, el formato de pantalla de 1.33:1 (que tras los títulos de crédito pasa a un 1.66:1, más digerible para el público actual), la fotografía en blanco y negro, y una partitura musical grandilocuente, elementos todos ellos que retrotraen al cine de la época que retrata el film. Y también el marco de la historia, el Berlín destrozado por los bombardeos, semejante al de Berlín Occidente de Billy Wilder, también por las circunstancias que empujan a Eva a la supervivencia, aunque sea dejándose en el camino su integridad moral. Otras referencias de pura cinefilia conducen a Casablanca, ya sea por la historia de amor, donde ‘el buen alemán’ del título sería equivaldría al héroe de la resistencia Laszlo, o por la escena hacia el final en el aeropuerto; e incluso a El tercer hombre y los alcantarillados de una ciudad dividida en zonas. Pese a todos los elementos atractivos que presenta el film, entre los que el cuidado reparto no es el menor (Tobey Maguire deja atrás su pijama de superhéroe, para componer a un canalla), no logra evitar Steven Soderbergh un tono algo plomizo en el desarrollo narrativo del guión de Paul Attanasio, que a su vez se basa en una novela de Joseph Kanon. No casan bien los momentos abruptos, punteados con arrebatos de inusitada violencia, con el discurrir parsimonioso de la trama, los secretos e intereses oscuros que mueven a rusos y americanos; aunque resulta interesante el paralelismo apuntado entre la entrega de media Europa a la Rusia soviética, y la pequeña historia que narra el film.

6/10
Spider-Man 2

2004 | Spider-Man 2

Esta vez su seguro servidor, el hombre araña, se subirá literalmente por las paredes con la aparición de un peligroso supervillano: el doctor Octopus. Ésta es la identidad que toma Otto Octavius, profesor y amigo de Peter Parker, el hombre araña. Un experimento fallido de Octavius con antimateria provoca la muerte de su esposa, y que unos sofisticados brazos mecánicos inventados por él se queden adheridos a su espalda. Estos hechos conmocionan tanto al científico, que pierde la razón y se convierte en un monstruoso delincuente. Para desgracia de Spider-Man, que está intentando dejar de ser un superhéroe, porque su doble vida apenas le deja tiempo para los estudios que acaba de iniciar en la universidad, su trabajo como fotógrafo del Daily Bugle, y el tener que ejercer incluso de repartidor de pizzas para poder llegar a fin de mes. El que dijo aquello de “segundas partes nunca fueron buenas” cambió de opinión cuando fue a ver el segundo Spider-Man. A estas alturas del siglo XXI se da por supuesto que en una gran superproducción los efectos especiales serán sorprendentes, que los actores resultarán creíbles y que la película estará muy bien rodada. Aún así la película  muchas veces fracasa por culpa de un buen guión. Aquí se intenta algo más. Los productores, conscientes de que se trata del personaje estrella de Marvel, y que la franquicia puede seguir produciendo dinero durante muchos años (Sony quiere rodar seis entregas), han decidido cuidar al milímetro el guión, que básicamente gira en torno a la pesada carga que supone ser Spider-Man. Pero Peter Parker no puede dejar de serlo a la ligera, porque es consciente de la responsabilidad que supone tener la fuerza proporcional de una araña, y generar fluido arácnido, entre otras habilidades sobrehumanas. Sam Raimi, director de las dos entregas, ha sabido captar sobre todo la humanidad del personaje central, el secreto que ha hecho de Spider-Man un cómic que continúa teniendo éxito cuatro décadas después de su creación. Pero también están llenos de la misma humanidad los secundarios. Harry Osborn, hijo del Duende verde de la primera parte, ofuscado por el odio hacia Spider-Man. Jonah J. Jameson, más conocido como J.J.J., malhumorado pero en el fondo entrañable director del periódico. La tía May, hiperprotectora de su sobrino pese a que éste es un superhéroe. Y sobre todo, Mary Jane, a quien por su importancia le dedicamos su propio recuadro más abajo. Y, por supuesto, el doctor Octopus.

8/10
Seabiscuit

2003 | Seabiscuit

Es verdad que las películas de género deportivo suelen tener demasiadas veces un factor en contra: su previsibilidad. Pero también es cierto que se prestan, quizá también más que ninguna otra, a reflejar la vida humana en su faceta más romántica: la de lograr que los sueños se hagan realidad. Películas como Seabiscuit son capaces de arrancar en el espectador una emoción verdadera, el ansia de no rendirse jamás ante las dificultades, la convicción de que aunque seamos pequeñas personas siempre seremos capaces de hacer cosas grandes. Y eso es importante para mantenerse vivo. Seabiscuit es la historia de un pequeño caballo que se convirtió en una leyenda allá por los años treinta, en el Estados Unidos hundido por la depresión. Pero es también la aventura de superación de tres personas cuyo mundo se había derrumbado por completo. Johnny “Red” Pollard es un joven jockey que malvive con trabajos de poca monta y cuya vida solitaria tras el abandono de sus padres se ha convertido en una pesadilla. El millonario Charles Howard es un hombre hecho a sí mismo, pero que ha perdido lo que más quería, en la vida, su mujer y su hijo. Tom Smith es un vaquero de los de antes, los que aman la naturaleza y la vida más que el dinero (“no se tira una vida por la borda sólo porque esté un poco magullada”, dice), lo cual no le ha permitido prosperar y ha acabado por ser un hombre sin futuro. Pero el destino quiere que estas tres personas se encuentren y entablen relación en torno a un pequeño caballo de carreras que les devolverá las ganas de vivir. Gary Ross adapta el libro de Laura Hillenbrand, basado en hechos reales, y él mismo se encarga de dirigirlo. Su cámara se mueve con soltura al filmar las carreras –magnífica fotografía de John Schwartzman–, con primorosos primeros planos llenos de fuerza y belleza. Pero su guión no olvida esos temas de los que hemos hablado antes, concediendo un dramatismo notable al mundo interior de los personajes, plagados de tristezas, dudas, contradicciones, pero también de esperanza: corazones magullados, pero todavía vivos. Logra de este modo una película brillante y humana, también gracias al excelente reparto, entre los que destaca Jeff Bridges. Su grito final emociona de verdad.

7/10
Spider-Man

2002 | Spider-Man

Nueva York. Peter Parker es un chaval normal y corriente que vive con sus tíos en el barrio de Queens. Es aficionado a la fotografía y colabora en el periódico de su instituto. Además está secretamente enamorado de Mary Jane, una compañera de clase a la que él ve inaccesible, pese a que también es su vecina y la conoce desde hace tiempo. Su vida, por tanto, no se diferencia en nada de la de cualquier joven de su edad: clases, estudio, algún trabajo esporádico y vida familiar… Pero su rutina va a cambiar cuando accidentalmente reciba el picotazo de una araña modificada genéticamente. Peter adquirirá poderes arácnidos fabulosos: facilidad para trepar por paredes y techos, agudeza sensorial extraordinaria, rapidez de movimientos, fortaleza física y, cómo no, capacidad para tejer su propia tela de araña. Al principio verá en esas características un medio formidable de hacer dinero, pero un triste suceso le convencerá de que debe utilizar sus nuevos poderes para combatir el mal. En el otro platillo de la balanza hará contrapeso un megalómano de los negocios llamado Norman Osborn, que además es el padre de Harry, el mejor amigo de Peter en el instituto. Osborn realiza experimentos científicos para el gobierno, pero tras la negativa para poner en marcha su último proyecto decidirá experimentarlo consigo mismo. Como resultado, verá aumentada su inteligencia y su fortaleza, pero también se convertirá en un demente que pondrá en jaque a la ciudad de Nueva York. Nace así el Duende Verde, el mayor enemigo de Spider-Man. A la hora de hacer una película seguramente todos los directores se pregunten qué escondida clave han de tocar para lograr el éxito. Muchos aspectos tienen de funcionar para que la imagen de la pantalla impregne nuestras retinas durante años: historia atractiva, guión trabajado y coherente, personajes sólidos, actores eficaces… Y, sin embargo, quizá todo eso no baste para situar la película en el particular Olimpo de los espectadores. Hace falta algo más. Y si llamamos la atención sobre este aspecto es porque en los últimos tiempos hay dos ejemplos que cabe estudiar: Spider-Man y El señor de los anillos. ¿Por qué esa fascinación en los espectadores? Resulta esclarecedor que ambas películas se basen en historias previas que durante muchos años han gozado del favor de los lectores. Pero hay que añadir –y aquí está la clave misteriosa–, que es entre esos lectores fanáticos (en el buen sentido) donde hemos de buscar a los responsables de ambos proyectos cinematográficos. Antes de rodar Spider-Man, Sam Raimi era ya acérrimo seguidor del cómic de Marvel –a los 12 años sus padres le regalaron un cuadro de Spider-Man que todavía se encuentra sobre la cabecera de su cama en la casa donde creció– y por eso el proyecto le ilusionó como a un niño que estrena balón de fútbol, puso su alma en él y comunicó su entusiasmo a todo el equipo. Y eso se nota en la película. Es verdad que Spider-Man sobresale por su impresionantes efectos visuales, pero también es cierto que lo hace aún más por su historia. Y es que paradójicamente las piruetas técnicas se encumbran cuando se ponen al servicio de una trama dramática que interesa. Raimi (Darkman, Un plan sencillo), apoyado magníficamente en el cómic y en el guión de David Koepp (Parque jurásico, Misión imposible), ofrece un entretenimiento soberbio, con personajes sólidos, verosímiles, que dan lugar a relaciones psicológicas muy intrincadas. Se permite además aderezar la mezcla con gags tan divertidos como el entrenamiento del protagonista, todo un logro de naturalidad narrativa. Si a todo ello sumamos el magnífico trabajo del reparto, el éxito del que hablábamos al comienzo es cosa hecha. Tobey Maguire es sencillamente la encarnación del héroe solitario a su pesar, ese tipo normal cuyas responsabilidades son a veces un plato duro de tragar (¡pobre Mary Jane!). Y a Willem Dafoe (Platoon, Arde Mississippi) habría que apuntarlo como uno de los malvados más sobresalientes de los últimos tiempos. No todos los actores hubieran pasado el corte en la esquizofrénica escena del espejo. Él no sólo aprueba holgadamente sino que además se da el gustazo de ponerte los pelos como escarpias.

7/10
Don's Plum

2001 | Don's Plum

Un grupo de jovenzuelos. Decepcionados con el mundo, sin rumbo, hastiados de todo. Se reúnen en un café un sábado por la noche, dispuestos a rajar de todo, hablar de sexo y ligar si alguna chica se pone a tiro. Film generacional rodado en blanco y negro, y con un algo de improvisación, en cuyo reparto coral se puede ver a Leonardo DiCaprio y Tobey Maguire.

4/10
Jóvenes prodigiosos

2000 | Wonder Boys

Grady es un profesor cincuentón que hace años publicó una novela que fue muy bien recibida por la crítica. Desde entonces, nada de nada. Se supone que está preparando un gran libro, pero la cosa no está muy clara. Sumido en una profunda crisis –su esposa le ha abandonado, su novia está embarazada, sufre bloqueo creativo, se refugia en el alcohol y las drogas...–, su relación con James, un alumno joven prodigio, va a alterar las cosas. La definición que James hace de él –“aquel corazón que había inspirado a tantos, ahora era incapaz de inspirarse a sí mismo”– no puede ser más exacta. ¿Habrá llegado el momento de cambiar? El director de L.A. Confidential, Curtis Hanson, cambia el tercio del cine negro por la historia de aprendizaje, con una relación profesor-discípulo en la que ambos aprenden del otro. En ese sentido, el film –basado en una novela de Michael Chabon– conecta con títulos como El indomable Will Hunting y El club de los poetas muertos. Hanson explica que el film trata también “sobre el viaje hacia la madurez, pero el proceso hacia la madurez de un tipo que tiene cincuenta años”. Sobre los personajes, explica que “son distintos pero todos se parecen de alguna forma: están intentando dar sentido a sus vidas”.

7/10
Cabalga con el diablo

1999 | Ride With The Devil

En 1861 se libró en Estados Unidos la guerra de secesión. El film sigue el desarrollo de la contienda desde el campo sudista, a través de unos grupos guerrilleros de disciplina algo heterodoxa, conocidos como los Bushwhackers, que quiere decir algo así como los Montoneros. A un grupo de estos se unen dos jóvenes sureños, amigos desde la infancia, Jack Roedel y Jack Bull. Entre sus compañeros hay tipos impetuosos, y hasta un negro esclavo, Daniel, que sirve con lealtad a su amo. El conocimiento de una joven viuda y las batallas en que toman parte, cambiará la percepción que los jóvenes tienen del conflicto. Resulta curioso ver al taiwanés Ang Lee (Tigre & Dragón, Comer, beber, amar) dirigiendo este interesante western. Él explica que el tema le atrajo porque en la guerra civil “los yanquis ganaron no sólo el territorio sino, en cierto sentido, un modo absoluto de vida y pensamiento. (...) Cambió a todo el mundo. Todas las personas son iguales, todos tenemos el derecho a autorrealizarnos. Ése es el principio yanki. (...) Todo esto es muy moderno.”

5/10
Las normas de la casa de la sidra

1999 | The Cider House Rules

En los años 40, el doctor Larch (Michael Caine), dirige el orfanato de St. Clouds. A él acuden jóvenes embarazadas, que dejan a su hijo para adopción o, simplemente, abortan ilegalmente. Homer Wells (Tobey Maguire) nació en St. Clouds y, tras fallidos intentos de adopción, creció como el hijo que el doctor Larch nunca tuvo. Así hasta ejercer como médico del orfanato, aun sin titulación alguna. Homer se dedica a los partos y, a pesar de la presión de su mentor, se niega a practicar abortos. Un día, contra la voluntad de Larch, sale del orfanato a ver mundo. Marcha con Candy y Wally, jóvenes novios que han abortado ante la movilización de Wally hacia los frentes de la II Guerra Mundial. “Buenas noches, Príncipes de Maine, Reyes de Nueva Inglaterra”. Ésta es la tierna frase con que el contradictorio doctor Larch acuesta a “sus niños” cada noche. Al resultar innegable su desvelo por los huérfanos a su cuidado, llama más la atención, por contraste, su firme apoyo al aborto, en el caso de un niño no deseado. ¿Dónde estarían esos críos encantadores que cuida, llenos de vida, si se hubieran “desechado” cuando se encontraban en el vientre de sus madres? Es el mismo planteamiento que se hace Homer, aunque, como las intenciones de John Irving –novelista y responsable del guión– son manifiestas –el apoyo al aborto, como declaró en su discurso de aceptación del Oscar–, se busca un terrible caso límite de incesto para justificar que el protagonista acabe realizando su primer aborto. Se pone así por obra uno de los lemas del doctor: "Sé útil". El utilitarismo justifica el aborto y lo que haga falta, viene a decir el film.

5/10
Miedo y asco en Las Vegas

1998 | Fear and Loathing in Las Vegas

Años 70. Por una carretera cercana a las Vegas viajan dos individuos en un coche rojo lleno de todo tipo de drogas. Su labor es hacer un reportaje de la carrera de motos que tiene lugar en el desierto, pero ni siquiera acuden al encuentro. El reportero Raoul Duke y su abogado, el Dr. Gonzo, que así se llaman, dedican el tiempo a consumir pastillas, hierbas alucinógenas y marihuana, y a meterse en todo tipo de embrollos, mientras se cruzan con otros variopintos personajes. Terry Gilliam, el niño travieso de Hollywood, y autor de Los caballeros de la mesa cuadrada o El sentido de la vida, dirige este inclasificable film. Su estilo es inconfundible y la mezcla de personajes estrambóticos dentro de situaciones inverosímiles es su sello de identidad. Los protagonistas son dos tipos, drogados hasta las patillas, convencidos de vivir su auténtico sueño americano, y que ven su realidad según la percepción que les causa las drogas. Las escenas ilógicas y las alucinaciones encadenan las secuencias del film, y tan solo se interrumpen con la intervención de los demás personajes. Los frenéticos Johnny Depp y Benicio del Toro encabezan el reparto, pero también Tobey Maguire, Gary Busey o Christina Ricci se van encontrando con ellos a lo largo de la cinta. La película es una historia transgresora y delirante, y una crítica, al fin y al cabo, de ese mundo tramposo que engancha y mata a la vez.

5/10
Pleasantville

1998 | Pleasantville

David y Jennifer son dos hermanos en los años 90. Viven con su madre, divorciada. De los problemas familiares cada uno se evade a su modo. Ella, gracias a su promiscuidad sexual. Él, siguiendo en televisión la serie en blanco y negro Pleasantville, de los años 50, que presenta una vida idílica en que todo marcha bien, y donde la mayor preocupación de los personajes es saber si las tortitas de mamá no estarán demasiado hechas. Una noche los hermanos discuten por el programa que quieren ver en televisión. De modo sorprendente se ven transportados al mundo de Pleasantville: ellos pasan a ser los hijos de la familia protagonista. Pronto van a revolucionarlo todo, pues los habitantes del pueblo van a descubrir que el mundo no es, exactamente, como creían. Gary Ross, guionista y director, había escrito anteriormente Big y Dave, presidente por un día. Desde el punto de vista artístico y técnico, el film es memorable –la idea de que el color vaya haciéndose presente, poco a poco, en Pleasantville, es buena y da lugar a imágenes preciosas–; pero en el plano de las ideas (aun estando bien pensado el intento de matizar el lugar común de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”) resulta quizá algo simplista. ¿Qué hace de Pleasantville un lugar tan “horrible”? Ross lo resume en dos cuestiones: lo ignoran todo sobre el sexo y no leen libros. A esto se añade un enfrentamiento racista entre personajes en blanco y negro (los que se resisten a enfrentarse con su libertad y sentimientos) y coloreados (liberados por arte, cultura y sexualidad).

7/10
Desmontando a Harry

1997 | Deconstructing Harry

Harry es un escritor con éxito de agitada vida sentimental. Su vida inspira sus libros, lo que irrita a los implicados. Y se interroga, con escepticismo, sobre Dios y el judaísmo, las relaciones hombre-mujer y la sexualidad, los hijos... Sustitúyase Harry por Woody Allen, escritor por director, libros por películas. Imposible dejar de ver a Allen en su obra, que ahora describe a un escritor que se siente más cómodo con los personajes que crea que con los del mundo real. El reparto es envidiable, la historia tiene aspectos originales. El juego entre realidad e imaginación, con distinto tratamiento fotográfico, funciona bien. Con chispazos de genio, el director repite sus temas de siempre, adobados de amargura y erotismo. Y el humor crece en negrura, como en la cruel historia de los padres de Harry. No faltan ideas ocurrentes, como la del actor desenfocado, al que nadie ve con nitidez, o la visita al infierno.

7/10
La tormenta de hielo

1997 | The Ice Storm

Corrosivo dibujo de las consecuencias de la liberación sexual en las familias de la América de los 70. El oriental Ang Lee es quien sirve a los yanquis este film nada complaciente, de grandes actores. Inolvidable la escena, patética, de la fiesta.

7/10
Robo inocente

1996 | Joyride

J.T. es el joven hijo del dueño de un pequeño motel. Un día, él y un amigo deciden cogerle el coche a una nueva huésped que acaba de llegar, pero cuando abren el maletero descubren en su interior el cuerpo de un hombre asesinado. Primera película de Quinton Peeples, un director sin demasiado recorrido y que por esta cinta no será tampoco recordado. Lo único que sobresale es la presencia de Tobey Maguire, en uno de sus primeros trabajos en el cine; y de Benicio del Toro, del que se esperaba algo más.

3/10
El rey de la movida

1996 | Duke of Groove

Cortometraje hecho para televisión donde una mujer lleva a su hijo a una fiesta. Allí sucederán una serie de cosas que harán que cambie la relación que tienen madre de hijo. Dunne Griffin debutó en la dirección de cortometrajes con este título. Tan sólo un año después se estrenó en el largo con la comedia romántica Adictos al amor, para la que contó con Meg Ryan y Matthew Broderick.

4/10
Vida de este chico

1993 | This Boy's Life

En 1989 el novelista norteamericano Tobias Wolff publicó “Vida de este chico”. El autor relataba sus recuerdos de infancia y adolescencia, allá por los años cincuenta, marcados por el divorcio de sus padres, la vida itinerante junto a su madre, y las relaciones con Dwight, su padrastro. Lo hacía en primera persona, en un tono entrañable, como si de un cruce entre Dickens y Twain se tratara. Aunque no faltaban los momentos duros en ese período vital de Wolff, el modo de contar, detallista y repleto de sentido del humor, limaba esas aristas. La labor de Michael Caton-Jones (Memphis Belle, Doc Hollywood), traspasar el espíritu de la novela de Wolff al celuloide, no se presentaba sencilla. Es cierto que él y Robert Getchell, el guionista, han vertebrado bien la película. No han inventado, aunque haya una explicitud en diálogos soeces o erotismo, no presente en el libro de Wolff. Han debido optar, eso sí, por unas cuantas de las anécdotas que conforman la novela, y omitir otras. E hilarlas de vez en cuando con la voz en off del protagonista. Pero a pesar de esto último, la película pierde esa mirada en primera persona, la ternura propia de la evocación. Y los hechos se muestran desnudos, el humor que les acompaña es demasiado irónico, casi negro. El tinte que adquiere la historia es, decididamente, desgarrado y poco atractivo. La película tiene aciertos parciales. Fija bien su atención en las insensateces que es capaz de cometer un adolescente, más si la atención que le prestan sus padres no es toda la debida. Está bien tratados los intentos de una madre desorientada por comunicar con su hijo; y la amistad entre éste y Arthur, el chaval ‘mariquita’, más auténtica que la tiene con su pandilla. También se subrayan los esfuerzos del protagonista por ingresar en un instituto. El esfuerzo de producción ha sido notable ‑por eso uno esperaba más‑, con mención especial a la fotografía de David Watkin. En el capítulo de interpretación destacan Ellen Barkin y Leonardo DiCaprio. En cambio, aparece claramente pasado de rosca Robert De Niro. El personaje de Dwight se prestaba a los excesos y el actor ha sido incapaz de contenerse un poco.

5/10

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