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Biografía

Leonardo DiCaprio

Leonardo DiCaprio

45 años

Leonardo DiCaprio

Nació el 11 de Noviembre de 1974 en Hollywood, Los Angeles, California, EE.UU.

Premios: 1 Oscar (más 1 premios y 1 nominaciones)

El chico que conquistó Hollywood

08 Enero 2009

Joven, guapo y sobradamente preparado son adjetivos que servirían para calificar a este actor que comenzó en el cine desde muy pequeño, encandiló a las adolescentes en su juventud en aquella historia sobre cierto barco hundido, y hoy en día sigue sorprendiendo con sus buenas elecciones a la hora de elegir proyectos y directores.

Leonardo Wilhelm DiCaprio vino al mundo en 1974 y a pesar de nacer en California, tiene ascendencia italiana por parte de padre, y alemana por parte de madre. Se dice que su nombre fue decisión de su madre cuando estando embarazada observó un cuadro de Leonardo Da Vinci, y el crío dio una patadita en su interior. Su primera aparición en las pantallas fue en los 90, en series de televisión como Parenthood, La nueva Lassie o la más conocida, Los problemas crecen. A pesar de ser papelitos sin importancia, DiCaprio empezaba a demostrar su valía como actor, y es que era un niño vivaracho y fotogénico ante la cámara, con ese pelo rubio y esos ojos azules tan característicos.

Pero su primera gran aparición en el cine vino de la mano de Michael Caton-Jones en Vida de este chico (1993), adaptación de una novela de Tobias Wolf donde compartía plano ni más ni menos que con Robert De Niro y Ellen Barkin, e interpretaba a un joven maltratado por su padrastro (De Niro). Su buen hacer le puso en el punto de mira de Lasse Hallström para la que fue su próxima película, ¿A quién ama Gilbert Grape? (1993), donde Leo interpretaba al hermano retrasado de Johnny Depp, otro joven talentoso que había saltado a la fama en la cinta de Tim Burton Eduardo Manostijeras. DiCaprio obtuvo por su trabajo una candidatura al Globo de Oro como mejor actor de reparto; y es que al joven no se le han dado mal los roles de muchacho inestable proveniente de una familia problemática o desestructurada. Prueba de ello fueron otros trabajos como la cruda Diario de un rebelde (1995), en la que DiCaprio se ponía en la piel de un adolescente drogadicto, o Vidas al límite (1995), donde interpretaba al escritor homosexual Arthur Rimbaud, y la relación que mantuvo con Paul Verlaine.

Tras participar como secundario en ese western alocado titulado Rápida y mortal (1995), junto a Sharon Stone, Gene Hackman y Russell Crowe, ni más ni menos, Baz Luhrmann le fichó para interpretar al enamorado protagonista en Romeo y Julieta, de William Shakespeare. Y este proyecto fue definitivo para convertirse en un ídolo juvenil, sobre todo entre las jovencitas, y en actor de enorme talento. Si la historia era romántica de por sí, que además estuviera protagonizada por Leonardo DiCaprio era suficiente para atraer a la juventud a las salas, que querían deshacerse por amor ante su adorable Leo.

Y por fin llegó lo que supuso un antes y un después en de su carrera, Titanic (1997) de James Cameron. La superproducción sobre el malogrado trasatlántico y la historia de amor entre el encantador y sencillo Jack y la jovencita de clase alta Rose (Kate Winslet), supuso el punto y aparte en la carrera de ambos actores. El film ganó once Oscar y sirvió a DiCaprio para obtener su primera nominación al mejor actor principal en los Globos de Oro.

Lejos de alcanzar el cielo de la fama hollywodiense y caer en seguida en el olvido, DiCaprio demostró que tenía aún mucho que dar en las pantallas, y continuó aceptando proyectos con reputados directores. Uno de ellos fue Woody Allen, con el que trabajó en Celebrity. No todo eran éxitos en esos años pues tuvo algún pequeño traspiés profesional con la malparada La playa o la fugaz El hombre de la máscara de hierro.

Martin Scorsese le llamó para Gangs of New York (2002) y más tarde para la galardonada El aviador, película con la que ganó el Globo de Oro al mejor actor por su papel del controvertido Howard Hughes. En 2006, el director de Casino confirmó que había encontrado en DiCaprio a su nuevo actor fetiche, después de Robert De Niro, ya que firmó con el joven Leo su tercera película, Infiltrados (2006), donde compartía planos con Matt Damon y Jack Nicholson. No menos importante resultó ser Diamante de sangre, dirigida por Edward Zwick (Tiempos de gloria (1989)). Aprovechó también para trabajar a las órdenes de Steven Spielberg en Atrápame si puedes (2002) y el año pasado volvió a sorprender en Red de mentiras de Ridley Scott, donde daba muestras de su alto nivel interpretativo. Acaba de reencontrarse con su amiga Kate Winslet, diez años después de Titanic, en Revolutionary Road, un drama de Sam Mendes, con el que DiCaprio es firme candidato al Oscar.

A lo largo de su carrera ha sido considerado para papeles como el de Robin en Batman Forever o el de Anakin para la última trilogía de La guerra de las galaxias, pero no se materializaron. Es muy buen amigo de Tobey Maguire, Mark Wahlberg o Lukas Haas; habla un poquitín de alemán y ha confirmado en anteriores declaraciones que Scorsese es su director predilecto del que dice “es muy perfeccionista y está obsesionado con los detalles”. Con el acaba de rodar precisamente Shutter Island.

A Leonardo DiCaprio se le augura un provechoso porvenir en el cine: porque sabe elegir sus películas, fijándose en los directores, y porque tiene talento como actor.

Oscar
2020

Nominado a 1 premio

Oscar
2016

Ganador de 1 premio

Ganador de 1 premio

Filmografía
Érase una vez en... Hollywood

2019 | Once Upon a Time in... Hollywood

Año 1969. Rick Dalton es un actor venido a menos, el show televisivo que protagonizaba, un western, ha sido cancelado, y tiene problemas con el alcohol. Mantiene una estrecha amistad con Cliff Booth, el especialista que le dobla en las escenas de riesgo, que ahora ejerce para él de chófer y chico de los recados. Éste le aconseja que escuche los consejos del productor Marvin Schwarzs, que le recomienda que emprenda la aventura europea de los spaghetti-western. Antes debe rodar un film como villano. Con su casa linda la del prestigioso cineasta Roman Polanski, cuya esposa, la actriz Sharon Tate, espera un bebé. Vibrante canto de amor al cine escrito y dirigido por Quentin Tarantino, es quizá su película más nostálgicamente romántica, lo que no impide la presencia de sus clásicas señas de identidad: comedia y drama intensos, y la violencia paródica, aunque más rebajada de lo habitual en él. Destacan el medido guion y los ingeniosos diálogos, con un maravilloso dominio del “tempo” narrativo y la duración de las escenas, el cineasta ha sabido corregir los desequilibrios que se advertían en su anterior film, Los odiosos ocho. No resulta exagerado afirmar además que Tarantino no teme a nada ni a nadie a la hora de arriesgar y liberarse de las cadenas de lo políticamente correcto, por ejemplo en la mirada a la contracultura, o en el sorprendente desenlace. Toda la narración está sembrada de detalles encantadores que harán la delicia de los cinéfilos, con los rodajes, los clips promocionales, la visita a las salas de cine, las fiestas de Hollywood, la ilusión de verse en pantalla, las fotos con los fans, los decorados de los grandes estudios y la irrupción de la televisión. Dentro de un reparto con mucho grandes actores en pequeños papeles, están muy bien trazados los dos principales personajes masculinos, una relación mágica, con uno a la sombra del otro. Leonardo DiCaprio hace una fabulosa interpretación como actor en declive, las escenas con la niña en el rodaje de un western poseen enorme fuerza; también desprende un brillo especial Brad Pitt, que recuerda en algunos momentos a Jeff Bridges con su sonrisa levemente irónica, son fantásticos los momentos que comparte con la menor Pussycat (Margaret Qualley), que trata de seducirle y le introduce en la comuna hippy, el otro elemento que sirve para unir a unos personajes ficticios, con el horror de la Familia Manson. Por su parte, Margot Robbie compone casi con trazos impresionistas a Sharon Tate, ilusionada con su matrimonio, su maternidad, su carrera de actriz y la posible traslación a la pantalla de “Tess, la de los d’Urberville”, la novela de Thomas Hardy.

8/10
El renacido

2015 | The Revenant

Alejandro González Iñárritu aplazó el rodaje de El renacido para acometer primero Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia), ganadora de cuatro Oscar, en las categorías de película, dirección, guión original y fotografía. Al mexicano no le ha afectado la supuesta maldición de los premios de la Academia, pues demuestra tener cuerda para rato. Aquí adapta la novela "The Revenant: A Novel of Revenge", de Michael Punke, que reconstruye la historia real de Hugh Glass, miembro junto con su hijo de una expedición de tramperos que en 1823 se interna en territorio de los arikara, entre las dos Dakotas, en busca de pieles. Cuando Glass sufre el ataque de un oso pardo queda malherido, y sus compañeros, acosados por los indios, no pueden llevarle consigo. El capitán de la expedición le deja bajo el cuidado de su retoño, otro de los miembros más jóvenes del grupo y el veterano John Fitzgerald. Pero este último resulta no ser de fiar. La veracidad de las imágenes se acentúa gracias a la cámara cercana de Emmanuel Lubezki, alias "El Chivo", colaborador habitual del realizador, tan integrada en cada escena que se vive en primera persona el acecho de los pieles rojas y el padecimiento de los personajes. A veces se nota que se trata del mismo operador de El árbol de la vida, sobre todo en algunas secuencias oníricas donde el protagonista evoca la felicidad de su familia, truncada por la muerte. Salvo algún plano metafórico donde un ave brota de heridas mortales, el grueso del film se aleja bastante de los detalles pretenciosos que daban un poco al traste con los altos vuelos de Birdman. Por primera vez, el autor de Amores perros se adentra en el puro cine de género, sin querer ofender con esta afirmación al cuate, pues esto no quiere decir que estemos ante un relato genérico o convencional ni mucho menos. Pero sí que mira a los westerns sucios de Sam Peckinpah y tiene elementos en común con Las aventuras de Jeremiah Johnson, filmada en 1973 por Sydney Pollack, y sobre todo con El hombre de una tierra salvaje, de Richard C. Sarafian, que reconstruye los mismos hechos históricos. Aunque El renacido resulta más cruda si cabe por el hiperrealismo del cine contemporáneo. El espectador siente la violencia en sus carnes, sobre todo en la impresionante secuencia del ataque del grizzly, que pasará con toda seguridad a la historia del cine, si bien no resulta apta para cardíacos. El conjunto tiene mucho del cine clásico de aventuras, sin que eso suponga una ruptura completa con su filmografía, ni un renacer de Iñárritu, sino más bien una evolución coherente. Aquí también se concibe la vida como un ‘via crucis’, donde los humanos tienen que soportar duras pruebas cada vez peores (como el protagonista de Biutiful), y seguir vivo muchas veces depende del azar. En su retrato de la lucha contra los elementos naturales, parece que el hombre acaba siendo lo más peligroso, pues la traición puede causar más daño que el ataque de una bestia salvaje. Pero la mirada del mexicano se ha vuelto un poco más luminosa, pues en la dura batalla por salir adelante a cada minuto, puede irrumpir un acto de solidaridad humana que devuelve la esperanza. Incluso se lanza una mirada a lo trascendente… "La venganza está en manos de Dios", asegura uno de los personajes. Casi sobrenatural resulta la composición del protagonista realizada por Leonardo DiCaprio, que lejos de acomodarse y vivir del cuento sigue buscando papeles complicados; algunos planos filmados en la nieve sin ropa no han debido resultar nada fáciles para la estrella. Pero sorprende casi más el gran Tom Hardy, que interpreta al barbudo antagonista sobre todo con los ojos, que le permiten mostrar la miseria del lado más oscuro de las personas.

8/10
El lobo de Wall Street

2013 | The Wolf of Wall Street

La trayectoria real del corredor de bolsa Jordan Belfort, desde sus inicios como principiante en Wall Street, cuando está casado con una sencilla peluquera, hasta el momento en que alcanza la cúspide del poder, la riqueza y el placer, al precio de una vida desquiciada y sin principios, y del acoso del FBI. Enseguida su entrada en el mundo profesional supone una inmersión en la depravación moral, a partir de las lecciones que le imparten sus superiores sobre su trabajo y los -a su entender-, necesarios hábitos sexuales y de consumo de drogas para no perder el paso en la vertiginosa actividad de compraventa de acciones. Lo que parece un bache en su andadura laboral se convertirá en la construcción de un imperio gracias a la venta de activos de muy dudoso valor, primero a incautos paletos, luego a gente adinerada que puede permitirse el lujo de perder dinero. Martin Scorsese adapta las memorias de Belfort, convertidas en guión por Terence Winter, uno de los responsables de la gangsteril serie televisiva Los Soprano, que colaboró luego con el italoamericano en Boardwalk Empire, también centrada en el mundo criminal y de los políticos corruptos. Lo hace con tono de comedia esperpéntica muy pasada de vueltas y no exenta de cinismo, usando la voz en off de Belfort al modo en que lo ha hecho en tantas ocasiones a lo largo de su filmografía, de un modo especial en Uno de los nuestros, con la que mantiene no pocos puntos de conexión, con su atractivo reparto de múltiples personajes, lo dinámico de la narración, las canciones de la banda sonora, y también con en el modo en que finalmente se resuelven –es un decir– las cosas. Sorprende la larga duración de la cinta, tres horas, con muchos paisajes reiterativos, que no hacen más que ofrecer más de lo mismo, en forma de discursos estimulantes para empleados, engaños a compradores codiciosos, desmadres orgiásticos mostrados muy gráficamente y subidones procurados con el recurso a la droga. De un algún modo Scorsese conecta con el discurso de otras cintas de su filmografía en que muestra el lado feo de América, el capitalismo insolidario y egocéntrico llevado hasta sus últimas consecuencias, donde en realidad nada importa, más allá de satisfacer las pulsiones más primarias. Por supuesto, el italoamericano es un gran virtuoso, las imágenes y el ritmo muestran en bastantes ocasiones el poderío que le conocemos a este astuto prestidigitador, lo que no impide que acabe produciendo finalmente hastío. En su momento el Gordon Gekko de Wall Street de Oliver Stone –citado en un momento del film– se convirtió en referente popular de aspirantes a yuppies, para sorpresa de propios y extraños. Resulta difícil pensar –aunque nunca se sabe– que pueda ocurrir lo mismo con El lobo de Wall Street, más en tiempos de crisis en que se estrena el film, algo posteriores a los hechos narrados, donde los productos financieros y sus creadores se miran con lógica desconfianza y repulsa. El personaje encarnado por Leonardo DiCaprio resulta tremendamente antipático, sólo piensa en sí mismo y su supervivencia, incluso su familia no parece tener una entidad mayor que otra cualquiera de sus posesiones, como su yate de recreo. Por supuesto la amistad y la lealtad no existen en su mundo de “lobos”, los otros depredadores son en el mejor de los casos socios útiles y compañeros de francachelas. Poco hay en Belfort del granuja impresentable y nada modélico, al que, no se sabe por qué, se le acaba mirando con indulgencia, el personaje es odioso, patéticamente odioso. A Scorsese no le van las narraciones con advertencias morales, muestra al emperador desnudo pero no hay ni un amago de cómo volver a vestirle para que recupere su dignidad. Quien busque moralejas o alguna indicación de cuál es el camino a emprender cara a la redención, puede seguramente esperar sentado largo tiempo. Ya que le hemos citado, podemos decir que el modo de presentar las cosas de Scorsese recuerda un tanto a Salvajes, de Oliver Stone: de algún modo se pinta un mundo frenético de delincuencia criminal, el espectador participa en un adrenalítico viaje de puras sensaciones, pero al final no queda nada. Como mucho, una sensación de que ‘éste no es el camino’, pero la alternativa, viajar oliendo a sudor en el metro, la experiencia del agente del FBI, no resulta mucho más atractiva.

6/10
El gran Gatsby, de Baz Luhrmann

2013 | The Great Gatsby

Nick Carraway, aspirante a escritor que abandonó sus sueños literarios por los encantos de una Nueva York embriagadora, guardiana en los años 20 de promesas de fortuna en el mercado de bonos y de mil y una diversiones, recuerda. El crack económico del 29 le ha golpeado, pero sobre todo su fascinación en Coney Island por su vecino, el misterioso y potentado Jay Gatsby, quien acudió a él con el sueño de recuperar a su amor de juventud, Daisy Buchanan, prima de Nick y ahora una mujer casada con Tom. Adaptación de la obra emblemática de Francis Scott Fitzgerald, el desafío de El gran Gatsby, de Baz Luhrmann es evitar las excesivas comparaciones con sus predecesoras, fundamentalmente El gran Gatsby, la versión de Jack Clayton con guión de Francis Ford Coppola y protagonismo de Robert Redford. El director australiano, siendo fiel al original, dota a su película de personalidad propia con las armas que ya usó en Romeo y Julieta, de William Shakespeare y Moulin Rouge, o sea, su barroquismo exuberante, un apabullante derroche visual corregido y aumentado con el recurso al 3D, y el uso de música moderna, con inteligente medida. Y ello sin renunciar a la esencia de la historia, un romanticismo nostálgico exacerbado, y a lo propio de los años 20, ya sea en ambientación y vestuario, ya sea en las inevitables y oportunas notas del jazz. El paso del tiempo, la imposibilidad, o no, de recuperar el pasado, el tiempo perdido –tema personalísimo de Fitzgerald, por la historia de amor con su esposa Zelda–, los excesos de todo tipo, corrupción en los negocios, el pasarlo bien –que conectan con la crisis económica, el contexto en que se ha producido el film–, los complejos por las diferencias sociales, y por encima de todo, la añoranza de cierta pureza, de un amor sublimado, “la luz verde” que “nos esquiva, pero no importa”. La voz en off del narrador, Carraway, funciona a la hora de evocar estas cuestiones personificadas en un Gatsby que con sus defectos es “mejor que los otros”, y al que Leonardo DiCaprio compone con talento. Digna película de Baz Luhrmann, tal vez no perfecta en el intento de simbiosis narrativa entre la descripción de la época, y el drama personal, pero brillante y poderosa en muchos momentos; ya sean los puramente actorales, el pasaje en que se ponen las cartas boca arriba entre Gatsby y los Buchanan, ante los testigos mudos, Carraway y Jordan Baker, o los casi operísticos, el accidente y el desenlace. Hay acierto en un reparto donde, aparte de DiCaprio, Carey Muligan y Tobey Maguire, estupendos, hay una apuesta por actores desconocidos que encarnan muy bien a sus personajes, como Joel Edgerton y Elizabeth Debicki.

7/10
J. Edgar

2012 | J. Edgar

La trayectoria en el departamento de justicia estadounidense de J. Edgar Hoover durante casi medio siglo, desde que es un joven ayudante del fiscal, pasando por su dirección del recién creado FBI, hasta su muerte en los años de la presidencia Nixon. Dustin Lance Black estructura la narración alrededor de un Hoover envejecido, que estaría dictando unas narcisistas memorias a diferentes ayudantes, recuerdos más o menos distorsionados que facilitan los diferentes flash-backs. Clint Eastwood es un grandísimo director, y logra dar empaque y consistencia con su clasicismo a la vida de un personaje muy complejo, con muchos puntos oscuros, y rasgos que invitan a la especulación. Cuenta con la ayuda de un Leonardo DiCaprio memorable, que sabe dotar de muchos matices al solitario Hoover, y un gran trabajo de Naomi Watts como su secretaria; el maquillaje de ambos personajes envejecidos, sobre todo el primero, es asombroso. El director del FBI estuvo envuelto en tantas investigaciones, que resultaba difícil escoger sobre cuáles construir la historia. El libreto de Black tiene el mérito de optar por algunas que abran la perspectiva al espectador, como los atentados reales llevados a cabo por comunistas y anarquistas en la segunda década del siglo XX –la obsesión con el peligro comunista en EE.UU., tan caricaturizada, tiene una base–, el secuestro del hijo de Lindbergh –que sirve para subrayar el afán de protagonismo de Hoover, pero también su lucha por definir los crímenes federales y la introducción de métodos científicos para investigar–, y los informes secretos y delicados sobre personalidades –que arrojan luz sobre el vértigo del poder y el deseo de control–. Siendo Black también el guionista de Mi nombre es Harvey Milk, parecía inevitable abordar la cuestión no aclarada de la supuesta homosexualidad de Hoover, quien nunca se casó. El enfoque adoptado no acaba de funcionar, recurre a manidos clichés: la madre que reprime, la consideración de buscarse una esposa como pieza decorativa, o la ceguera y crueldad para no aceptar sin complejos el amor de Clyde Tolson, su fiel colaborador y amigo.

6/10
Django desencadenado

2012 | Django Unchained

1859, tiempos de esclavitud en Estados Unidos. El supuesto dentista y doctor King Schultz ejerce de cazador de recompensas, y compra la libertad de Django con la exclusiva intención de que le sirva para identificar a sus antiguos amos, perseguidos por la ley, y cuya muerte le proporcionará pingües beneficios. Pero surgirá la amistad, y Django se convierte en socio de Schultz a la hora de liquidar a forajidos y cobrar sustancias recompensas. Hasta el punto de que cuando Django le habla de su mujer Broomhilda, que aprendió alemán de su ama en una plantación, eso toca su corazoncito, de modo que acepta ayudarle para lograr la libertad de ella, aunque suponga meterse en la boca del lobo, tratar con el imprevisible Calvin Candie, experto en peleas a muerte entre esclavos negros, los llamados Mandingos. Quentin Tarantino se siente como pez en el agua buceando en la serie B, tocando los palos de todos los subgéneros, ya sea el criminal, la acción de karatekas, el terror, la blaxploitation o el cine de nazis. Ahora con Django desencadenado le toca el turno al spaghetti-western, sus muy queridos Sergio Leone, el Clint Eastwood de antaño o Sergio Corbucci, de quien toma aquí hasta el título, el tema musical y hasta un cameo, Franco Nero. Y si en Malditos bastardos podía permitirse criticar el racismo nazi, ahora convierte en objeto de su ironía y violencia paródica al esclavismo; pero que nadie espere consideraciones sesudas del guionista y director sobre el comercio con seres humanos, el eterno “chico grande” Tarantino, gamberrete donde los haya, entrega, ni más ni menos, un formidable ejercicio de estilo, aparentemente simple en su guión, aunque el libreto tenga su complejidad en el engranaje y la escritura de los diálogos, la creación de la grandilocuencia y el enfatismo, personajes operísticos conscientemente exagerados y que funcionan, entre ellos la pareja protagonista, Jamie Foxx y Christoph Waltz. Toda la parte que implica la presencia del gran villano Leonardo DiCaprio, de tensión creciente, se mueve en el filo de la navaja, y demuestra lo buen director que es Quentin Tarantino, que domina la narrativa fílmica y sabe tensar la cuerda hasta extremos insospechados, también con la curiosísima composición de Samuel L. Jackson, un personaje odioso. De modo que el espectáculo de casi tres horas en que consiste Django desencadenado se pasa en un santiamén, con pasajes surrealistas, su ensalada de violencia, sanguinolenta hasta el paroxismo, sus paradojas de negros negreros y blancos buenas personas, el romanticismo de la chica y esposa nunca olvidada, y los guiños, guiños continuos, en los títulos de crédito, en la banda sonora, en los zooms sesenteros y setenteros, en la violencia seca y cortante. ¿Madurará algún día Quentin Tarantino, como han hecho a su manera y con sus estilos, un Steven Spielberg -allí está su reflexión sobre la esclavitud en Lincoln- o los hermanos Coen? Tal vez, pero decididamente, no hoy, no con Django desencadenado.

8/10
Titanic 3D

2012 | Titanic 3D

En el centenario del hundimiento del Titanic, y quince años después de la película que le cubrió de Oscar, James Cameron reestrena su obra sobre el malhadado barco y su eterna historia de amor en 3D. Y la cosa funciona. Después de haber resucitado y dado vida comercial al formato tridimensional con Avatar, Cameron reflota su supertaquillero film pasado al 3D, y lo menos que puede decirse es la tercera dimensión le da aún más espectacularidad. Cierto que al no haber sido rodada originalmente en 3D, en algunos planos podría uno decir que la tridimensionalidad no supone una gran aportación, pero el balance es muy positivo y el director puede considerarse justificado en su empresa porque es un título que ha hecho historia, y la novedad no supone una simple forma de intentar hacer más caja. Revisitar el film ayuda además a profundizar en las razones por las que este film llegó y seguirá llegando a todo tipo de públicos. No estamos ante una simple película catastrofista, sino que James Cameron urdió un sólido guión tremendamente popular, del que sorprende que no obtuviera siquiera la nominación al Oscar. Arrancar la historia con una expedición que rescatas restos del Titanic del fondo del mar en la actualidad, sirve para introducir el mcguffin del paradero de un valioso collar, nos trae la nostalgia de la Rose anciana y anticipa una explicación de cómo se hundió el barco, antes de que lo veamos en vivo y en directo. La historia de amor de Jack y Rose –unos estupendos Leonardo DiCaprio y Kate Winslet que han sabido labrarse solidísimas carreras actorales–, pertenecientes a distintas clases sociales, pero próximos en temperamento y sensibilidad, es atractiva, y se perdonan a tal respecto los rasgos folletinescos del novio ofendido y egocéntrico. Todo se despliega con una gran habilidad, y verdaderamente el espectador tiene la impresión de estar dentro del Titanic y no en un gran decorado. A partir de la colisión con el iceberg uno comprueba que el despliegue de Cameron para mostrar la tragedia, visualmente y con las reacciones de una pléyade de personajes, sigue teniendo la misma fuerza que en el momento del estreno original del film Titanic, allá por 1997.

7/10
Origen

2010 | Inception

Un futuro no muy lejano, en que se ha desarrollado una técnica que permite introducirse en los sueños ajenos. Y en su subconsciente la persona “asaltada” puede desvelar a sus “asaltantes” secretos ocultos, de valor lucrativo o que permiten su manipulación. Cobb lidera un grupo de “ladrones de sueños”, que desea dejar tal actividad. Pero acusado del asesinato de su mujer Mal, y alejado de sus dos hijitos en Estados Unidos, recibe de Saito, un hombre poderoso, una oferta que no puede rechazar: deberá sumergirse en la cabeza de Robert Fischer, heredero de un gran imperio económico, e implantar en su mente, como si fuera una idea propia -“origen”, o en inglés “inception”-, la liquidación del conglomerado que creó su padre; a cambio podrá reunirse con los suyos e iniciar una vida nueva. Con su equipo y la “arquitecta” de escenarios para los sueños Ariadne intentará una operación muy compleja, que podría dejar a todos en una especie de limbo.Christopher Nolan, guionista y director del film, prueba de nuevo -recuérdese que es el responsable de Memento, Insomnio (2002), El truco final y El caballero oscuro- que es uno de los cineastas más creativos de la actualidad. No necesita acudir al 3D -pero sí a los efectos visuales- para entregar una historia imaginativa, de increíbles cualidades hipnóticas, sólida en su compleja arquitectura narrativa, y, para qué negarlo, difícil de seguir. En tal sentido el mérito es lograr que el espectador no se pierda demasiado, entienda el meollo de la cuestión -la tentación de evitar la realidad entreteniéndose en otros mundos más atractivos pero no verdaderos, al estilo Matrix- y vibre con la inmersión en el mundo de los sueños en tres niveles, donde el riesgo de no despertar, y las soluciones improvisadas a los obstáculos que surgen, proporcionan muchas emociones. De modo que hasta los pasajes oscuros, más que indignar, animan debates sobre el significado de tal o cual pasaje, e invitan a revisar la cinta. O sea, hay decir que Nolan apela a la inteligencia del espectador, no subestima su capacidad de esforzarse por entender, algo muy agradecible en el mundo de filmes planos que habitualmente entrega Hollywood. Las imágenes son de gran belleza, los mundos que se pueden crear dentro de un sueño sencillamente deslumbran, verdaderamente se puede innovar y crear con los efectos especiales, véanse los momentos de no-gravedad, pura magia. Pero además Nolan acierta en la definición de personajes y conflictos, y en el atinadísimo reparto. El drama familiar de Cobb -Leonardo DiCaprio, en otra historia “mental” tras Shutter Island, con su trastornada esposa, Marion Cotillard, a la que no puede olvidar- se despliega con gran habilidad gracias al personaje de Ellen Page, una universitaria brillante que sabe adivinar lo que oculta a sus “compañeros de sueños”, o de su compañero de equipo interpretado por Joseph Gordon-Levitt. Hay espacio para la sorpresa, y el modo en que discurre el plan de “sembrar” en la cabeza de Fischer -bien, Cillian Murphy- conduce a un clímax espléndido, de inesperada poesía.

9/10
Shutter Island

2009 | Shutter Island

Verano de 1954. Teddy y Chuck, agentes del FBI, acuden a Shutter Island, una apartada isla de la bahía de Boston, donde tiene su sede Ashecliffe, un centro psiquiátrico para criminales peligrosos. La paciente-prisionera Rachel se ha fugado del modo más misterioso, y a pesar de que los guardias han rastreado hasta el último rincón de la isla, no han dado con ella. En realidad la presencia de Teddy en la isla no es casual: él mismo, veterano de la Segunda Guerra Mundial, solicitó que le asignaran el caso, pues sospecha que en ese particular manicomio se realizan experimentos comparables a los perpetrados por los criminales nazis. Inteligente adaptación de la novela de Dennis Lehane a cargo de Martin Scorsese, que maneja un buen guión de Laeta Kalogridis. El título de la filmografía de Marty que más se parece al que nos ocupa tal vez sea El cabo del miedo, pero por fortuna Shutter Island es muy superior. El director italoamericano sabe crear desde el primer momento un ambiente opresivo muy adecuado, a lo que ayudan mucho esos cielos encapotados que anuncian tormenta y los sonidos de la partitura musical. De modo que se desarrollan bien, dentro de una atmósfera gótica con elementos de terror y cine negro, las dudas de dónde radican los límites de locura y cordura que proporcionan nuestros traumas y construcciones mentales, del alcance que puede tener una conspiración de proporciones colosales, del tratamiento que necesita una mente enferma. Hay sorpresas narrativas que no es cuestión de desvelar, preparadas sin trampa ni cartón, y los personajes son sólidos, no hay villanos de opereta ni héroes sin fisuras. Aunque puedan venir a la cabeza enseguida títulos inolvidables de manicomios, como Alguien voló sobre el nido del cuco, el cinéfilo Scorsese menciona otras referencias clásicas que le han guiado en su notable film: El gabinete del doctor Caligari, Laura, Retorno al pasado, El proceso... Sin duda que son influencias que están ahí, aunque también se podrían mencionar títulos de Alfred Hitchcock como Recuerda y De entre los muertos (Vértigo). Se trata de la cuarta ocasión en que trabajan juntos Martin Scorsese y Leonardo DiCaprio. Este último sigue confirmando su estatura interpretativa, su personaje se mueve en un delgadísimo filo de navaja con enorme soltura, su composición está muy matizada. Le apoya un notable reparto, de esos que obligan a quitarse el sombrero.

8/10
Revolutionary Road

2008 | Revolutionary Road

Frank y April se conocen al poco de terminar la Segunda Guerra Mundial. Aquello es un flechazo, amor a primera vista. Guapos, jóvenes y con talento, se diría que componen el matrimonio perfecto. Pero diez años después, y a pesar de que tienen dos hijos preciosos, su relación se ha anquilosado. Ella ha conocido el fracaso de su carrera como actriz, él tiene un trabajo gris de oficinista, con pocos alicientes. La felicidad perfecta que debía embargarles, el sueño americano hecho realidad, no existen. Discuten con frecuencia, no hablan, no escuchan, se gritan... Aquello está a punto de irse al garete. Hasta que April tiene la “gran idea”: ¿por qué no hacer la maletas, e irse a otra parte, a Europa, a París, oh, la France, e iniciar una nueva vida? April podría trabajar como secretaria, y Frank podría desarrollar sus aptitudes, leer, tal vez escribir algún libro. Aquello les devuelve la ilusión, les hace rejuvenecer. Hasta el punto de que sus amigos y conocidos, que les miraban inicialmente estupefactos, empiezan a alimentar algo parecido a la envidia.Adaptación de la novela homónima de Richard Yates, profesor universitario y guionista en Hollywood en los 60, cuando firmó el libreto del film bélico El puente de Remagen. Se trata de una crónica del desamor, una mirada tremendamente pesimista a los Estados Unidos de los años 50, donde tras una fachada de una vida ideal se ocultan la frustración y la parálisis a la hora de actuar. Temática que conecta con el film con que debutó Sam Mendes como director, American Beauty. La idea es bucear en las contradicciones de unos personajes egoístas, siempre lamentándose por su insatisfacción personal, anhelantes de fantasías quiméricas, que no saben reconocer los gozos de una vida corriente –"jugar a las casitas", llama despectivamente un personaje a esta distorsionada posibilidad– que podría ser plena... si quisieran. Resultan patéticas las infidelidades de la pareja, una especie de grito silencioso que ni da consuelo, ni despierta los remordimientos; o el modo estremecedor con que encaran la noticia de que podrían tener un tercer hijo. Para subrayar una situación cercana al colapso, el guionista Justin Haythe (La sombra de un secuestro, que también dibujaba un matrimonio en crisis) acentúa los momentos desgarrados de venenosos reproches, un poco a lo Tennessee Williams, sobre todo los que protagonizan marido y mujer, y aquellos en que interviene un desequilibrado que, sorprendentemente, muestra algo cercano a la lucidez al detectar lo que no va en la pareja.Aunque el film se centra en Frank y April -Leonardo DiCaprio y Kate Winslet que, diez años después de Titanic, protagonizan otro tipo de naufragio, existencial, y cuentan con intentos papeles para lucirse-, alrededor se mueven varios personajes, reflejo como ellos de una sociedad acomodaticia: un matrimonio amigo, los compañeros de oficina, y los arrendatarios de su casa, irónicamente situada en la zona residencial de Revolutionary Road, nombre al que no honran, para nada, sus habitantes. Historia deprimente, en que unos personajes instalados en su mediocridad no saben amar ni evolucionar hacia ninguna parte, Mendes parece haberla diseñado con escuadra y cartabón, sin dejar espacio a la catarsis. El cineasta se diría una especie de cerebral ingeniero de los sentimientos autocomplacientes, que sabe manejar bien, al estilo de otras películas sobre una sociedad occidental enferma, como Juegos secretos, también protagonizada por su esposa Kate Winslet; y denuncia todo eso, pero sin aportar soluciones. Mendes se apoya bien en los actores, y en unos técnicos excelentes, sobre todo en los apartados musical -magnífica partitura de Thomas Newman, que combina muy bien con un inteligente uso del sonido- y de fotografía -Roger Deakins, que juega a la perfección con la distancia focal para mantener nítido o desdibujado, según convenga, el rostro de uno u otro personaje-.

6/10
Red de mentiras

2008 | Body of Lies

Ridley Scott aborda el espinoso tema del terrorismo islámico y el contraterrorismo, en esta interesante adaptación de una novela de David Ignatius, actual columnista de Washington Post, y veterano periodista, que ha cubierto informaciones sobre Oriente Medio y operaciones de la CIA. El texto ha sido adaptado por William Monahan, oscarizado por su guión de Infiltrados, que también contaba con el actor Leonardo DiCaprio. Esta vez, DiCaprio es otro ‘infiltrado’, Roger Ferris, agente de campo estadounidense que se hace pasar por árabe en diversos países para obtener información sobre radicales que cometen actos violentos. Ferris está a las órdenes del veterano Ed Hoffman (Russell Crowe), que organiza las operaciones desde un entorno tranquilo en Estados Unidos, pero está al tanto de lo que ocurre mediante imágenes captadas por satélite, y la más sofisticada tecnología. Ferris descubre que Al-Saleem, peligroso terrorista emergente que ha organizado una campaña de atentados, tiene un piso franco en Amán, por donde pasan sus sicarios, que podrían llevar a la CIA hasta su jefe. Deciden vigilar el lugar con la ayuda de la inteligencia jordana, puesto que la CIA no tiene suficientes agentes árabes que no llamen la atención allí. Mientras se lleva a cabo la operación, Ferris estrecha lazos con una enfermera jordano-iraní que le atiende de sus heridas. Si bien muchas veces ha partido de un guión mediocre que es incapaz de reconvertir en un buen film, el director de Blade Runner es un valor seguro cuando cuenta con un guión aceptable, que dice cosas. La inventiva visual del británico no tiene parangón, como lo demuestran las aparatosas secuencias de persecuciones con helicópteros y demás momentos clave del film. El nivel interpretativo es muy alto, pues Leonardo Di Caprio sorprende una vez más como intrépido espía capaz de sacrificarlo todo. No desentona Russell Crowe, que ha llegado a engordar más de 20 kilos para el papel, y brilla en las secuencias en que dirige operaciones complicadísimas a través del móvil mientras atiende a sus hijos. La gran revelación del film es el actor británico Mark Strong, que da vida a Hani Salaam, el refinadísimo pero a la vez amenazador jefe de la inteligencia jordana. Negarle la nominación al Oscar al mejor secundario sería un gran error. La trama atrapa al espectador, y quizás el único defecto del film es que a veces parece que se le podría haber sacado más partido. Ofrece una visión crítica de las actuaciones internacionales de la CIA, denuncia actuaciones inmorales y torturas, justificadas para evitar un mal mayor. La absoluta superioridad tecnológica de los estadounidenses a veces no sirve de mucho cuando compite con métodos sencillos pero ingeniosos. En este sentido, llama la atención una secuencia en la que unos terroristas en coche despistan a la vigilancia por satélite. También tiene una gran presencia en la trama el precio que pagan los hombres que se dedican a vigilar a los terroristas, cuyas relaciones familiares acaban siendo un desastre.

7/10
La hora 11

2007 | The 11th Hour

Con el documental Una verdad incómoda, promovido y alardeado a los cuatro vientos por el ex vicepresidente de los Estados Unidos Al Gore, un éxito sin precedentes en el mundo del cine –para tratarse de un documento de denuncia ecológica, ciertamente discutible en varios aspectos–, hasta el punto de llevarse el Oscar al mejor documental en 2007, las creaciones artísticas sobre este aspecto ecológico de nuestro mundo han proliferado. En este caso estamos ante un estremecedor documento que pone de nuevo en la picota la situación de nuestro entorno, centrando ahora la cuestión en los desastres y calamidades naturales que se repiten en el planeta, y hasta qué punto podemos cambiar la situación. La gran novedad estriba en que está narrado por una estrella de Hollywood de la talla de Leonardo DiCaprio. Y no sólo narra sino que el mítico protagonista de Titanic se ha implicado de tal modo en el proyecto que ha participado activamente en el guión y en la producción.

6/10
Diamante de sangre

2006 | Blood Diamond

En sus teorías sobre el montaje, Eisenstein hablaba de estimulantes estéticos agresivos, es decir, de usar imágenes impactantes, para que el espectador no pueda olvidar el mensaje de la película. Conoce sin duda este principio básico del maestro ruso el artesano Edward Zwick, autor de películas valiosas como Tiempos de gloria, Leyendas de pasión, En honor a la verdad o El último samurái. Esta vez Zwick se ha propuesto usar el potencial de una superproducción de Hollywood con un fin loable: concienciar a los espectadores de todo el mundo del sufrimiento que provocan los conflictos derivados del comercio internacional del diamante, sobre todo en la década de los 90, en el marco donde transcurre la acción, la guerra civil que asoló Sierra Leona. Solomon Vandy, un apacible pescador de Sierra Leona, es separado de su familia por el ejército rebelde, que le obliga a trabajar en los campos de diamantes. Vandy logra escapar, tras haber enterrado un gigantesco diamante de color rosa que ha encontrado. Entretanto su pequeño hijo ha sido reclutado por los rebeldes para que combata junto a ellos. Solomon no duda en internarse en el frente bélico, en busca de su vástago, con ayuda de Archer, un blanco, mercenario de Zimbaue que trafica con diamantes y al que sólo parece motivarle el dinero que ganará con el diamante de Solomon. Para reforzar su mensaje, Zwick no escatima detalles escabrosos y estremecedores a la hora de mostrar muertes y torturas. Si sus planos de miembros amputados son brutales, más duras resultan las secuencias de los niños de la guerra, adoctrinados para odiar y usar armas de fuego como autómatas, contra un enemigo que a veces puede ser su propia familia. La película también muestra el abandono de las regiones más pobres de África, y apuesta por la familia como ámbito idóneo para superar situaciones extremas. DiCaprio vuelve a demostrar que no es sólo la estrellita de moda, sino también un actor valioso, en su papel de traficante de armas, tan cínico como insensible, que poco a poco se va humanizando. No le va a la zaga Djimon Hounsou, que confirma su talento tras el film En América, ni tampoco la actriz Jennifer Connelly, a pesar de que su papel de periodista es bastante breve.

7/10
Infiltrados

2006 | The Departed

Cuatro años después de que Wai Keung Lau y Siu Fai Mak sorprendieran con el magnífico thriller hongkonita Juego sucio (2002), Martin Scorsese entrega un brillante remake. Ciertamente la historia le viene al pelo, como le hizo ver un avispado Leonardo DiCaprio, transformado en actor fetiche del cineasta –antes hicieron juntos Gangs of New York y El aviador–, heredero del Robert De Niro de antaño, y quien además le puso sobre la pista de la película. El film cuenta cómo la policía de Boston ha logrado infiltrar en una banda de la mafia irlandesa a uno de sus agentes, que se crió en el barrio donde opera; mientras que la mafia irlandesa ha hecho lo propio colocando a uno de sus hombres en un alto puesto de la policía. Las identidades de los topos sólo son conocidas por sus respectivos superiores. De modo que entre unos y otros acontece un verdadero juego del ratón y el gato, en que resulta imprescindible anticiparse. El guión de William Monahan sigue con fidelidad el original, aunque se aprovecha la coyuntura para introducir algunos nuevos elementos –el triángulo amoroso de los dos topos con la misma mujer, una psiquiatra, o alguna otra vuelta de tuerca en el desenlace– y enriquecer los diálogos. Se mantiene el tema de fondo de la esquizofrenia que supone mantener una doble vida presidida por la mentira y, por supuesto, el director ‘scorsesiza’ la película, lo que significa una inaudita violencia, un lenguaje altamente procaz, y algunos elementos irreverentes hacia el catolicismo completamente innecesarios. El film conserva un ritmo endiablado, Scorsese vuelve a demostrar que es un director de increíble fuerza visual. Acierta además con un reparto de primera, en el que nadie desentona. Leonardo DiCaprio se convierte en un serio candidato al Oscar, y en que actores como el otras veces inexpresivo Mark Wahlberg, el ‘presidente’ Martin Sheen, o la desconocida Vera Farmiga brillan con luz propia.

8/10
El aviador

2004 | The Aviator

Aunque el periplo del peso pesado del Séptimo Arte Martin Scorsese ha estado lleno de altibajos en los últimos años, el cineasta remonta el vuelo con esta biografía del fascinante y controvertido Howard Hughes. Playboy, millonario, inversor inmobiliario, productor y director cinematográfico, también fue empresario aeronáutico y gran aficionado a la aviación. El guión del consagrado John Logan (El último samurái, Gladiator) sigue los pasos del personaje durante dos décadas, arrancando a finales de los años 20, cuando ronda los 25 años de edad. Heredero de la empresa paterna, decide invertir una desorbitada suma de dinero en Ángeles del infierno. Se trata de una película de aventuras áereas para la que contrata numerosos pilotos que propician asombrosas secuencias de aviones filmadas sin efectos especiales. El film describe minuciosamente su romance con la mítica Katharine Hepburn, una actriz de fuerte personalidad, y también su aventura en la potente compañía aérea TWA. Como empresario aeronáutico, Hughes prueba sus prototipos de sofisticados aparatos, y realiza un fuerte desembolso para llevar a buen puerto la construcción del Hércules, un aparato. Pero Hughes se estrella con uno de sus aviones, y también empieza a sufrir una enfermedad degenerativa, que le lleva a convertirse en un fanático de la higiene y a recluirse sin apenas contacto con el exterior. Scorsese ha conectado con DiCaprio, actor tan italoamericano como él, con el que repite por segunda vez consecutiva, y que fue el promotor del proyecto. Pero nadie diría que se trata de una iniciativa ajena, pues Scorsese fagocita al personaje. En sus manos, Hughes se convierte en uno de sus típicos antihéroes excéntricos que tras un meteórico ascenso asimilan malamente el éxito y acaban trastocados. El esquema del film recuerda sobre todo a Toro salvaje, pero también a Uno de los nuestros y Casino. Por otro lado, la odisea del personaje para sacar adelante el Hércules, una iniciativa tan bienintencionada como megalómana, recuerdan a empresas épicas del propio Scorsese, como la de sacar adelante Gangs of New York, enfrentándose incluso a los productores del film. En este sentido viene a la memoria Tucker, un hombre y su sueño, donde Coppola hablaba de sí mismo, aprovechando la historia de un empresario real, obsesionado con construir el mejor coche el mundo (como Hughes el mejor avión del mundo). Si bien los detractores pueden argumentar que sobra algo de metraje, también es cierto que realiza una fascinante reconstrucción de la época, incluidos los años dorados de Hollywood. Y como siempre, compone más de una secuencia espectacular (sobre todo el rodaje de Ángeles del infierno) y otras intimistas, pero apasionantes, como la comida en casa de los padres de Hepburn. Maestro del cine, Scorsese integra de forma apabullante elementos fílmicos como la vistosa fotografía de Robert Richardson, responsable de Kill Bill o la música del autor de El señor de los anillos, el canadiense Howard Shore. En definitiva, un título que sin ser totalmente redondo, devuelve a su autor al Olimpo. Y aunque a Scorsese se le escapó una vez más ese Oscar que injustamente nunca le ha llegado, el film se llevó cinco de once nominaciones, convirtiéndose en la más premiada del año. La estatuilla más merecida quizás fue la que se llevó Cate Blanchett, estupenda como la irrepetible Hepburn.

7/10
Gangs of New York

2002 | Gangs of New York

Año 1847. Nueva York, que a principios de siglo contaba con 60.000 habitantes, ha alcanzado una cifra cercana a las 800.000 almas. La hambruna desatada en Irlanda ha forzado a la gente a emigrar, y el puerto de la ciudad recibe a diario a muchas personas que creen haber llegado al fin a la tierra de las oportunidades. Pero las cosas no son tan sencillas. Sobre todo porque los neoyorquinos de origen protestante, que ya llevan un tiempo establecidos en el lugar y se autodenominan “nativos”, odian a los irlandeses. Lo que despierta el mismo sentimiento en los recién desembarcados. Las reyertas callejeras no son raras, y en una de éstas que enfrenta a los nativos con los “Conejos muertos”, una banda irlandesa, el cura Vallon, su líder, muere a manos de Bill “El carnicero”, el jefe del otro bando. Su único hijo, Amsterdam, entonces un niño, es testigo de la muerte, y se jura vengar la memoria de su padre. Dicen que la venganza es un plato que se sirve frío, de modo que dieciséis años de estancia en un orfanato no es demasiado tiempo para Amsterdam, que al salir está listo para infiltrarse en la banda de Bill y ganarse así su confianza. Ha llegado la hora del desquite. El proyecto de Gangs of New York se remonta a 1970, cuando Martin Scorsese descubrió el libro del mismo título de Herbert Asbury, escrito en 1928. Allí se contaban historias de los bajos fondos neoyorquinos del siglo XIX. Para alguien como Scorsese, siempre interesado por el mundo gangsteril y los repliegues más oscuros y atormentados del ser humano (la prueba está en títulos como Malas calles, Taxi Driver, Uno de los nuestros o Casino), era material de primera. De modo que con el guionista Jay Cocks empezaron a pergeñar un guión. La cosa era compleja y el despliegue de medios impensable en aquel momento. Así que pasaron los años, nuevos guionistas (Steven Zaillian y Kenneth Lonergan) se sumaron a la tarea… y así hasta hoy, en que el film es una realidad. En la trama de la película se pueden observar claramente dos niveles. Por un lado está el trasfondo histórico, que Scorsese interpreta en clave ideológica con su tesis “América está construida sobre la violencia”, en una línea muy a lo Hobbes y su célebre aforismo “El hombre es un lobo para el hombre”. Y, en un esfuerzo por abarcarlo todo, se suceden hechos como la llegada masiva de inmigrantes irlandeses, los disturbios en Five Points, el estallido de la guerra de secesión con el consiguiente reclutamiento forzoso de soldados. Lo que convierte las calles de Nueva York en una enorme olla a presión a punto de explotar. A todos estos elementos se suman los enfrentamientos étnicos (donde el origen y la religión se convierten en señas de identidad), sociales (los pobres no tienen más remedio que alistarse, los ricos pueden evitarlo pagando una alta suma de dinero) y políticos (va a haber elecciones en la ciudad). El esfuerzo de Scorsese por ofrecer un fresco del Nueva York del siglo XIX necesita, obviamente, de una historia con unos personajes. Y Scorsese y su equipo de guionistas han imaginado una que pivota alrededor de Amsterdan y sus planes de venganza. El joven, un tipo habilidoso, se las apaña para entrar en el círculo más próximo de Bill “el carnicero” (Daniel Day-Lewis). Pero no puede prever que entre ambos va a surgir una curiosa relación paternofilial, donde Bill ve en Amsterdam algo más que un secuaz competente. Esto conduce a conductas muy, muy inesperadas, por parte de Amsterdam. Por supuesto que si Amsterdam tiene la cara de Leonardo DiCaprio, éste necesita con urgencia un motivo amoroso para seguir adelante. Y se lo da Jenny Everdeane (Cameron Díaz), una raterilla que consigue robar dinero y corazones con gran facilidad; el personaje, que desea reunir pasta para poder marchar al oeste, oculta un lado oscuro, y una relación especial con Bill.

6/10
Atrápame si puedes

2002 | Catch Me If You Can

Steven Spielberg cineasta lo ha probado prácticamente todo. Dotado de indudable talento y dueño por méritos propios de una posición privilegiada en el paisaje hollywoodiense, puede hacer lo que se le antoje. Así se explica su decisión de dirigir esta comedia ligera de ladrón sofisticado y con encanto, que no se parece a nada de lo que había hecho antes, y que en principio estaba destinada a ser realizada por el artesano Gore Verbinski. El film parte de hechos reales, recogidos en las memorias de Frank Abagnale Jr. Este singular personaje, reconvertido con los años en agente de la oficina americana de lucha contra el fraude, llegó a figurar entre los más buscados por el FBI por sus estafas monetarias cuando era un adolescente. El hecho de que sus delitos no supusieran daño físico para las personas, unido al ingenio con que los perpetró, facilita la labor del guionista Stephen Nathanson, que alimenta una corriente de simpatía hacia Frank, aunque sin buscar disminuir la gravedad de sus acciones. Más bien presenta los elementos que pudieron empujarle por el mal camino. Entre ellos ocupa lugar principal la decepción del divorcio de sus padres, a los que tenía idealizados. El intento frustrado de una fuga imposible de Frank, ya detenido, anticipa las dificultades de su captura nada más empezar la película. Sigue entonces, en flash-back, la narración de los años locos de Frank, desde su adolescencia truncada. Y abundan las escenas de comedia, en que despliega su talento para el fingimiento; pero vemos también el atractivo que el dinero y el sexo ejercen en él, una frívola vida de playboy que, piensa, es necesaria para cumplir el proyecto de reunir a sus padres. Y cuando advierte que ellos no son lo que él quisiera, busca sin saberlo figuras paternas sustitutivas: sobre todo, su tenaz perseguidor, con quien vive un juego del ratón y el gato, y que a veces es la única persona con quien puede sincerarse. Leonardo DiCaprio resulta perfecto como el eterno adolescente, mientras Tom Hanks carga con aplomo sobre sus hombros un papel incómodo, de tipo reservado y refugiado en su trabajo.

6/10
Don's Plum

2001 | Don's Plum

Un grupo de jovenzuelos. Decepcionados con el mundo, sin rumbo, hastiados de todo. Se reúnen en un café un sábado por la noche, dispuestos a rajar de todo, hablar de sexo y ligar si alguna chica se pone a tiro. Film generacional rodado en blanco y negro, y con un algo de improvisación, en cuyo reparto coral se puede ver a Leonardo DiCaprio y Tobey Maguire.

4/10
La playa

2000 | The Beach

Richard es un joven ‘moderno’... Él solito se ha montado unas vacaciones en Tailandia. Y se las arregla bastante bien. Una noche un vecino de hotel con un punto (y dos) de locura, le muestra un mapa de ‘la playa’, un lugar que sería algo así como el paraíso en la tierra. Al día siguiente el vecino amanece muerto: se ha suicidado. Richard decide partir en busca del mítico lugar, y pide a una pareja de franceses (la chica le ha hecho tilín), que le acompañen en su aventura. Este film, adaptación de una novela de Alex Garland, encaja de modo coherente en la filmografía de Danny Boyle. En Tumba abierta las personas buscaban la felicidad a través del dinero, y en Trainspotting por la droga; ambos caminos se revelaban insatisfactorios. En La playa, tenemos un auténtico paraíso, al menos en apariencia. La playa secreta, a la que el trío protagonista llega tras diversas peripecias, ofrece un paraje increíble. Allí no es necesario trabajar: todo el día puede uno bañarse, retozar con el compañero o compañera de turno, practicar deportes, fumar hierba... Parece la comunidad perfecta, al estilo hippy, que vive sólo para el deleite de los sentidos y hacer lo que venga en gana. Parece. Boyle ofrece un film con algo de contenido, que hace reflexionar un poco acerca de dónde ponemos nuestros anhelos de felicidad. Aunque se lía –no tiene claro todo lo que pretende contar–, muestra cómo los corazones pueden endurecerse hasta límites insospechados en esa ‘comunidad perfecta’. El director cita a Apocalypse Now, con Robert Carlyle trastocado en coronel Kurtz de pacotilla, y transforma a Leonardo DiCaprio, sin que venga muy a cuento, en un personaje que se cree protagonista de un videojuego. 

4/10
El hombre de la máscara de hierro

1998 | The Man in the Iron Mask

En 1698 un misterioso prisionero ingresó en la prisión parisina de La Bastilla, oculto su rostro tras una máscara. Falleció en 1703. Hasta aquí, la historia. Más allá, la leyenda. Leyenda que imaginó a un malvado Luis XIV que mantenía a su hermano gemelo encarcelado. Así evitaba que le disputara el trono. El relato de Randall Wallace (guionista oscarizado por Braveheart, que debuta en la dirección) combina elementos de Alejandro Dumas con otros novedosos. Presenta a Luis XIV caprichoso, cruel y mujeriego, reverso de Philippe, su hermano gemelo, que conserva una inocencia no estropeada por los años de reclusión. Leonardo DiCaprio hace el doble papel con increíble soltura. No le ha hecho mella la posible esquizofrenia de encarnar a la vez a un héroe y a un villano. Los cuatro mosqueteros que sirven al rey tienen una edad, notan el paso de los años. Estos personajes crepusculares recuerdan a la Robin y Marian, donde Sean Connery encarnaba a un Robin Hood con canas. Tienen sus manías, achaques y secretos. Como dice Wallace, “no están en su mejor momento. Les embarga el desencanto y el cinismo, y les agobian sus problemas personales. Pero sienten el impulso de volver a la pasión por el honor”. En la tradición de las aventuras de capa y espada, abunda la acción. Magnífica la carga final de los mosqueteros en defensa de su verdadero rey, y la emocionante escena del baile. E imponente el marco de los auténticos castillos franceses de Fontainebleau, Vaux-Le Vicomte y Manoir du Logis.

6/10
Celebrity

1998 | Celebrity

Lee Simon es un novelista sin éxito, cuyas relaciones con las mujeres son muy poco duraderas. Su intento de colocar un guión en Hollywood le da entrada al mundo de las celebridades: gente acelerada, siempre a la búsqueda de nuevos placeres y sensaciones. El vértigo que sufre Simon en este mundo es descomunal. Woody Allen sigue con sus temas habituales, aunque con un pesimismo más marcado que en otros films. El director (que cede el típico papel que él suele interpretar a Kenneth Branagh) analiza el desconcierto afectivo de numerosos personajes, con un acidísimo sentido del humor y un tratamiento de la sexualidad mucho más oscuro y descarnado de lo acostumbrado. El reparto, como siempre, es fantástico: desde los jovenzuelos Leonardo DiCaprio, Winona Ryder, Famke Janssen y Charlize Theron, hasta los más veteranos Judy Davis, Joe Mantegna y Melanie Griffith.

5/10
Titanic

1997 | Titanic

Durante meses, el rodaje de Titanic fue el más comentado por la prensa especializada. Y lo que se decía no era bueno: retrasos en el rodaje, supe­ración del presupuesto, discusiones de la productora con el director, una intoxicación alimentaria, algún accidente, condiciones draconianas de trabajo... Y pese a todo, el Titanic no se hundió. Arrasó en taquilla, arrasó en los Oscar, y ahora se dispone a arrasar en el mercado del vídeo. ¿Cuál es el secreto? A posteriori es fácil de­cirlo: el equilibrio de una poderosa historia de amor con la especta­cular recreación del naufragio del barco. Titanic nació de la afición de James Cameron por el submarinismo. El director afirma que al sumergirse donde se hundió el Titanic “aquello me tocó emocionalmente”. Escribió entonces una historia con una idea clara: no sería la típica de catástrofes. Quería una historia de amor inolvidable, del estilo de Doctor Zhivago de David Lean. No era la primera vez que la tragedia del Titanic se recreaba en la pantalla. Existían El hundimiento del Titanic de Jean Negulesco, Oscar al mejor guión, y La última noche del Titanic de Roy Ward Baker, de estilo documental. El film se inicia con un buscador de tesoros en barcos idos a pique, que inicia la exploración submarina más apasionante de su vida en los restos del mítico Titanic. El hallazgo del dibujo de una joven, milagrosamente conservado, le conduce a una anciana centenaria que afirma ser la retratada. Comienza el relato de un recuerdo maravilloso, un amor de juventud no compartido con nadie, que tuvo como marco el malhadado barco que en 1912 se llevó al fondo del mar 1500 personas. El centro de la trama lo constituye el intenso amor entre dos jóvenes: Jack, inmigrante artista y aventurero, y Rose, rica y con perso­nalidad. Por amor ambos sacrifican todo: expectativas sociales e incluso la propia vida. Jack y Rose están encarnados por Leo­nardo DiCaprio y Kate Winslet. El trato desigual de los pasajeros en su salvamento habla de las diferencias de clase, tan marca­das entonces, y no supera­das hoy. Junto a la solidaridad, el amor a los seres queri­dos y la fe para prepararse a morir, está presente el pánico y sus peores efectos. Y persiste el simbolismo del barco con respecto a la tonta vanidad humana: “El relato del hun­dimiento del Titanic –dice Came­ron– es una adver­tencia sobre los peligros del mal uso de la tecnología. Consi­derada en sí misma, no es ni buena ni mala. El problema viene del uso que los seres humanos hacen de ella. Ahora, a las puertas del tercer milenio, hay que tener cui­dado con los nuevos icebergs con los que pueden estrellarse los futuros avances tecnológicos.” El film es un hito del cine monumen­tal, de prodigiosos logros en el apar­tado técnico. Con desbor­dante fuerza visual, Cameron ofrece imágenes poderosas, como las transiciones de presente a pasado a través del casco herrumboso del barco hundido, que se convierte en la flamante nave recién botada. Las escenas del choque del Titanic con el iceberg, con las consiguientes rotura y hundi­miento, son de inusitado realismo. Y el mar, siniestra tumba flotante, deja en el es­pectador una huella indeleble. Cameron buscó autenticidad. Lo que se ve en la panta­lla transmite al espectador la sensación de estar allí, ya sea junto a los restos del naufragio –el director filmó los auténticos restos bajo el mar– o en el viaje inaugural. El detallismo llevó a construir una maqueta de la nave de dimensiones casi idénticas a las originales. Se reprodujeron con fidelidad cubiertas, salas de primera clase, escotillas, escaleras y pasillos... Los efectos visuales contribuyeron al realismo. Para las escenas de mar abierto se usó una maqueta más pequeña que la mencionada; el equipo de efectos introdujo per­sonajes filmados previamente que, multiplicados digitalmente y con el tamaño adecuado, simulaban 2000 personas en cubierta. Aguas del mar, cielo estre­llado y el aliento de los personajes por la gélida temperatura, se crea­ron muchas veces por ordenador y se logró un ensamblaje perfecto, imposible de advertir. Las imáge­nes del barco partiéndose con los viajeros cayendo al mar son asom­brosas. El presu­puesto del film aumentó en un 45%, hasta plantarse en 200 millones de dólares. Cameron hizo el gesto de renunciar a su sueldo como director y a su porcentaje de taquilla: quería ver su film terminado a toda costa. Y llegó el estreno. Las 3 horas y cuarto de duración no hicieron mella en un público, que se rindió ante una historia de dimensiones colosales, con romance incluido. El miedo al fracaso ya es historia. La película, sólo en cine, recaudó más de 1.800 millones de dólares en todo el mundo, 600 de ellos en EE.UU.

7/10
La habitación de Marvin

1996 | Marvin's Room

Bessie (Diane Keaton) es una mujer que ha estado toda su vida al lado de su padre, cuidándole con inmenso cariño. Pero cuando descubre que está gravemente enferma decidirá pedir ayuda a su hermana Lee (Meryl Streep), que se marchó de su casa hace veinte años. Las diferencias entre ellas son hondas y difíciles de mejorar, pero el hijo de Lee (Leonardo DiCaprio), tenderá un cable entre ambas. Las actrices sobresalientes y el comedido y denso guión componen un melodrama de gran altura.

7/10
Romeo y Julieta, de William Shakespeare

1996 | Romeo + Juliet

Singular adaptación de la obra de Shakespeare, que traslada su acción a una imaginaria ciudad actual. La psicodélica realización del australiano Baz Luhrmann (El amor está en el aire (1992), Moulin Rouge), su iconografía religiosa, su violencia y su sensualidad quizá resulten un tanto excesivas, pero esto se compensa porque es visualmente fascinante y muy fiel a la letra y al fondo del original, cuyos diálogos se respetan. Tras el éxito de filmes como Vida de este chico, Leonardo DiCaprio comenzaba a convertirse en el actor de moda que, poco a poco, conseguiría desbordantes éxitos en filmes como Titanic. De todos los jóvenes ídolos de adolescentes de los 90, DiCaprio es el mejor actor, como demuestra en este filme, en su papel del paradigma de joven enamorado de Julieta, una enemiga de su familia, aunque en esta ocasión el escenario no es una playa isabelina, sino un futurista marco urbano situado en Verona. Junto a DiCaprio, la actriz Claire Danes realiza un buen papel, así como el prestigioso actor Pete Postlethwaite (En el nombre del padre). El reparto se completa con grandes nombres como Paul Sorvino o John Leguizamo. El propio realizador Baz Luhrman coescribió el guión junto con Craig Pearce, y ambos lograron una excelente sintetización que demuestra un extenso conocimiento de la obra del más célebre de los dramaturgos británicos. La música corrió a cargo de Nellee Hooper.

7/10
Diario de un rebelde

1995 | The Basketball Diaries

Jim ( Leonardo DiCaprio) es un chico de barrio. Sus días transcurren entre las clases del Padre McNulty en una escuela católica, partidos de baloncesto y las correrías que protagoniza con sus amigos Mickey, Pedro, Neutrón y Bobby. No obstante su vida da un giro radical cuando comienza a adentrarse en el mundo de la droga. Ello supone un auténtico descenso a los infiernos, en el que se ve obligado incluso a ejercer la prostitución, para hacerse con el dinero suficiente para su dosis diaria. Scott Kalvert es quien dirige esta película que retrata sin concesiones uno de los mayores problemas que aquejan a la actual sociedad moderna. Estamos ante una película dura como el pedernal, que no deja indiferente al espectador. Particularmente convincente es la interpretación de Leonardo DiCaprio, que sabe recoger acertadamente la transformación del protagonista.

6/10
Vidas al límite

1995 | Total Eclipse

Hacia 1870 un adolescente Arthur Rimbaud vivió su período creativo más rico como poeta. La cosa coincidió con su apasionada relación homosexual con Paul Verlaine, un tipo mayor y mucho más mediocre a la hora de componer versos. El film, dirigido por la polaca Agnieszka Holland y con guión del británico Christopher Hampton, incide en los aspectos más autodestructivos de la relación, que incluyen la adicción a la absenta y la locura violenta.

5/10
Rápida y mortal

1995 | The Quick And The Dead

Ellen (Sharon Stone) es una implacable pistolera que no duda un momento a la hora de apretar el gatillo. Un suceso de su infancia le ha hecho crecer con la idea de la venganza en su cabeza. Se ha preparado toda su vida para el momento cumbre, en que tendrá que rendir cuentas con un peligroso bandido. Con este fin, cabalga hasta Redemption, donde el poderoso Herod (Gene Hackman) a organizado un terrible torneo. Este consiste en un duelo entre pistoleros provenientes de todos los rincones del país. El premio es un montón de dinero y un lugar asegurado en la vitrina de los pistoleros más famosos del Oeste. Herod dicta las normas, y sólo uno de ellos saldrá con vida del torneo. Un western moderno realizado a la medida de la imponente Sharon Stone, que se enfrenta al soberbio Gene Hackman, Destaca además la presencia de actores de la talla de Russell Crowe, Gary Sinise y Leonardo DiCaprio. La acción está asegurada. Recomendada sobre todo para los fans de Sharon Stone, peligrosamente seductora.

6/10
¿A quién ama Gilbert Grape?

1993 | What's Eating Gilbert Grape?

Gilbert Grape vive en Iowa con su familia. Allí dedica gran parte de su tiempo a cuidar de su hermano Arnie, un retrasado mental, y de su madre, inválida desde hace algunos años y condenada a vivir en una silla de ruedas debido a su obesidad. Arnie, es fuente de preocupaciones ya que no tarda mucho tiempo en verse envuelto en problemas. Un día es detenido por la policía y ambos hermanos se pelean. Arnie encontrará cariño y consuelo en Beckie, la nueva amiga de Gilbert. Johnny Depp y Juliette Lewis encabezan los títulos de creditos, pero llama especialmente la atención el trabajo de un jovencísimo Leonardo DiCaprio (Titanic, La playa, La habitación de Marvin), cuya soberbia interpretación le valió merecidamente una nominación al Oscar en la categoría de mejor actor secundario. El sueco Lasse Hallström (Las normas de la casa de la sidra) dirige este encantador film, de claro aire independiente, acerca de los sentimientos, el amor, el cariño y la amistad. Gran parte del mérito es debido a la estupenda novela de Peter Hedges, autor también del guión, y que tiempo más tarde debutó también en la dirección con la más que estimable Retrato de April. Y la fotografía es del mítico Sven Nykvist.

7/10
Vida de este chico

1993 | This Boy's Life

En 1989 el novelista norteamericano Tobias Wolff publicó “Vida de este chico”. El autor relataba sus recuerdos de infancia y adolescencia, allá por los años cincuenta, marcados por el divorcio de sus padres, la vida itinerante junto a su madre, y las relaciones con Dwight, su padrastro. Lo hacía en primera persona, en un tono entrañable, como si de un cruce entre Dickens y Twain se tratara. Aunque no faltaban los momentos duros en ese período vital de Wolff, el modo de contar, detallista y repleto de sentido del humor, limaba esas aristas. La labor de Michael Caton-Jones (Memphis Belle, Doc Hollywood), traspasar el espíritu de la novela de Wolff al celuloide, no se presentaba sencilla. Es cierto que él y Robert Getchell, el guionista, han vertebrado bien la película. No han inventado, aunque haya una explicitud en diálogos soeces o erotismo, no presente en el libro de Wolff. Han debido optar, eso sí, por unas cuantas de las anécdotas que conforman la novela, y omitir otras. E hilarlas de vez en cuando con la voz en off del protagonista. Pero a pesar de esto último, la película pierde esa mirada en primera persona, la ternura propia de la evocación. Y los hechos se muestran desnudos, el humor que les acompaña es demasiado irónico, casi negro. El tinte que adquiere la historia es, decididamente, desgarrado y poco atractivo. La película tiene aciertos parciales. Fija bien su atención en las insensateces que es capaz de cometer un adolescente, más si la atención que le prestan sus padres no es toda la debida. Está bien tratados los intentos de una madre desorientada por comunicar con su hijo; y la amistad entre éste y Arthur, el chaval ‘mariquita’, más auténtica que la tiene con su pandilla. También se subrayan los esfuerzos del protagonista por ingresar en un instituto. El esfuerzo de producción ha sido notable ‑por eso uno esperaba más‑, con mención especial a la fotografía de David Watkin. En el capítulo de interpretación destacan Ellen Barkin y Leonardo DiCaprio. En cambio, aparece claramente pasado de rosca Robert De Niro. El personaje de Dwight se prestaba a los excesos y el actor ha sido incapaz de contenerse un poco.

5/10
Hiedra venenosa

1992 | Poison Ivy

Muy perdida andaba por principios de los 90 la rubita Drew Barrymore (Nunca me han besado) como para hacer este subproducto 'teen', bastante desfasado y deprimente, bajo su aire de thriller inquietante y morboso. La historia se centra en la familia de Sylvie (Sara Gilbert), una alumna de bachillerato muy introvertida y que tiene problemas en casa. Su madre está enferma y su padre es un ejecutivo de la televisión que vive horas bajas. Sylvie se hará amiga de Ivy, una chica atractiva y misteriosa, que encandilará a la familia. Acompaña a las dos jovenzuelas el siempre eficaz Tom Skerritt (El río de la vida).

3/10
Critters 3

1991 | Critters 3

Cliford y sus dos hijos recogen un extraño animalito y se lo llevan a su casa de Los Angeles como mascota. Pronto descubrirán que es un Critter y que no tardará en reproducirse en otros seres peligrosos causando estragos allí por donde van. Tercera parte de Critters, que no aporta nada nuevo y más bien aburre. Quizá lo más llamativo de la película es la participación de Leonardo Dicaprio en su primer papel en el cine. 

2/10
La hora 11

2007 | The 11th Hour

Con el documental Una verdad incómoda, promovido y alardeado a los cuatro vientos por el ex vicepresidente de los Estados Unidos Al Gore, un éxito sin precedentes en el mundo del cine –para tratarse de un documento de denuncia ecológica, ciertamente discutible en varios aspectos–, hasta el punto de llevarse el Oscar al mejor documental en 2007, las creaciones artísticas sobre este aspecto ecológico de nuestro mundo han proliferado. En este caso estamos ante un estremecedor documento que pone de nuevo en la picota la situación de nuestro entorno, centrando ahora la cuestión en los desastres y calamidades naturales que se repiten en el planeta, y hasta qué punto podemos cambiar la situación. La gran novedad estriba en que está narrado por una estrella de Hollywood de la talla de Leonardo DiCaprio. Y no sólo narra sino que el mítico protagonista de Titanic se ha implicado de tal modo en el proyecto que ha participado activamente en el guión y en la producción.

6/10

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