Su rostro de guaperas con un punto pícaro queda enseguida en la memoria del espectador. Moritz Bleibtreu empezó a despuntar fuera de las fronteras de Alemania cuando dos títulos de ese país, Corre, Lola, Corre y Knockin'on Heaven's Door, despertaron el interés del público joven y cinéfilo. Ahora se mete en la piel de un terrorista en la impactante R.A.F. Facción del Ejército Rojo. Hablamos con él del film y su personaje.
En tu opinión, ¿quién fue Andreas Baader?
Independientemente de cómo se vea a Andreas Baader desde el punto de vista moral, no se puede negar que se ha convertido en una figura mítica. Y, como tal, sigue rondando el subconsciente colectivo de la sociedad alemana. La gente proyecta sus deseos, hostilidades y ansiedades en este personaje. Por eso todos, incluso los que lo conocían, tienen su propia idea de quién era Andreas Baader y todos defenderán esta idea porque están convencidos de que es la verdad.
Entonces, ¿pudiste interpretar a Andreas Baader?
Tenía que tener presente la totalidad de lo que había aprendido sobre Baader, pero a la vez debía olvidarme de todo ello para ser capaz de interpretar a Baader a mi manera. En mi opinión, le movía un ansia constante de atención. Hay escasas pruebas de que tuviera algún tipo de motivación intelectual en un principio. De acuerdo, en términos generales, sabía de qué iba todo el asunto políticamente, y era muy antiautoritario, pero su intelecto surgió más tarde, por necesidad. Únicamente cuando se dio cuenta de que no saldría tan fácilmente de la prisión de Stammheim, se desarrolló intelectualmente y se convirtió en el dirigente político que los simpatizantes de la R.A.F. querían que fuera.
Andreas Baader es responsable de la muerte de mucha gente. ¿No te preocupó que tu retrato de él pudiera resultar demasiado carismático o demasiado positivo?
Baader debió de ser un tipo increíblemente carismático y encantador. Utilizó su encanto e ingenio para poner a la gente de su lado. Sobre todo al principio, debió de tener cierto magnetismo de antihéroe que atrajo a la gente. Así es como está escrito en el guión, y así es como quise interpretarlo. Sin querer hacer ningún tipo de juicio moral, hay que mostrar su atractivo y los espectadores necesitan entender por qué tanta gente siguió a este hombre. No podría haber sido capaz de convencer a tanta gente si no hubiera tenido ningún carisma.
¿Cómo resultó la experiencia de trabajar con Uli Edel?
Trabajar con Uli Edel fue fenomenal. Uli es un director que te guía sin darte la sensación de que te están dando órdenes. Y eso es algo estupendo para un actor, sobre todo dado que Uli sabe exactamente lo que necesitas y cuándo lo necesitas, cuándo necesitas ánimo y cuándo debería dejarte en paz. Además, fue capaz de contarnos muchas cosas sobre esa época y el movimiento estudiantil de izquierdas, porque había estado allí, había formado parte de él. Logró crear una atmósfera en la que todos teníamos la sensación de estar representando algo que le resultaba sumamente personal.
